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Capital del municipio de igual nombre, Mazcuerras se localiza en la zona occidental del término municipal junto al arroyo Pulero y el río Saja, en una llanura aluvial con fértiles suelos y protegido por la barrera natural de la Sierra del Escudo de Cabuérniga. Su nombre está documentao en el libro el Becerro de las Behetrías como Mazcuerros en 1352. Del latín mattea “porra, mazo”, topónimo aplicado a elevaciones de terreno con forma alargada. Y probablemente del céltico corr “círculo de piedras”.
A Mazcuerras también se le conoce como Luzmela, por ser el escenario de una de las novelas más populares de la escritora Concha Espina, “La niña de Luzmela”, la cual vivió en esta localidad. Su hijo, Víctor de la Serna, imaginó que Mazcuerras era la Malacoria de los documentos medievales desde donde los foramontanos partieron en el siglo IX a repoblar castilla.
Este antiguo camino denominado Ruta de los Foramontanos y su continuador, el conocido como Camino Real, articularon el espacio a su paso por el municipio; unía la Hoz de Santa Lucía con Cos, Cintul y Mazcuerras siguiendo el piedemonte de Mozagrucu. En Mazcuerras la ruta se dividía en dos; un ramal se dirigía hacia Villanueva de la Peña (por la iglesia de San Martín y el barrio de Cohiño) enlazando con las rutas costeras; y el otro avanzaba hacia Herrera de Ibio (por la ermita de San Pedro, el despoblado de Santa Gadea y la Colladía) e Ibio continuando hacia San Cipriano y Yermo, donde enlazaba con la vía histórica entre Riocorvo y Mercadal. Su paso por el núcleo nos deja evidencias patrimoniales como humilladeros o el barrio de Sobarriba que respeta el trazado tradicional de la ruta.
Nombrado «Pueblo de Cantabria 2008» por sus valores históricos, culturales y ambientales, Mazcuerras nos muestra a través de su recorrido su diverso patrimonio arquitectónico, desde las casas más antiguas, como la Casa Gótica del siglo XV o las casas llanas del siglo XVI, su evolución a la casa con solana y soportal adoptando su máxima expresión en las casonas y palacios barrocos, hasta el Palacio de las Magnolias -de arquitectura ecléctica con influencias goticistas– realizado por el indiano Pedro Fernández de la Campa.
ITINERARIO
Iglesia de San Martín
La iglesia parroquial de San Martín de Mazcuerras, situada a la entrada del pueblo sobre una loma dominando la vega del río Saja, es un destacado edificio del siglo XVII mandado construir por Francisco y Antonio de Hoyos.
El templo presenta una planta de cruz latina al abrirse a la nave mayor dos capillas laterales, todo ello cubierto por crucerías estrelladas, con una torre a los pies. La nave tiene tres cuerpos, separados por dos arcos de medio punto que se cubren con bóvedas nervadas en terceletes y de distinta dimensión cada uno. Las capillas laterales también se cubren con bóvedas nervadas y su altura es inferior a la de la nave manifestándose de igual manera en el exterior.
La fachada está realizada de piedra de sillería, al igual que una esbelta torre que se eleva en el cierre oeste. Ésta última, es de forma poligonal asimétrica y se remata con un cuerpo de troneras estructurado con pilastras clásicas terminándose en un ático con peto decorado con elementos de bolas.
En el muro sur de la nave se realiza el ingreso por la portada clasicista protegida por un amplio soportal que se cierra con un murete y columnas toscanas que sostienen la estructura del faldón. En el primer contrafuerte del crucero meridional, sobre el segundo escalón de la cúspide aparece un reloj de sol grabado en piedra. Es un bloque en el que se conserva un gnomon de hierro, con el lado inferior curvado con números árabes.
En el interior de la capilla de la Virgen del Rosario, en el suelo, bajo unos bancos aparecen las siguientes inscripciones: “AQUÍ ESTÁ SE/PULTADO EL S(EÑO)R/ FRANCISCO [HO]/YOS, CAVALL[ERO]/ DE LA ORDEN DE [CALA]TRAVA./ MANDÓ HA[CER]/ ESA CAPILLA. FA/LLECIÓ A 22 DE O(C)T/UBRE DE 1632”. “AQUÍ ESTÁ/ SEPULTADO/ EL SECRET(ARI)O DO(N)/ ANT(ONI)O DE HO/YO, CAVALLE(R)O/ DE LAL ORDEN DE S(AN)/ TIAGO, QUE HI/ZO ESA CAPI(LL)A./ FALLECIÓ A 14/ DE O(C)TUBRE DE/ 1632”. Son dos lápidas, alineadas, que sirven de sepultura a los caballeros Don Francisco y Don Antonio de Hoyos.
Su patrimonio mueble fue destruido durante la Guerra Civil y el lugar que ocupaba el retablo mayor fue decorado con un gran fresco de la pintora santanderina María Mazarrasa, discípula de Daniel Alegre y de Eduardo Chicharro, que representa a San Martín partiendo su capa y una crucifixión.
Palacio de Hoyos
Cercano a la iglesia parroquial se encuentra este palacio barroco blasonado del siglo XVIII. Posee una planta cuadrada, con dos alturas y una cubierta a cuatro aguas. A la casa se accede a través de una portalada adintelada con remate de cruz y pináculos, al igual que la mayoría de las construcciones de este tipo en Mazcuerras.
La fachada principal orientada al sur, es de piedra de sillería, conteniendo en su planta inferior un zaguán destacando los dos arcos de medio punto que dan paso a las puertas adinteladas de acceso a la vivienda y a los cuartos laterales. Estos últimos se encuentran iluminados con pequeñas ventanas cuadradas con rejas voladas rectangulares con barrotes de hierro forjados y abalaustrados.
En el primer piso aparecen tres balcones volados sobre peana de piedra, el central doble, que marcan la situación de los cuatro vanos de forma rectangular. Entre los dos vanos centrales, en la parte superior central, se sitúa un escudo timbrado por yelmo, con plumaje y lambrequines en la que se puede observar la inscripción “HOIOS”, lleva adorno de rollos y cordón rematado en frutos. Al pie de la misma se observa otra inscripción que dice: “EDIFICÓSE AÑO DE 1736”.
Esta casa fue fundada por don Juan de Hoyos, hombre de armas de Carlos V, casado con doña Catalina Fernández Blanquero y Terán. Su hijo, Francisco, fue capitán y secretario del rey, estuvo casado en Nueva Granada con doña Luisa de Téllez, y su hijo fue el caballero de Santiago don Antonio de Hoyos, que realizó cruzadas en 1624, y fue enterrado en la Iglesia de Mazcuerras. Su nieto, Antonio de Hoyos y Rojas (1633), fue caballero de Calatrava y estuvo casado con Teresa Manuela de Ceballos el Caballero, de la casa de Toranzo, cuyo hijo en común fue el caballero de Calatrava Gaspar de Hoyos y Ceballos.
Como figura en la inscripción, en el año 1737 Nicolás Hoyos Calderón (1692), Teniente de Granaderos de las nobles Milicias del regimiento de Santander, y su mujer Bárbara de Quijano y Mier, restauraron el inmueble.
Cercana a la casa se encuentran restos de una edificación más antigua, posiblemente una torre.
Un poco más abajo, al otro lado de la carretera, encontramos una pequeña edificación que guarda en su interior una cruz de ánimas de madera. Se trata de un santuco o humilladero, vestigio de los antiguos caminos que recorrían la zona, tradicionalmente asociado a la protección espiritual de los viajeros y al profundo simbolismo religioso ligado al camino.
Casa Gótica
Antes de llegar al ayuntamiento y la Casa Gótica encontramos, en una pequeña plazoleta, un antiguo arado. Se trata de un arado “Brabant” muy utilizado en Francia y Bélgica a principios del siglo XX. Cuenta con una pieza que hacía el surco en la tierra y la reja vertedera echaba la tierra a un lado. Un alavés, Segundo de Aranzábal, desarrolló una versión adaptada a los terrenos españoles, sustituyendo el hierro forjado de su armazón por hierro fundido, más ligero y económico.
La Casa Gótica, del siglo XV, es uno de los escasos ejemplos de arquitectura civil gótica conservados en Cantabria. Responde al modelo de casa llana, una vivienda de una sola planta, con un profundo soportal sostenido por una viga de madera y un gran arco de entrada, en este caso, apuntado formado por buenas piedras de sillería. El resto de la pared es sillarejo, piedras talladas al igual que el sillar pero de menor tamaño, y mampostería. En la fachada principal vemos el elemento más singular: dos ventanas geminadas con arcos conopiales divididas por una columnilla llamada parteluz. La vivienda conserva además el característico boquerón, una abertura utilizada tradicionalmente para introducir la hierba en el pajar.
Casona montañesa
Casona montañesa construida en el siglo XVIII que cuenta con los elementos típicos que nos permiten identificar a la casona. Construída en mampostería a excepción de los arcos, esquinales y cercos de puertas y ventanas para los que se usa piedra de sillería. En la fachada destacan dos arcos de medio punto que se apoyan sobre una pilastra central, que presenta decoración geométrica en relieve.
Los arcos dan paso al soportal o zaguán, espacio que servía como acceso a la vivienda y a la cuadra, además de lugar para guardar aperos y realizar tareas agrícolas como desgranar maíz o alubias. Desde el soportal también se accede directamente a un cuarto lateral o «estancia del peregrino» que se ilumina mediante una pequeña ventana con una sencilla reja embutida.
Sabías que… En muchas casas antiguas situadas cerca de caminos históricos o rutas de paso existía la costumbre de dar alojamiento a viajeros pobres o peregrinos. Para ello se reservaba una habitación sencilla, el cuarto del peregrino, que se encontraba normalmente en la planta baja, separada del espacio familiar, para no mezclar al huésped con la vida privada de la casa y con acceso relativamente independiente desde el portal, corral o patio.
La solana del primer piso consta de tres tramos, y cuenta con tallas en la madera: en el apoyabrazos con motivos de sogueado, y en el alero con una cadena de sogueado y denticulados en la imposta inferior.
Hasta el siglo XVII, las viviendas tradicionales de Cantabria eran generalmente de una sola planta. La introducción del maíz en el siglo XVII transformó la economía rural al generar importantes excedentes agrícolas. Esta mejora económica favoreció la construcción de casas de dos plantas, en las que se incorporó la solana, un espacio abierto especialmente adecuado para el secado y almacenamiento del maíz.
Casona de Ribero
Situada en el barrio de la Pobladura se encuentra esta casona a la que se tiene acceso a través de una gran portalada adosada a un muro en la parte principal del inmueble. Un edifico de planta rectangular a dos alturas que posee una fachada principal entera en sillería.
En la planta inferior, destacan los dos arcos de medio punto que se apoyan sobre un pilar central, prismático y moldurado en alto y en basa, al igual que las jambas. Estos constan de quince dovelas regulares. A los lados de los respectivos arcos aparecen dos pequeñas ventanas cuadradas con rejas voladas rectangulares con barrotes de hierro forjados y abalaustrados, ambas coronadas por un motivo en la parte central.
Los muros cortavientos sobresalen a partir de ménsulas en «S» para proteger la solana y se rematan en lo alto con una cornisa moldurada. La amplia solana se encuentra dividida en seis tramos por medio de siete pies derechos. Sobre estos postes reposan las zapatas y mensulones que sujetan el alero, los cuales están tallados con cordón de sogueado en el frente. El alero, formado por un entramado de viguetas, se remata con un tejaroz formado por dos hileras de canecillos con dos bandas talladas: una con sogueado inverso y la otra con una decoración orlada. Por su parte, el suelo de la solana se apoya sobre siete mensulones decorados al igual que los que sostienen el alero, y al frente se remata con una imposta de sogueado bajo la cual se coloca una hilera de canecillos.
La fachada del primer piso se remata con una cornisa moldurada, en la misma se abren cinco vanos moldurados: las ventanas laterales con una reja embutida de barrotes abalaustrados, una ventana central sin rejería y a cada lado de la misma una puerta. En el centro aparece un escudo que alude al linaje de Ribero. Se puede observar la figura de un soldado de pie con un casco emplumado y dos lanzas, entre dos torres y palmeras; debajo del mismo se observa la inscripción «RI BEYO». Se encuentra orlado con tallas de castillos, flores, sogueado y un arco a modo de timbre con un busto o ángel.
Casona de Ribero-Gutiérrez
Junto a la plaza de la Castañera se localiza la finca de los Viveros Escalante. Con más de un siglo de antigüedad y 20 hectáreas de superficie repartidas a lo largo del pueblo, estos históricos viveros son referencia a nivel nacional dentro del mundo del cultivo de árboles y plantas. Mazcuerras cuenta con una gran tradición en el cultivo de flores; variedad de plantas, árboles y flores adornan los espacios públicos y las fachadas de sus edificios. Es por ello, que esta localidad también sea conocida como «el pueblo de las flores». Recogemos un párrafo de la escritora Josefína Aldecoa de su libro «En la distancia»:
El río Saja a sus pies, la montaña a su espalda. Praderas, árboles y plantas en las huertas, flores en las ventanas de las casas montañesas. Tranquilidad. Paz. El tiempo parecía haberse detenido en aquel lugar amable y acogedor.
A la Casona de Ribero-Gutiérrez se accede por una portalada adintelada con remate en cruz central y bolas herrerianas en los laterales. Es un edificio del siglo XVIII que presenta planta rectangular, dos alturas y altillo, con cubierta a dos aguas. La fachada principal es de piedra de sillería, al igual que los contrafuertes.
En su plano inferior destaca el gran arco de medio punto que da paso al zaguán. En su lateral se abre una ventana enrejada embutida. En el primer piso se dispone una solana de cuatro tramos sostenida por cinco sencillos mensulones o vigas, con una balaustrada de madera. En este plano aparecen tres vanos moldurados: una puerta central y dos ventanas laterales. Los muros cortavientos aparecen divididos en dos tramos separados por ménsulas en forma de “S” y acaban en lo alto con una cornisa moldurada, que soporta los extremos de la techumbre de madera y su alero, que forma un escalonado tejaroz sostenido por varias repisas de canecillos de madera.
Destaca la prolongación de la cornisa moldurada hacia los muros laterales así como el uso de piedra de sillería en un amplio tramo. En esta zona del muro lateral derecho aparece un escudo timbrado por yelmo afrontado, sobre el que se apoyan dos amores que tocan sendas cuernas y dos guerreros que pisan las cabezas de dos sirenas. En él se pueden ver las armas de Ribero, y las armas de Gutiérrez. En esta fachada se sitúa un balcón volado de madera, cubierto por un tejadillo. También se puede observar en la fachada posterior de la casa una piedra fregadera, muy característico de la zona.
En 1752 el propietario de la casa fue don Silvestre del Ribero como queda registrado en el Catastro del Marqués de la Ensenada. En las ordenanzas del Concejo de Mazcuerras de 1770, Silvestre del Ribero aparece como firmante. Su hijo, del mismo nombre, casó con Juana Gutiérrez del Alcalde, siendo estos los que corresponden al escudo de armas de la casa. Posteriormente fue propiedad de la familia Escalante.
Bolera
La bolera de Mazcuerras es conocida tradicionalmente como “La Plaza” y actualmente también como bolera de Manuel Escalante. Su origen se remonta, con probabilidad, a la segunda mitad del siglo XIX, lo que la convierte en una de las boleras más antiguas documentadas del entorno. Desde sus inicios, ha estado estrechamente vinculada a la vida social del municipio, funcionando no solo como espacio deportivo, sino también como lugar de reunión y convivencia vecinal. En este sentido, era habitual la celebración de partidas populares (lo que tradicionalmente se conocía como “a los ganaciosos”) que congregaban a jugadores y público local.
Históricamente, la bolera fue gestionada por la junta vecinal, que regulaba su uso e incluso adjudicaba su explotación mediante subasta, lo que evidencia su relevancia dentro de la organización comunitaria tradicional. En la actualidad, continúa en uso y mantiene su papel dentro del circuito bolístico regional, acogiendo competiciones y eventos de carácter federado.
La bolera ha estado vinculada a la actividad de la Peña Bolística Mazcuerras y ha sido escenario de torneos destacados, consolidándose como un referente dentro del ámbito cántabro del bolo palma.
En cualquier esquina o rincón del recorrido es posible encontrar propuestas artísticas que conviven con el ámbito urbano. Son obra de ASELART, que es una iniciativa de arte en el medio rural que, desde 2015, impulsa intervenciones artísticas en los pueblos de Mazcuerras. Durante el verano y a lo largo del año, el valle se convierte en un escenario cultural donde muchas obras permanecen de forma permanente. El proyecto nació de un grupo de vecinos que buscaban unir arte y pueblo, poniendo en valor lo rural y sus rincones. La comunidad participa cediendo huertas, patios y muros para “aselar” las obras, con el apoyo del Ayuntamiento y las instituciones culturales del Gobierno de Cantabria.
Casa de Concha Espina
Junto a la bolera se encuentra un ejemplo de típica casa rural tradicional de principios de siglo XIX (año 1828). Tiene planta rectangular, dos alturas y tejado a dos aguas sobre el que sobresalen dos casetones que dan amplitud y comodidad al desván. Fue en esta casa donde vivió gran parte de su vida la escritora Concha Espina, ya que era la casa familiar de su madre. La casa perteneció al linaje de la Vega, del que procedía la bisabuela materna de la novelista. Escribió en ella parte de su obra “La niña de Luzmela”, inspirada en este entorno. Como detalle anecdótico, destacar la gran glicinia que cubre el inmueble, plantada por Concha Espina el día de su boda en 1893.
La escritora realizó diversas restauraciones en los interiores y fachada del inmueble, y posteriormente, ha dado lugar a dos viviendas heredadas por dos nietas (hijas de Josefina de la Serna y Espina). Ello se manifiesta por una puerta en el interior con un arco apuntado de sillería, actualmente tapiada, que comunicaba la estancia inferior de las dos viviendas. Asimismo, cabe destacar los siguientes elementos. La puerta de acceso adintelada de la vivienda derecha muestra una inscripción: “AÑO DE MDCCCXXVIII” (1828). También destaca en la fachada de la casa izquierda un exlibris de Concha Espina sobre azulejo, que contiene el lema de su vida en una banda: “Velar se debe a la vida de tal suerte que viva quede en la muerte”.
En el dintel de otra puerta, en la parte posterior de la casa, aparece un pequeño escudete, procede de Santibáñez, su campo es partido y lleva una cruz flordelisada acolada. En ella aparece una inscripción que dice: “SERNA” y “COS”, acompañado de sus respectivas armas. Este escudo fue transportado por Luis de la Serna y Espina (hijo de la escritora) desde Santibáñez, donde nació su padre Ramón de la Serna y Cueto. En el interior de la casa izquierda, en la parte posterior de la escalera se observa la talla en madera de un escudo con leones coronados por soportes y el campo cuartelado, con las armas de los Calderón, llevados a la casa por la escritora sobre los años 20.
En este edificio también vivió el guitarrista Regino Sainz de la Maza (casado con Josefina, hija de la escritora). En el estudio abuhardillado fue donde practicó, compuso música y dio clases magistrales de guitarra. En una de las paredes de la biblioteca tenemos una escultura donde aparecen unas manos y una guitarra como homenaje al guitarrista.
Ermita de San Roque
En la Plaza de Concha Espina, se erige esta pequeña ermita dedicada a San Roque datada en el siglo XVII. Es un edificio de planta cuadrada, de un solo tramo de mampostería y sillares irregulares, con cubierta a cuatro aguas. A la misma se accede a través de un gran arco de medio punto rodeado por dovelas que enmarcan una cristalera de pequeños casetones y puerta de madera protegidos por una reja de hierro. Sobre ella se sitúa una espadaña de una sola tronera en la que se encuentra una pequeña campana coronada por dos pináculos y una cruz de piedra.
Junto al muro norte aparece una torre cuadrada de sillería en el plano inferior, y de ladrillos macizos de tipo antiguo en el plano superior sobre los que aparecen óculos en sus diferentes lados. La cubierta es a cuatro aguas, rodeada por cuatro sencillas vigas de madera en cada tramo, que albergan a partir de una balaustrada de hierro una campana. Se accede a través de una puerta adintelada sobre la que aparece una inscripción: “AÑO DE 1868”. Esta torre no forma parte de la ermita, sino que se trata de los restos de una construcción de cronología posterior, pudiendo ser una torre-reloj.
En la plaza se encuentra la escultura de la escritora Concha Espina. La obra fue realizada por el bisnieto de Concha Espina, el escultor Iñigo Muguerza. En ella representa a la escritora en sus últimos años, ya ciega. Está sentada escribiendo en unas falsillas (hojas con rayas muy marcadas), acompañada de unas palomas y dos tipos de hoja: una de laurel símbolo del éxito y una de roble, que simboliza el costumbrismo, género literario que cultivó la escritora durante su vida.
Casa neoclásica
Situada junto a la carretera y enfrente de la Plaza de Concha Espina, destaca esta casa neoclásica del siglo XIX, propiedad de la familia Sánchez. Es un edificio de planta cuadrada, con dos alturas más buhardilla y cubierta a dos aguas. El material de construcción es de piedra de mampostería, seguramente encalada en su origen en tanto que los esquinales y los cercos de los vanos son de sillería.
Los huecos presentan una distribución regular, de gran tamaño y sin ornamento. Entre ellos destacan los balcones en voladizo sobre peana de sillería moldurada con balaustrada de forja, que se abren en tres de los vanos de la fachada principal además de la buhardilla, en este caso con balaustrada de madera. La ausencia de ornamentación también se extiende a la madera, destacando en el muro lateral un amplia galería acristalada.
En una esquina de la fachada destaca la talla en un sillar de un reloj de sol con un marcado esviaje. Sobre el enmarque rectangular se inscribe el cuadrante elíptico y en lo alto de la elipse se observa: “AÑO 1825”. Las líneas horarias, grabadas, parten del punto alto del gnomon, que se conserva en placa de hierro.
Palacio de Las Magnolias
Frente a la plaza y la escultura de Concha Espina encontramos el Palacio de las Magnolias. Es un palacio característico de la arquitectura ecléctica del siglo XIX; debe su nombre a las numerosas especies de magnolio que abundan en la finca donde se ubica. Perteneció a D. Pedro Fernández Campa, indiano que llegó a ser diputado provincial. Para la inauguración se eligió concretamente el día 29 de junio, día de San Pedro y santoral de su morador, del año 1882 (como figura en las rejas del exterior). Este evento reunió a periodistas, políticos, amigos y personalidades como el gobernador D. Fernando Fragoso.
Don Pedro estaba en el círculo de amistades del Marqués de Comillas, Antonio López. Aprovechando esa relación, en agosto de ese mismo año recibe la visita del rey Alfonso XII que estaba veraneando en la Casa de Ocejo, en Comillas, invitado por el Marqués. En los arcos del vestíbulo de entrada se muestran dos inscripciones: “S.M. EL REY/ DON ALFONSO XII/ HONRO ESTE HOTEL/ AGOSTO 5 DE 1882”. Debido a la visita, Fernández de la Campa empleó su esfuerzo en arreglar sus posesiones y construir la carretera por su tramado actual, así como la construcción de arcos, puentes y otras obras.
Un mes más tarde le visitarán la reina madre Isabel II y las infantas Doña Eulalia y Doña Paz. Dejando constancia en otra inscripción: “S. M. Dª. ISABEL II/ LAS S. S. INFANTAS Dª. PAZ Y Dª. EULALIA/ HONRARON ESTE HOTEL/ SEPTIEMBRE 8 Y 9 DE 1882”. Para esta última visita, se prepara una salida al Pico Ladreo. Como el ascenso es elevado, se establecen a lo largo del camino zonas en las que pudiesen descansar tan ilustres invitados y en la cima se colocó un pabellón con un observatorio. Desafortunadamente, ese día hubo mal tiempo y quedó aplazada la excursión.
El director de la obra fue Germán Del Río Iturralde. El edificio es de planta rectangular, con dos cuerpos laterales que le dan volumen al edificio. Sus fachadas son de sillería de grano, esbeltas e insisten sobre un zócalo entrepañado con su cuerpo superior terminado por una imposta, de la cual parten las líneas que determinan los cuerpos que lo forman. La altura del edificio se divide en dos pisos por otra imposta, y la coronación se efectúa por medio de una gran cornisa, sostenida por ménsulas de piedra, decorándose el espacio entre una y otra con rosetas o flores.
En la fachada principal destacan dos cuerpos, el muro principal y adosado a éste, un cuerpo pentagonal que sobresale y en cuya base destaca la escalinata, adornada con jarrones y leones de piedra artificial. Desde aquí se alzan unas esbeltas columnas de hierro fundido o colado que sirven de arranque a unos arcos elevados, y sobre los que aparece un espacioso y severo mirador coronado por un balcón.
El cuerpo central está coronado por un frontis donde se muestra, a modo de escudo, las iniciales del dueño de la finca. Estas mismas iniciales se repiten en las portillas de entrada, al igual que el año de su inauguración 1882. A destacar como curiosidad en esta portalada, un par de águilas que hacen de tope de la portilla.
Aquí vivió Josefina Aldecoa, escritora nacida en La Robla (León) y que falleció en 2011 en esta misma casa.
Hilera de casas llanas
Conjunto de casas llanas medievales del siglo XVI, alineadas y adosadas mediante el sistema habitual de compartir el muro medianil. Esta técnica facilita la agregación de parcelas, la unión de casas de la misma familia y el ahorro económico, formando así una pequeña corralada aislada de los vientos.
La evolución de estas casas ha permitido alzar alguna de ellas convirtiéndolas en casas de dos plantas en la parte delantera y sólo una en la parte posterior, como se puede observar en la primera vivienda de la derecha de la hilera. Del conjunto destacan las dos viviendas laterales pues presentan características originales, como el arco de medio punto de la puerta de entrada.
La vivienda de la derecha presenta sillería en parte de la fachada alrededor del arco, y de una puerta en el lateral izquierdo sobre la que se puede observar una inscripción que dice: “AVE MARÍA” adornada por la Cruz de Calatrava. También destaca el pie de piedra labrado que sujeta el amplio soportal de la casa. En la zona central se sitúa una vivienda más reformada a la que se ha cerrado el soportal, y otra que muestra un amplio soportal sin pie central, aunque si uno lateral y muros de mampostería.
Casa con capilla
Casa alta con bajo y dos pisos, construidos los dos inferiores en el siglo XVIII. En su fachada principal se crea un conjunto a modo de torre, destacando la sillería y sus dos solanas en el primer y segundo piso limitadas por fuertes cortavientos también de sillería. Las dos solanas poseen un único tramo y no están sujetas por pies como en la mayoría de las solanas de la zona, sino por una estructura de hierro la primera y zapata de piedra la segunda. Los balaustres de madera son relativamente delgados, torneados y con contraste entre ellos.
La planta baja del edifico viene marcada por la puerta de entrada adintelada con una inscripción que dice: “VIVA EL SANTISIMO SACRAMENTO”. El fondo de la sillería está perfectamente compuesto, viéndose en lo alto del muro una pequeña cornisa también de sillería y destacando la prominente ménsula derecha del cortavientos con motivos vegetales: trifolia central y dos hexástilas laterales.
En el muro lateral se puede observar el símbolo de la cruz y otra inscripción sobre una ventana abalaustrada que dice: “CAPILLA, AVE MAR(ía) VÍRGEN Y MADRE DE DIOS/ Ru[e]ga S(an)ta Por N(o)s(otros).” Esta hace referencia a la existencia de una capilla en el interior del inmueble por la que se accede a través de otra puerta adintelada. En este mismo muro destaca una peana sobre la que se sostenia una pasarela de hormigón, añadida en 1970, que daba acceso a la huerta contigua. Por último, cabe mencionar la talla de la madera del alero, con dos hileras de canecillos entre los que se encuentran una banda de sogueado o cordón de San Francisco, que se repite en el frente de las ménsulas que sostienen el alero.
Casa blasonada en la Cotera
Se trata de una casa blasonada de la que pocos datos se conocen. Podría tratarse de la típica casa del siglo XVIII. Es una casa de dos plantas más buhardilla, encalada, con tejado a dos aguas y muros cortavientos .
Sus características más definitorias estarían marcadas por la portalada de sillería de piedra rematada en cruz y bolas laterales; el trabajo de la madera en la solana, pero sobre todo en el alero; y el escudo cuartelado (serpiente; hombre portando espada sobre caballo; seis estrellas en forma de triángulo inverso; y tres bandas diagonales entre dos estrellas) que se encuentra en el cortavientos derecho.
Molino del Franquín
Desde la Edad Media los molinos funcionaban en Cantabria, pero es en el siglo XVII cuando comienza a crecer su número. La razón es el maíz; llega de América y encuentra una tierra excelente en nuestra región. Para moler su grano, hacían falta molinos.
Podemos situar la antigüedad de este conjunto industrial calcera-molino anterior a 1750, según datos del Catastro de Marqués de la Ensenada, donde aparecen descritos cuatro molinos en Mazcuerras (se encuentran actualmente en ruinas el molino de La Barca y el de Pereo). Mediante un canal, se desviaba el agua del río Saja, desde Santa Lucía hasta Villanueva de la Peña, dando servicio a varios molinos a su paso, entre ellos este de Mazcuerras. Eran molinos de propiedad de los concejos y explotados por particulares en régimen de concesión.
Este molino se encuentra construido encima del canal; es un edificio de piedra con tres plantas y sótano, tres piedras de moler, un conjunto hidráulico que consta de canal, presas y calceras, y maquinaria de moler.
El entorno presenta un circuito hidráulico complementado desde antaño con un lavadero, al que le aportaba el agua a través del cauce del río. Sobre el socaz existe un puente de dos tramos de piedra sobre un pilar cilíndrico con capitel. El lavadero es una construcción de gran valor patrimonial en relación con las tradiciones de la región, como testimonio de uno de los lugares de encuentro que la población rural frecuentaba antiguamente. Se trata de una construcción singular ya que las piedras fregaderas están a nivel del suelo, para su utilización era necesario ponerse de rodillas, estando el apoyo por debajo del nivel del agua del canal.
Parque «El Bosque»
Nos encontramos en un espacio de excepcional valor medioambiental, en el margen derecho del río Saja, que recibe a lo largo de este paraje las aguas del arroyo Pulero.
En el entorno del parque existen hábitats de gran valor ambiental, como el caso de las alisedas pantanosas que contienen gran diversidad de especies de cárices y helechos. Además, existe un área de recreo que cuenta con mesas, barbacoas y parque infantil.
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Rutas de senderismo y BTT
Una buena opción, antes o después de contemplar el conjunto arquitectónico de Mazcuerras, es realizar una de las siguientes rutas de senderismo y/o BTT propuestas:
- Ruta de Mazcuerras a Herrera de Ibio: ruta circular que transcurre por el carril peatonal de la carretera CA-812 y CA-810 y continua por una pista acondicionada con una distancia de 14,5 km y duración de 5 horas que se acerca al Alto del Toral y permite visitar las ruinas de la ermita gótica de Cintul.
- Ruta al Pico Ladreo: ruta ascendente por una pista acondicionada con una distancia de 4,10 km (ida) y duración de 1,5 horas y que sube hasta el pico Ladreo (558m), donde podemos disfrutar de una bonita panorámica de Mazcuerras y su entorno.
- Ruta de Villanueva de la Peña a Cos: ruta lineal, ideal para realizar en bicicleta o con niños. Desde el Parque «El Bosque» podemos realizar el itinerario que discurre paralelo al río Saja, tenemos dos opciones: ir hacia la derecha dirección a la Ermita de la Virgen de la Peña en Villanueva de la Peña (3,67 km ida) o ir hacia la izquierda dirección al pueblo de Cos (1,6 km ida). En el recorrido podemos observar ganado pastando y una diversa vegetación de ribera.
Para ver todas las rutas y acceder a sus características consulta el Visor Cartográfico de la Mancomunidad.

































































