Puedes realizar la visita sobre un mapa o descargar el documento PDF

Reproducir guía

Carmona está considerado uno de los pueblos con mayor riqueza patrimonial y etnográfica de Cantabria. El paisaje que lo rodea, la extraordinaria conservación de su arquitectura tradicional y la permanencia de las labores tradicionales convierten sus calles en un auténtico museo vivo de la cultura montañesa.

La mejor manera de descubrirlo es ascendiendo desde Valle de Cabuérniga por la carretera CA-281 y detenerse, tras superar la Collá de Carmona, en el Mirador del Ribero. Desde allí se obtiene una de las panorámicas más bellas de la región, con el caserío agrupado junto al río Quivierda, rodeado de prados y montañas, y con la vista alcanzando los Picos de Europa. En ese lugar cobra sentido la conocida copla popular: “Y si subes la collada y te asomas al Ribero, desde allí verás Carmona, la flor de los albarqueros”.

Declarado Conjunto Histórico-Artístico, Carmona conserva intacta la esencia de la arquitectura montañesa de los siglos XVII y XVIII con algunas peculiaridades propias. Sus calles empedradas, casonas de piedra, balconadas de madera, solanas y escudos nobiliarios reflejan la prosperidad de una sociedad profundamente ligada a la ganadería y al aprovechamiento del monte. Destacan edificios como el Palacio de Mier, la Casona de la Vera o la Casa de Cossío.

Esa tradición sigue viva cada último sábado de septiembre con “La Pasá”, la espectacular bajada del ganado tudanco desde los altos puertos de Sejos, declarada Fiesta de Interés Turístico Regional. Y durante los largos inviernos, muchos vecinos complementaban las labores del campo fabricando albarcas y utensilios de garauja, trabajos artesanales en madera que aún hoy forman parte de la identidad cultural de Carmona y que le han valido el sobrenombre de “la flor de los albarqueros”.

A continuación se propone un itinerario para el núcleo de Carmona (ITINERARIO 1) y otro para el barrio de San Pedro (ITINERARIO 2) debido al amplio y diverso patrimonio arquitectónico presente en ambos.

 

ITINERARIO 1 – CARMONA

Palacio de Mier

El Palacio de Mier, también conocido como Palacio Rubín de Celis, fue reedificado en 1715 sobre una construcción anterior de la que apenas se conservan algunos restos reutilizados en edificaciones cercanas. Su arquitectura combina magistralmente elementos propios de las casonas montañesas de los siglos XVII y XVIII, como los balcones o el escudo, con influencias del barroco madrileño de época de los Austrias, algo poco habitual en Cantabria.

La fachada, construida íntegramente en piedra de sillería, muestra tres arcos de medio punto en la planta baja apoyados sobre dos pilares centrales que presentan tres aspas en relieve muy deterioradas. El piso superior cuenta con dos balcones sobre peana de piedra con barandillas de hierro forjado en el piso superior. Entre ellos sobresale un gran escudo nobiliario inscrito en un rectángulo bordeado por un cordón de sogueado y sostenido por dos figuras de guerreros. Representa en sus cuatro cuarteles las armas de Díez, Cossío, Calderón y Mier, acompañado por la inscripción “Adelante los de Mier por más valer”. En otra inscripción nos habla de la fecha de construcción y el propietario de entonces, don Francisco Díaz de Cossío, maestre de la Catedral de Burgos.

Destacan especialmente sus dos torres laterales que se elevan sobre el cuerpo central, que aportan al conjunto una apariencia señorial y elegante. Las torres repiten el mismo modelo del conjunto, pero se diferencian en la estructura de la fachada del piso bajo. A la izquierda destaca una ventana moldurada con orejones, y a la derecha una puerta adintelada, hoy parcialmente cegada, con una inscripción en el dintel: «REEDIFICOSE EN EL AÑO DE 1848». En los dos pisos superiores, se repiten los balcones y el remate superior del muro.

Los muros laterales siguen el mismo estilo de la fachada, con una moldura que marca la separación de los pisos, y varias ventanas con molduras de orejones.

El palacio refleja el poder económico y social alcanzado por algunas familias hidalgas de la montaña cántabra y constituye hoy uno de los principales símbolos patrimoniales de Carmona.

Casa blasonada de la Campa del Otero

Situada en la parte alta del núcleo de Carmona, en el paraje conocido como la Campa del Otero, se encuentra esta antigua vivienda de una sola planta con un pequeño cuarto superior, utilizada actualmente como cuadra para el ganado. El edificio conserva varios elementos tradicionales de la arquitectura local, entre ellos unos muros cortavientos de escasa altura, característicos de las casas con solana, aunque, como sucede en muchas construcciones de Carmona, en este caso dicha solana no existe.

El elemento más destacado se localiza en el lateral derecho, donde se conserva un tramo de muro de sillería en el que se abre una ventana con molduras tanto en el dintel como en el alféizar, de clara evocación renacentista. Junto a ella aparece un sencillo escudo heráldico de pequeño tamaño, timbrado con yelmo, en el que figura una cruz de Santiago y la inscripción “ARMAS DE LAMADRID”. En uno de los sillares de su fachada aparece la cruz patada (se ensancha hacia los extremos) inscrita en un círculo muy característica en Carmona.

Además del interés arquitectónico del edificio, el lugar destaca por las amplias vistas sobre Carmona y su entorno. Desde este punto puede apreciarse la disposición aterrazada de los terrenos, utilizados antiguamente para el cultivo del maíz. En dirección al pueblo se alza, como telón de fondo, la Sierra del Escudo de Cabuérniga, que domina el paisaje.

Casona de La Vera

Este edificio es una clásica casona barroca del siglo XVIII. Forma parte de una pequeña hilera de tres edificios que se escalonan en el terreno, repitiendo el mismo modelo que después veremos en la hilera inferior de la Calle del Sol. En su fachada, de sillería, destacan dos arcos de medio punto por los que se accedía al soportal, hoy dividido por un muro de mampostería. Los arcos se apoyan en un pilar central profusamente labrado y, lateralmente, en jambas con las impostas molduradas.

A cada lado del soportal hay un cuarto lateral con una ventana cerrada de reja volada que se remata con una cruz. El interior del soportal presenta la distribución clásica, pero con gran riqueza decorativa, como vemos en la puerta de entrada a la casa que presenta un dintel con grabados vegetales, flores hexapétalas inscritas en un círculo y flores de lis. Asimismo, la puerta que da paso al cuarto lateral de la izquierda -posible cuarto del peregrino-, cuenta con todo el marco con molduras rehundidas y retranqueadas formando orejones y un arco de cortina en la parte central con una pequeña ménsula.

Sabías que… En muchas casas antiguas situadas cerca de caminos históricos o rutas de paso existía la costumbre de dar alojamiento a viajeros pobres o peregrinos. Para ello se reservaba una habitación sencilla, el cuarto del peregrino, que se encontraba normalmente en la planta baja, separada del espacio familiar, para no mezclar al huésped con la vida privada de la casa y con acceso relativamente independiente desde el portal, corral o patio.

La solana consta de seis tramos, y está dividida a la mitad por un muro encalado, consecuencia de la división de la casona en dos viviendas. Al lado de este muro, a la izquierda, aparece una pequeña hornacina abocinada, hoy vacía, rodeada por grabados que representan motivos vegetales parecidos a los que caracterizan los pilares del soportal. A la solana se accede por medio de dos puertas centrales y una ventana a cada lado, la derecha enmarcada por una serie de florones. El muro finaliza con una cornisa moldurada y retranqueada, de mayor desarrollo que la que la del piso bajo, que sirve para sustentar las vigas del alero.

Pero si la piedra se labra detalladamente, no ocurre así con la madera, ya que la talla de la solana es sencilla, destacando un motivo de castañuelas que aparece en las impostas superior e inferior de la balaustrada, y en el alero, dos filas de canecillos entre los que se conserva una banda con talla de sogueado y denticulados.

En su muro izquierdo, destaca una pequeña ventana que cuenta en el alféizar con tres diminutas caras humanas.

La casona de La Vera forma parte de una pequeña hilera que finaliza en una casa con solana con arco de medio punto, a la derecha del piso bajo, dando paso al soportal. La fachada es de mampostería, con sillares en el frente de los machones, los esquinales y los cercos de los vanos. La solana consta de tres tramos y no conserva restos de talla. A ella se accede por medio de una puerta central y dos ventanas, una a cada lado, con vanos grandes y ausencia de decoración, al igual que ocurre con la solana, características típicas de construcciones más avanzadas en el tiempo, de finales ya del setecientos. En el muro lateral derecho aparece una ventana geminada con una moldurada sogueada.

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción

La Iglesia de la Asunción fue construida en el último tercio del siglo XVIII, siguiendo la voluntad testamentaria del indiano don Pablo Fernández de Calderón, fallecido en 1761. El templo presenta planta de cruz latina, aunque esta queda parcialmente oculta por varias construcciones adosadas, como la sacristía y el pórtico.

La fachada principal, situada a los pies de la nave central, está realizada íntegramente en sillería, en contraste con el resto del edificio, construido principalmente en mampostería, salvo en vanos y esquineros. De gran altura y marcada sobriedad, la portada responde al estilo neoclásico y ocupa únicamente el cuerpo inferior de la fachada. La entrada se abre mediante un arco de medio punto apoyado sobre impostas molduradas y enmarcado por pilastras decoradas con casetones rehundidos. Sobre el entablamento se levanta un frontón triangular partido con un vano central rematado por cruz y bolas herrerianas. La portada queda protegida por dos contrafuertes que actúan como muros cortavientos.

En uno de los laterales se encuentra una segunda portada, más sencilla, formada también por un arco de medio punto de grandes dovelas y rosca rehundida. Esta entrada se cobija bajo un amplio pórtico de tres arcos, sobre el que se sitúa la vivienda rectoral.

En el interior, la nave principal y las capillas laterales se cubren con bóvedas de crucería estrellada, mientras que el crucero presenta terceletes y combados. El templo conserva retablos originales del siglo XVIII y destaca especialmente un singular grupo escultórico del Árbol de la Vida, además de las rejerías que cierran las naves laterales.

Casona de los Indianos

Esta casona se sitúa en una pequeña hilera de viviendas junto a la cabecera de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y constituye un buen ejemplo de la arquitectura tradicional carmoniega del siglo XVII. Presenta planta rectangular, tejado a dos aguas y dos alturas, además del buhardillón añadido posteriormente en la zona del desván.

La fachada, construida en sillería y flanqueada por fuertes muros laterales salientes a modo de cortavientos, muestra una moldura que separa visualmente ambos pisos. En la planta baja se abren dos arcos de medio punto apoyados sobre impostas corridas y un sencillo pilar central decorado únicamente con molduras de bocel. A ambos lados de la arcada aparecen pequeñas ventanas aspilleras abocinadas. El soportal conserva el enlosado original de piedra y la puerta de acceso al interior, cuyo dintel presenta una cruz latina de calvario sobre una plataforma ajedrezada, acompañada de la inscripción: “ESTA OBRA MANDO HACER FRANCISCO DÍAZ DE COSSÍO MIER. AÑO DE 1671”.

La planta superior carece de la tradicional solana y, en su lugar, dispone de un balcón corrido de madera situado en la parte central de la fachada, acompañado por una única ventana moldurada. La fachada se remata con una cornisa moldurada y un alero interrumpido para abrir el buhardillón, reforma habitual entre finales del siglo XVIII y comienzos del XIX y muy representativo de los modelos constructivos de Carmona.

En su muro derecho se repiten las molduras de la fachada y destacan dos ventanas similares a la principal, situadas en la zona noble de la vivienda.

Casa llana de la calle de San Roque

En Carmona hay numerosos ejemplos de aquellas antiguas casas llanas. Algunas han desaparecido o han sido muy transformadas, pero otras mantienen todavía su aspecto original. En la calle San Roque, llamada así porque antiguamente existió allí una ermita dedicada al santo, se encuentra esta representativa casa llana del siglo XVI.

Aunque el edificio se conserva en un estado bastante deteriorado, todavía mantiene algunos de sus elementos originales más destacados, como el soportal y la fachada de sillería. En ella sobresale un gran arco de medio punto construido con grandes dovelas de piedra, que debió de formar parte de la entrada original de la vivienda. Todos ellos conforman los rasgos propios de este tipo de construcción.

Estas viviendas, que también les llaman renacentistas, representan el modelo de casa tradicional que existía en Carmona hasta el siglo XVI. Con el paso del tiempo, la llegada del maíz, transformó profundamente la vida y la arquitectura de la zona. Este cultivo americano se adaptó muy bien al terreno y permitió no solo el abastecimiento familiar, sino también el comercio.

A partir de entonces, las antiguas casas llanas se vieron obligadas a evolucionar. Primero apareció la pajareta, con un pequeño altillo utilizado como granero, y más tarde las casas con solana o balcón, donde se colgaban a secar las mazorcas de maíz, conocidas aquí como panojas. 

Este es un ejemplo de ese periodo intermedio de la evolución ya que una reforma alteró parcialmente el arco original y añadió una sencilla estructura de madera, sostenida por un poste vertical y cerrada con tablones -al estilo de las mencionadas “pajaretas”-, que todavía puede verse en la parte superior de la fachada.

Casa de la Corralá

Esta casa se encuentra dentro de una corralada que todavía conserva varias de sus antiguas dependencias y que da nombre al conjunto. El acceso se realiza a través de una sencilla portalada adintelada, rematada con una cruz y pequeños pináculos decorativos.

La vivienda responde al modelo tradicional de casa montañesa, con soportal y solana, aunque fue construida ya a finales del siglo XVIII, algo que se aprecia en algunos detalles más modernos para la época. A diferencia de otras casonas anteriores, aquí desaparecen los grandes arcos y la abundante decoración barroca, sustituidos por vanos rectos y amplios, además de una galería acristalada situada en uno de los laterales.

En la planta baja destaca la puerta principal, acompañada por dos ventanas y realizada en sillería, mientras que el resto de los muros dejan ver la mampostería. La solana, dividida en tres tramos, conserva todavía la talla original de la madera, aunque con una decoración mucho más sencilla y sobria que la de las casonas barrocas del siglo XVIII. El alero, muy desarrollado, adquiere gran protagonismo gracias al tejado de cuatro vertientes.

En el lateral derecho sobresalen una ventana moldurada de piedra y la galería acristalada, apoyada parcialmente sobre un sólido muro cortavientos de sillería.

Cabe destacar el dintel de una ventana de antepecho localizada en la parte trasera que cuenta con grabados litúrgico-religiosos; en el centro se encuentra una cartela que cuenta con cáliz, hostia, cruz latina, jarras, y llaves de San Pedro, a los lados una inscripción y en cada extremo superior una cruz resarcelada inscrita en un cuadrado.

Casona de Cossío

Esta casona se encuentra en el barrio del Robleu o Robreu, al que habremos llegado cruzando un pequeño puente sobre el arroyo Perujo. Se trata de una vivienda representativa de las casonas construidas en Carmona durante el siglo XVII. Tiene planta rectangular, dos alturas y una fachada de piedra de sillería. Aunque conserva los característicos muros cortavientos, llama la atención la ausencia de la tradicional solana.

En la planta baja destacan dos puertas adinteladas de distinto tamaño. La más pequeña servía de acceso a la vivienda, mientras que la mayor daba entrada a la cuadra. Una sencilla moldura horizontal separa este nivel de la planta superior, donde se concentran los elementos más interesantes de la casa.

En el centro de la fachada puede verse un escudo heráldico perteneciente a las familias Cossío, Celis y Terán. A su izquierda se abre una puerta que antiguamente debió de comunicar con un balcón volado, del que todavía se conservan los huecos donde apoyaban las vigas de madera. Hoy se utiliza como acceso al pajar para introducir la hierba. A la derecha del escudo aparecen dos pequeñas ventanas decoradas con molduras y detalles tallados en piedra. La fachada se remata con una sencilla cornisa y un alero poco pronunciado. 

En el lateral derecho aún se conservan restos de antiguas ventanas aspilleras y varios vanos moldurados similares a los de la fachada principal. Allí puede verse también otro escudo heráldico, decorado con una pequeña cabeza de ángel y vinculado a los linajes Díaz, Terán y Cossío.

Casa del barrio de la Carpeza

La Carpeza es uno de los lugares con mejores vistas de Carmona. Desde su pequeña plaza se contempla el horizonte de la Sierra del Escudo, que cierra el paisaje al fondo y da carácter al entorno, pero también conserva todavía algunos de los rincones más antiguos y tradicionales de Carmona. El entorno de vistas y espacio urbano ganan aún más en primavera y verano al florecer las numerosas balconadas.

Es un espacio de casa bajas donde resalta una hilera de casas con solana, fachada estrecha y el típico buhardillón rompiendo el tejado. Al final de esa hilera se encuentra un edificio que destaca por mantener restos de construcciones mucho más antiguas.

Esa vivienda conserva en su parte baja muros de piedra de sillería que probablemente pertenecieron a una antigua casa llana del siglo XVI. Lo más llamativo es su antigua puerta de entrada, situada al fondo de un estrecho soportal. Se trata de un arco de medio punto con la parte interior rebajada, un tipo muy poco común en la arquitectura popular de la zona y más habitual en edificios religiosos. En su muro derecho quedan restos de una ruinosa construcción en la que aún se mantienen una ventana ajimezada con los arcos apuntados propios del gótico.

En la parte más baja de la calle se encuentra también la escultura dedicada a la vaca tudanca, un homenaje a una de las señas de identidad ganaderas y culturales más representativas de la comarca, y especialmente, de Carmona, ya que aquí se celebra «La Pasá». Es una Fiesta de Interés Turístico Regional que consiste en el descenso y “desfile” por el pueblo de las vacas tudancas desde los puertos altos a los invernales tras el final del verano.

Casas llanas del barrio La Pesa

El barrio La Pesa, hoy dividido en dos por la nueva carretera de la Collada construida en 1896, se caracteriza por estar formado por casas campesinas, a diferencia de la zona central del pueblo donde se encuentran las grandes casonas construidas durante los siglos XVII y XVIII. Como ocurre en los Barrios del Perujo o La Carpeza, la mayor parte son casas de pequeñas dimensiones, llanas, o con solanas de poca altura, construidas con aparejo de mampostería, y agrupadas en pequeñas hileras en sentido longitudinal, todas con un carácter más humilde.

Entre ellas destacan las que aún conservan el arco de medio punto de casa llana renacentista, propias del siglo XVI. Este detalle de la primitiva edificación resulta casi imperceptible en la mayoría de los casos, pues están reformados o situados al fondo de estrechos soportales, debido a la construcción de ampliación posterior.

Una de las pocas construcciones que mantiene su aspecto original la encontraremos al cruzar el puente, en una casa exenta, cerca del río, que conserva el arco de medio punto de la puerta de entrada casi oculto en el fondo del estrecho soportal.

Casona de La Nozalea

La Casona de La Nozalea se encuentra en el barrio del mismo nombre, cuyo topónimo recuerda una antigua nogaleda que, según la tradición local, desapareció arrastrada por una gran crecida del río. Se trata de una de las edificaciones históricas más interesantes de Carmona y un buen ejemplo de la arquitectura señorial anterior a las grandes casonas barrocas que se construirían posteriormente en el pueblo.

Levantada en el año 1653, la casa destaca por su sobria elegancia y por el uso de piedra labrada en toda su fachada. Su estructura presenta dos plantas y unos muros laterales que sobresalen ligeramente, protegiendo la vivienda del viento. En la planta baja se abren la puerta principal y una ventana, ambas con sencillos detalles decorativos tallados en piedra. En el piso superior, donde no existe la habitual solana montañesa, se conservan dos pequeñas ventanas con elementos ornamentales inspirados en la tradición renacentista. Entre ellas destaca un escudo nobiliario que reúne las armas de los linajes Celis, Cossío, Terán y Mier, testimonio de la importancia de las familias que habitaron la casa. Sobre él puede leerse la fecha de construcción. 

Casona de los Mier, Cossío, Calderón y Terán

La Casona de Cossío y Mier, situada al final de la Calle de la Joya, es una de las construcciones señoriales más importantes y mejor conservadas de Carmona. Levantada en 1670, destaca por sus grandes dimensiones y por ser un magnífico ejemplo de la arquitectura civil montañesa de la época. El edificio presenta planta rectangular, dos alturas y cubierta a dos aguas, en la que se abren dos buhardillas. Su fachada, construida íntegramente en piedra de sillería, refleja la sobriedad y elegancia características de las casonas carmoniegas de este periodo. A diferencia de las edificaciones posteriores, no dispone de la tradicional solana corrida, sino que cuenta con dos balcones volados de madera en la planta superior.

La planta baja está presidida por un amplio soportal formado originalmente por cuatro arcos de medio punto apoyados sobre pilares de piedra. El arco más a la izquierda, fue cegado poco después de su construcción utilizando el mismo tipo de sillería, lo que apenas altera la armonía del conjunto. A ambos lados del soportal se sitúan dos estancias laterales, identificables por sus ventanas protegidas con rejas de diferentes características. En el interior del soportal se conservan dos grandes puertas adinteladas que daban acceso a las distintas dependencias de la casa. La situada a la izquierda presenta una rica decoración grabada en piedra, con una cruz flordelisada, diversos motivos religiosos y una inscripción con los apellidos «Cossío y Mier». La puerta de la derecha muestra la inscripción «Jesús, María y José» y la fecha de construcción de la vivienda: 1670.

En la planta superior se disponen dos balcones de madera independientes, probablemente abiertos en una reforma posterior para dar servicio a dos viviendas diferenciadas dentro de la misma casona. Entre ambos balcones destaca un gran escudo nobiliario, coronado por un yelmo y sostenido por dos leones, que reúne las armas de los linajes Cossío, Mier, Terán y Calderón. Bajo él aparece una de las inscripciones heráldicas más curiosas de la arquitectura popular cántabra, donde cada familia ensalza su linaje mediante expresiones como: «Adelante el de Mier por más valer», «Por la fe Calderón, el morir es blasón», «Las de Terán a muy pocos las dan» o «Las flores de lis soy hermano de Celis». La última inscripción concluye con una reflexión especialmente llamativa para la época: «Mis obras y no mis abuelos me han de llevar a los cielos».

Otro elemento singular es la presencia de un segundo escudo, muy deteriorado, situado en uno de los machones de la fachada. En él todavía pueden apreciarse restos de policromía, al igual que en la cornisa superior, donde se conservan algunos motivos decorativos pintados en tonos rojizos. Estos vestigios permiten imaginar el aspecto original de la casona, cuando parte de su decoración estaba realzada con color, algo que la relaciona con otras construcciones históricas de la misma calle.

  Hilera de casonas de la Joya 

La Calle de la Joya, también conocida como Calle de la Hoya, está formada por una alineación continua de viviendas unidas por sus muros medianeros, levantadas principalmente entre los siglos XVII y XVIII, probablemente antes de la construcción de las grandes casonas barrocas que caracterizan otras zonas del pueblo. Aunque existe una notable variedad de detalles constructivos, comparten rasgos comunes de la arquitectura tradicional carmoniega: fachadas de piedra, soportales con arcos en la planta baja, ausencia de la típica solana entre cortavientos y una estructura de planta rectangular, dos alturas y cubierta a dos aguas.

La casa que cierra la hilera es la Casona de los Mier, Cossío, Calderón y Terán, pero la que antecede ha sufrido importantes transformaciones que han alterado notablemente su aspecto original. La fachada conserva la sillería original y una moldura horizontal que separa las dos plantas. En la planta baja se abren dos arcos de medio punto ligeramente rebajados, apoyados sobre un pilar cuadrado de gran sencillez decorativa. El arco izquierdo fue parcialmente cegado cuando la vivienda se dividió en varias propiedades.

Uno de los aspectos más llamativos de esta casa es la profundidad de su soportal. Su amplitud obligó a reforzar la estructura superior mediante un gran poste de madera, posiblemente cuando la antigua casa llana fue ampliada con una segunda planta. Al fondo todavía pueden distinguirse las primitivas puertas de acceso de aquella construcción original.

En la planta superior no existía la solana actual, sino pequeñas ventanas decoradas con molduras rehundidas y entre ellas unos interesantes rosetones policromados en la parte superior. También se conserva una elegante cornisa moldurada que recorre toda la fachada y que originalmente formaba parte de un elaborado conjunto decorativo. Según la tradición local, este friso estuvo adornado con pinturas y medallones que representaban escenas y motivos variados, como vacas, barcos o figuras de indianos, posiblemente relacionados con algún propietario que había emigrado a América y regresado posteriormente al pueblo.

Junto a ella, en un tramo superior de la calle, se encuentra una casa de notable desarrollo longitudinal, aunque de escasa altura. Su fachada, construida en mampostería sin encalar, conserva parte del antiguo revoco en el piso superior. En la planta baja destacan dos arcos de medio punto, de factura sencilla, situados en los extremos de la fachada. La solana se extiende a lo largo de lo que serían seis tramos, aunque actualmente aparece dividida en tres sectores que corresponden a viviendas independientes. 

En el extremo más alto de la calle, la hilera muestra una vivienda que conserva una solana de madera y una fachada construida en sillarejo. A pesar de haber sido encalada, todavía puede apreciarse el entramado original de madera que cerraba la solana. En la planta baja se abre una gran puerta adintelada de dos hojas que daba acceso tanto a la vivienda como a la cuadra. La solana actual es una reconstrucción más reciente, sencilla y sin especial valor artístico.

  Casonas de la calle del Sol

La calle del Sol está formada por varias hileras de casonas y viviendas tradicionales con solana que se adaptan al desnivel del terreno, creando una disposición escalonada que constituye una de las imágenes más características de Carmona. Cuando vimos la Casona de La Vera en el inicio del recorrido pudimos ver la parte superior de la calle.

Pero ahora nos fijaremos en esta hilera formada por dos casonas unidas por el muro medianero. La situada a la izquierda presenta una fachada íntegramente construida en piedra de sillería. En la planta baja se abren dos arcos de medio punto que forman el soportal, flanqueados por dos cuartos laterales iluminados mediante pequeños huecos protegidos por rejas embutidas. El pilar central que sostiene los arcos conserva una sencilla decoración compuesta por dos casetones rehundidos con rosetones tallados, hoy muy deteriorados por el paso del tiempo.

Especial interés tiene su solana, compuesta por cinco tramos y ricamente decorada. En ella pueden apreciarse tallas de sogueado invertido en la parte inferior de la balaustrada y motivos de taqueado en el apoyabrazos. Llaman especialmente la atención las cabezas de los mensulones que sostienen el corredor, adornadas con marcadas espirales y volutas vegetales que son conocidos como pitones cabuérnigos, uno de los elementos decorativos más característicos de la carpintería tradicional del valle.

En la planta superior se abren dos puertas centrales y dos ventanas laterales que presentan molduras de piedra en forma de orejones. La fachada se remata con una cornisa moldurada que da paso al alero, donde todavía se conservan restos de talla denticulada.

La casona situada a la derecha responde a un esquema similar, aunque con una decoración más sobria. Su fachada también es de sillería y originalmente contaba con dos arcos de medio punto en la planta baja, hoy cegados para abrir puertas y ventanas. A ambos lados se sitúan sendos cuartos laterales, destacando la ventana del lado derecho, protegida por una singular reja volada rematada por una cruz. El pilar central repite la decoración de casetones rehundidos, mientras que la solana, de cuatro tramos, ha sido reformada con el paso del tiempo. En su muro derecho sobresale un balcón volado apoyado sobre una peana de piedra, que aún conserva su elegante balaustrada de forja.

En la misma plaza podemos encontrar el Monumento a la Albarca, que rinde homenaje a una de las tradiciones artesanales más representativas del pueblo. La escultura, formada por una gran albarca de piedra y un relieve que muestra a un artesano trabajando la madera, recuerda la importancia que tuvo durante siglos la fabricación de este calzado tradicional en la economía y la identidad local. En el pedestal figura la inscripción “Recuerdo a Amado. 17-8-2007”, una dedicatoria que añade al conjunto un carácter conmemorativo y de reconocimiento personal. 

Molino de Carmona

Carmona contó con numerosos molinos en su entorno. El rio Quivierda y los numerosos arroyos y fuentes supuso el funcionamiento de hasta 11 molinos que, si se iniciaron como maquinaria transformadora del maíz en su origen en el siglo XVII y XVIII, han llegado en algunos casos a ser puestos en funcionamiento en pleno siglo XX como generadores de luz eléctrica.

Este molino de Carmona en concreto solo tuvo uso de molienda, y es el único molino que aún se conserva dentro del pueblo. Aunque el molino ha sido completamente rehabilitado, todavía puede identificarse el lugar por donde salía el agua, justo bajo la fachada añadida posteriormente. Según recuerdan los descendientes de sus antiguos propietarios, el agua llegaba desde el arroyo a través de un tronco de árbol vaciado que actuaba como conducto y que pasaba bajo el puente viejo. Desde allí era conducida hasta un depósito de cierta altura donde se almacenaba, permitiendo disponer de agua suficiente para hacer funcionar el molino incluso en épocas de menor caudal.

Una vez acumulada, el agua se dirigía hacia una pequeña balsa situada junto al edificio de molienda, desde donde se aprovechaba la fuerza de la corriente para mover el mecanismo que trituraba el grano. Cuando el caudal era demasiado abundante, el exceso de agua se desviaba directamente al río mediante una salida lateral. Hoy se desconocen muchos detalles sobre el funcionamiento interno del molino, ya que ni siquiera los descendientes de la familia recuerdan con exactitud cómo era su maquinaria. No obstante, por las dimensiones del edificio y la cantidad de agua disponible, se cree que contaba con un único sistema de molienda, suficiente para atender las necesidades de los vecinos más cercanos.

Además de este molino, dentro del núcleo existía otro en la margen derecha del Quiverda, que ya nadie recuerda funcionando. Sí que nos queda información del molino del Cordel, en la ribera del arroyo Perujo en una finca algo retirada del pueblo. Este molino se restauró en 1927 sobre uno mucho más antiguo y funcionó hasta 1975 como generador eléctrico. Pero su limitada capacidad y el estiaje importante de los veranos fue reduciendo su servicio hasta cerrar.

Y en otra zona cercana al pueblo que se la conoce como Fuente del Ribero de la Pisa (posiblemente por la existencia de un antiguo batán) pueden encontrarse los restos de cuatro molinos más que compartían el mismo canal sin ningún tipo de obra hidráulica, sin balsas ni canales, o sea aprovechando la pendiente y el caudal natural.

Ruta Monte Carmona (Ermita de Ntra. Sra. de las Lindes)

Una buena opción, antes o después de contemplar el conjunto arquitectónico de Carmona, es realizar la ruta Monte Carmona, atravesando el Barrio de San Pedro hasta hallar una pista en la parte superior. Es una ruta circular que asciende hasta el paraje de la ermita de Nuestra Señora de las Lindes, de dificultad media, 8,34 km y unas dos horas y media de duración, cuenta con espectaculares vistas. 

  • Ritual de la Berrea. A finales de septiembre, en los montes de la zona tiene lugar uno de sus mayores espectáculos naturales. Para disfrutarlo plenamente y recorrer el entorno con seguridad, especialmente si no se conoce la zona, resulta aconsejable participar en las visitas guiadas organizadas por el Parque Natural Saja-Besaya a través de Naturea

 

BARRIO DE SAN PEDRO (CARMONA)

Puedes realizar la visita sobre un mapa o descargar el documento PDF

 

El barrio de San Pedro constituye uno de los rincones más auténticos y evocadores de Carmona. Situado en la parte más antigua del pueblo, conserva el marcado carácter rural y agrario que durante siglos definió la vida de sus habitantes. Sus estrechas callejas, adaptadas al desnivel del terreno y al curso de agua que las atraviesa y divide, discurren entre hileras de casas populares construidas en piedra y madera, reflejo de una economía tradicional basada en la ganadería, la agricultura de subsistencia y el aprovechamiento de los recursos del entorno. Sin apenas construcciones resaltables, son viviendas levantadas principalmente entre los siglos XVI y XVII, un patrimonio modesto, aunque excepcional, que se integra de forma armoniosa en el paisaje y conserva esa escala humana propia de los núcleos rurales históricos.

 

ITINERARIO 2 – BARRIO DE SAN PEDRO

Las Escasonas

Esta hilera de viviendas se compone de varias casas de carácter rural, construidas con planta rectangular, tejados a dos aguas y sólidos muros de mampostería vista, en los que se abren pequeñas ventanas adaptadas a las necesidades de la vida cotidiana.

Las viviendas se encuentran unidas por muros medianeros y forman una estrecha calle longitudinal que se adapta al desnivel natural del terreno mediante una disposición escalonada. Algunas conservan solanas de reducidas dimensiones, un rasgo que sugiere que originalmente pudieron ser casas de una sola planta, levantadas en su mayor parte entre los siglos XVI y XVII. 

Entre todas ellas destaca una vivienda situada en el centro de la hilera. Presenta un amplio y profundo soportal generado por el avance de los muros laterales, en cuyo interior se conserva una escalera de patín que da acceso a la planta superior. Esta cuenta con una sencilla solana, próxima a una pajareta, construida de forma modesta y sostenida por un pie derecho de madera. En el soportal aún pueden apreciarse elementos originales de gran interés, como parte de la fachada de sillería, una pequeña puerta adintelada con jambas molduradas y un atractivo rosetón grabado en uno de los sillares, testigos de la antigüedad y singularidad de la construcción.

Al final de la hilera se conserva una vivienda que muestra con claridad las características de una casa llana renacentista. Sobresale especialmente su fachada de sillería, donde se abre un amplio arco de medio punto que da acceso a la entrada principal mediante tres escalones de piedra. El soportal se encuentra parcialmente cerrado por una estancia lateral situada a la derecha, cuyo cerramiento está realizado con tablazón de madera. Este recurso constructivo, frecuente en muchas viviendas del barrio de San Pedro, constituye un rasgo tradicional que pone de manifiesto la antigüedad y la evolución histórica de estas edificaciones.

Casa con arco

Esta vivienda se encuentra en el barrio de La Cotera, integrada en una hilera de casas tradicionales con solana, algunas de las cuales presentan un avanzado estado de deterioro. Destaca dentro del conjunto por ser la única que conserva un soportal con un amplio arco de medio punto, de gran altura y profundidad, que le aporta una imagen singular respecto a las construcciones vecinas.

Junto al soportal, en el lado derecho, se sitúa una pequeña estancia lateral o «cuarto del peregrino» con una ventana protegida por una reja empotrada. La planta superior también llama la atención por sus generosas dimensiones y por contar con una solana de dos tramos. Aunque esta ha sido reformada y ha perdido gran parte de sus características originales, todavía se conservan algunos elementos antiguos en el alero, donde pueden apreciarse tallas decorativas con el tradicional motivo de huso y cuenta.

Antigua casa gótica

Esta pequeña hilera de viviendas tradicionales con solana se encuentra en la zona conocida como Llende, muy cerca de la iglesia de San Pedro. Entre las construcciones destaca la presencia de una antigua casa gótica, en la que se encontraban restos de una pequeña ventana geminada con los arcos apuntados, una moldura ligeramente rehundida y una cruz patada tallada dentro de un círculo situada entre ambos huecos. La vivienda ha sido reformada y actualmente cuenta con un arco de medio punto en el interior de la edificación anexa. 

Iglesia de San Pedro

La iglesia de San Pedro, construida en el siglo XVII, es el templo parroquial de Carmona y uno de los edificios más importantes de la localidad. Presenta una planta rectangular de una sola nave, aunque en su interior está dividida en tres tramos, siendo el último el que desempeña la función de ábside.

La entrada principal se abre en el muro sur y está protegida por un soportal cerrado hasta media altura y sostenido por pilares de madera. Esta portada perteneció a una iglesia gótica anterior sobre la que se levantó el edificio actual. Se trata de un arco apuntado de grandes dovelas, apoyado sobre cimacios y enmarcado por una moldura rehundida que actúa como guardapolvos.

También se conservan otros vestigios de ese templo más antiguo en la cabecera exterior, donde pueden verse varios canecillos, algunos lisos y otros decorados, entre ellos uno con una representación de rostro humano. La existencia de esta iglesia primitiva está documentada desde antiguo, ya que en un inventario realizado en 1432 tras la muerte de doña Leonor de la Vega, fundadora de la Casa de la Vega, se mencionan los derechos que poseía sobre la iglesia de San Pedro de Carmona.

En el exterior destacan los robustos contrafuertes de piedra labrada, que en el interior se corresponden con una sucesión de cubiertas abovedadas separadas por arcos perpiaños de rosca rehundida. Esta disposición genera una sensación de amplitud, reforzada por la uniformidad de altura de los distintos tramos de la nave.

La zona del ábside se cubre con una bóveda estrellada de terceletes, mientras que los otros dos tramos presentan bóvedas decoradas con terceletes y combados. Entre los elementos artísticos del templo sobresalía un retablo rococó de mediados del siglo XVIII, actualmente arruinado y situado en el sotocoro. En su calle central albergaba un relieve policromado dedicado a las Ánimas del Purgatorio. Gran parte de la imaginería desapareció o resultó dañada durante la Guerra Civil. En la actualidad se conservan dos antiguas tallas de madera policromada, de procedencia desconocida, que representan a San Justo y San Pastor.

Otro elemento de interés es la benditera gallonada situada junto a la puerta de entrada, que posiblemente proceda también de la antigua iglesia sobre la que se edificó el templo actual.

Casa Rectoral

La Casa Rectoral se encuentra en el barrio del Escajal, formando parte de una pequeña hilera de viviendas tradicionales con solana que, según se cree, pudieron ser originalmente dos casas unidas por muros medianeros.

Lo más destacado es el dintel de piedra situado bajo la solana, en la puerta principal. En él aparecen grabados diversos símbolos religiosos, entre los que destacan una cruz flordelisada en el centro, dos gallos enfrentados en la parte superior y dos pequeños escudos en la inferior. Uno de ellos muestra las llaves cruzadas de San Pedro y el otro las armas de la familia Calderón. Junto a estos motivos pueden verse una custodia con el anagrama JHS, un cáliz y unas vinajeras, todo ello rodeado por una decoración de sogueado y motivos vegetales. Sobre el conjunto figura una inscripción que indica: «Esta obra la hizo don Pablo Gómez de Cossío, año de 1781».

La casa también sobresale por la calidad de su construcción. Las esquinas y los marcos de puertas y ventanas están realizados con piedra labrada, que contrasta con la mampostería vista del resto de los muros. La solana, dividida en cuatro tramos, conserva todavía algunos elementos originales, como las zapatas, las cabezas de las vigas que sostienen el suelo y restos de la decoración tallada en forma de sogueado.

Don Pablo Gómez de Cossío, responsable de la construcción, fue clérigo y primer capellán de la Iglesia de la Asunción de Carmona. Además, pertenecía a una familia estrechamente ligada a la historia religiosa de la localidad. Era sobrino de Pedro de Cossío y Celis, escritor, sacerdote y ermitaño que promovió la construcción de la ermita de Las Lindes, y también de Pablo Fernández de Calderón, impulsor de importantes obras religiosas en Carmona, como la Iglesia de la Asunción, la reconstrucción de la ermita de Las Lindes y la construcción de la ermita de Guadalupe.

Plaza de Gualupe

La plaza de Gualupe es una pequeña plazoleta situada en el centro de Carmona. Su nombre procede de una antigua ermita dedicada a Nuestra Señora de Guadalupe, construida a finales del siglo XVIII y desaparecida en la actualidad. De aquel edificio solo se conservan algunos vestigios, entre ellos los restos de un arco integrados en la pared de una vivienda. Además, el jardín de esta casa mantiene todavía, en gran medida, la forma rectangular que tuvo la planta de la antigua ermita.

Según se conoce por la documentación histórica, la ermita contaba con una única nave abovedada y de considerable altura. Estaba comunicada con la vivienda contigua mediante una ventana con antepecho que permitía a sus propietarios asistir a los oficios religiosos sin necesidad de salir de casa.

La construcción fue llevada a cabo por el presbítero y licenciado Fernando Gómez de Cossío por encargo de su tío, Pablo Fernández Calderón, quien había fallecido en 1761. Como ya hemos mencionado anteriormente, este importante benefactor local también promovió la construcción de la iglesia de Carmona y la reconstrucción de la ermita de Las Lindes. En su testamento dejó instrucciones muy precisas sobre cómo debía edificarse la nueva ermita: debía seguir el modelo de la ermita de la Casa de Terán, situarse junto a una vivienda familiar, tener la portada orientada hacia la plaza, el altar mirando al este, una comunicación mediante tribuna con una habitación de la casa y una espadaña sobre la entrada principal.

La portada de la ermita se orientaba hacia un grupo de viviendas que aún hoy se conocen como las Casas de la Torre. Este nombre podría estar relacionado con la existencia de alguna fortificación medieval en el barrio de San Pedro. Estas viviendas forman una pequeña hilera de casas de escasa altura que conservan el carácter rural y tradicional que define a esta parte histórica de Carmona.

Hilera en la Cañá

Esta hilera de viviendas se localiza en la zona conocida como La Cañá y se dispone de forma escalonada para adaptarse al desnivel natural del terreno. Se trata de construcciones de carácter rural y modestas dimensiones, levantadas principalmente con muros de mampostería y representativas de la arquitectura tradicional del barrio de San Pedro.

A lo largo de la estrecha calle que forma La Cañá pueden observarse elementos que reflejan la antigüedad y el carácter popular de las casas del barrio. Entre ellos destacan varias casas llanas de escasa altura, algunas con puertas rematadas por dinteles de formas poco comunes. Uno de estos dinteles presenta una roseta de seis pétalos grabada en la piedra. También se conservan pequeñas estructuras destinadas al almacenamiento, similares a pajaretas, cuyos cerramientos están realizados mediante sencillas tablazones de madera, una solución constructiva tradicional muy característica de la zona.

En el extremo de la hilera destaca una casa con solana que conserva interesantes elementos decorativos originales, como restos de talla en la cadeneta de sogueado y en el taqueado de la balaustrada. También resulta llamativo el dintel de su puerta de entrada, donde aparece una inscripción junto a la representación de una custodia. El texto grabado dice: “Sapientia Aedificat Ibi Doxum”, un detalle poco habitual que aporta singularidad a la vivienda.

Ermita de San Antonio Abad

La ermita se encuentra a la salida del pueblo, junto al antiguo camino que conduce a Carmona. Se trata de una construcción sencilla del siglo XVII, formada por una única nave cubierta con una estructura de madera. Esta cubierta se prolonga hacia la fachada principal y se apoya sobre unos muros laterales salientes, creando un pequeño pórtico abierto que tradicionalmente servía como refugio o lugar de reunión.

La parte frontal está cerrada hasta media altura por un muro de mampostería, similar al utilizado en el resto del edificio, mientras que la zona superior se completa con tornos de madera. En su interior se conserva una imagen moderna de San Antonio, sin especial relevancia histórica o artística.

El elemento más interesante de la ermita es su espadaña, situada en uno de los laterales. Se considera anterior al edificio actual y podría pertenecer a una construcción románica de finales del siglo XII. Está formada por dos vanos para campanas con arcos de medio punto, cuyas impostas muestran una decoración de bolas en la parte inferior. El conjunto se remata con una estructura triangular decorada con una moldura a modo de guardapolvos.

Desde aqui, siguiendo el mismo camino se puede acceder al Mirador de San Antonio y al núcleo de Carmona, en apenas 300 metros de recorrido.