CASAS, CASONAS Y PALACIOS
Cuando el viajero se adentra en nuestra comarca, además del paisaje, lo que le asombra es la arquitectura rural, principalmente las casonas barrocas montañesas. A nuestro paso también podemos descubrir casas llanas, casas pajaretas, palacios, torres medievales… edificios que forman parte de la esencia del patrimonio civil de Cantabria. Destacan los conjuntos de interés arquitectónico donde aparecen estas tipologías: Mazcuerras, Cos, Ruente, Barcenillas, Carmona, Renedo, Terán, Bárcena Mayor y Los Tojos.
Momentos en la historia como la introducción del maíz, la emigración hacia tierras americanas, la ganadería y la explotación maderera entre otros, hicieron que los siglos XVI, XVII y XVIII fueran un tiempo de gran cambio para nuestra región. Reflejo de todo ello lo tenemos en la arquitectura rural de la Mancomunidad.
Las viviendas más antiguas que vamos a encontrar son las denominadas casas llanas del siglo XVI, de una sola altura. Son edificios de piedra, muy sencillos, de planta rectangular y tejado a dos aguas que se prolonga para configurar el portalón o soportal. Tienen un gran arco de medio punto, en ocasiones apuntado -de tradición gótica- como entrada a la vivienda. Ese detalle, en buena piedra de sillería, confiere a las casas llanas el sobrenombre de “renancentistas”. En origen la distribución interior es muy sencilla, con espacios abiertos, un hogar que hace de cocina-comedor y una zona en origen compartida por personas y rebaños (dividida por una pared hecha con varas de avellano trenzadas).
Con las nuevas necesidades sociales y económicas que surgen durante el siglo XVI y sobretodo en el XVII, la casa llana evoluciona a las llamadas casas con pajareta o protosolana, que se caracterizan por disponer de una solana de poca altura, cerrada mediante una celosía de madera. La casa gana así un espacio habitable en el desván y un lugar donde almacenar y secar las cosechas, sustituyendo la función que hasta entonces desempeñaban los hórreos.
La introducción de los nuevos cultivos como el maíz, se generaliza y la pajareta -ese espacio a modo de pequeño granero- evoluciona a la «solana», balconada situada en la segunda planta de la vivienda y lugar que cumplía la función de secadero. La casa con solana y soportal tal y como la conocemos hoy en día, surge desarrollándose un modelo de arquitectura rural propio tan característico de nuestra región.
Es a finales del siglo XVII y durante el siglo XVIII cuando esta casa de dos plantas con solana y soportal, adopta su máxima expresión en la casona barroca. La casona montañesa por excelencia con muchos elementos decorativos (escudos, tallas en la madera de balcones y aleros, rejería de forja…). Tanto este tipo de edificios como los del siglo XIX, fueron impulsados por el capital indiano, esas gentes que hicieron fortuna en América y que luego enviarían dinero para construir además de este tipo de casonas, parte de los edificios religiosos de la zona. La vivienda repite, con alguna variable, el mismo modelo:
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Orientación Sur – Sureste, en la mayor parte de los casos, para aprovechar el calor y la luz solar. El material empleado: piedra de sillería (piedra de calidad tallada y de gran tamaño) que se emplea en la fachada principal y en las zonas importantes, arquitectónicamente hablando, como son esquinales y marcos de puertas y ventanas. La mampostería (piedra más sencilla en calidad e irregular, fácil de manejar de ahí su nombre: mam- mano/ postería- poner) se empleará en el resto de muros, cubriéndolos con enlucido y encalándolos posteriormente, aplicando colores blancos, azulados o rojos, dejando sólo a la vista la sillería. Actualmente en la mayor parte de las casas ese enlucido ha desaparecido (quizás por un tema de modas), dejando al descubierto la mampostería. Planta baja: soportal o zaguán con arcos de medio punto junto con uno o dos cuartucos llamado cuarto lateral o del peregrino. Primera planta: balconada que ocupa toda la fachada, también llamada solana (de zona soleada). En cada tramo se abre un hueco (puerta o ventana) para dar luz al interior. Todo ello protegido por el muro hastial o cortavientos. Tejado a dos aguas con teja árabe y aleros de madera, bajo el cual se encuentra el desván. Los elementos decorativos tallados en piedra pueden ir en los pilares del soportal, dinteles de puertas y ventanas. Lo decorativo en tallada de madera serán en el balaustre del balcón, mensulones y aleros de madera. |
El «soportal» o zaguán tenía varios usos: primero servía de acceso a la vivienda y al establo o cuadra que se encontraba en la parte baja de la vivienda. Y en segundo lugar, se usaba como zona para guardar los aperos de labranza y realizar tareas de campo como la deshoja y desgrano del maíz, las alubias…a resguardo de las inclemencias metereológicas.
La orientación de las casas suele ser Sur-Sureste. A medida que las familias van creciendo se van adosando nuevas casas, hasta formar filas de casas o «hileras«, viviendas adosadas que comparten uno de los muros, llamado «muro medianil». Sólo las casas de mayor entidad, las casonas, suelen aparecer aisladas.
TORRES MEDIEVALES
Las torres medievales del valle del Saja, en el momento de su construcción, especialmente entre los siglos XIII y XV, tuvieron un papel relacionado con la defensa, el control del territorio y la representación del poder de los linajes nobiliarios.
La función principal era defensiva. Estas torres se construían con gruesos muros de piedra, pequeñas ventanas y entradas elevadas para resistir ataques y proteger a sus habitantes en épocas de conflictos. Durante la Edad Media eran frecuentes las disputas entre familias nobles y los enfrentamientos por el control de tierras, caminos y derechos económicos. Las torres servían como refugio seguro y como punto de vigilancia del entorno.
Otra función importante era el control de las rutas de comunicación. Por las orillas del Saja pasaban antiguos caminos que comunicaban la costa cantábrica con Castilla. Por ellos transitaban mercancías, ganados, comerciantes y viajeros. Las torres permitían vigilar estos caminos, proteger el paso y, en algunos casos, controlar impuestos o peajes relacionados con el comercio y el transporte.
Además, las torres tenían un fuerte valor simbólico y social. Representaban el poder económico y político de los linajes hidalgos que dominaban el territorio: cuanto más sólida y visible era la torre, mayor prestigio demostraba la familia propietaria. Por esta razón, muchas se construían en lugares destacados del paisaje o junto a núcleos importantes de población.
Con el paso del tiempo y la disminución de los conflictos nobiliarios, muchas torres perdieron su función militar y fueron transformándose en residencias más cómodas y abiertas. Algunas evolucionaron hacia casonas montañesas o palacios rurales, incorporando estructuras y elementos decorativos propios de la arquitectura tradicional cántabra, como podemos ver en la Casa Torre de Hoyo, en Villanueva de la Peña o la Casona de los Guerra en Ibio. En otras ocasiones sirvió como hito alrededor del que se levantaron casonas o palacios de mucho linaje, como el caso de las casonas de los Calderon, los Terán o los Mier, y en otras dio lugar a hileras colindantes de viviendas de familias acomodadas como en el barrio de la Torre, todas ellas en Terán.
RELOJES DE SOL
Los relojes de sol representan la unión entre ciencia, arte y tradición dentro de la arquitectura montañesa. No solo servían para medir el tiempo, sino que reflejaban la organización social, la religiosidad y el prestigio de aquellas comunidades rurales.
Antes de la generalización de los relojes mecánicos, la población dependía de la observación del sol para organizar la vida diaria. En las comunidades rurales, donde predominaban las actividades agrícolas y ganaderas, era importante conocer las horas de trabajo, descanso y oración.
En la arquitectura montañesa, aprovechando la orientación más conveniente de las construcciones, aparecen principalmente en fachadas orientadas al sur, torres de iglesias, portaladas, esquinares o cortavientos de casonas y de algunas viviendas campesinas acomodadas. La arquitectura tradicional cántabra, construida en piedra y con amplias solanas y balconadas de madera que miran a mediodía, facilitaba la incorporación de estos elementos.
La mayoría de los relojes de sol de este territorio están realizados en piedra labrada, aunque también aparecen algunos grabados y pintados sobre la piedra. Incluyen líneas horarias (generalmente de 6 de la mañana a 6 de la tarde), numeración romana o arábiga y un gnomon, una varilla metálica cuya sombra indicaba la hora solar. Algunos incluyen la fecha de construcción de la edificación que les sirve de soporte (como el puente de Bárcena Mayor o la capilla del Hospital de Herrera de Ibio), incluso en alguna ocasión, como el de la torre de la Iglesia de Bárcena Mayor, la referencia conmemorativa de su benefactor: ESTA TORRE SE HI/ ZO SIENDO CVRA / Dn JULIAN FRANCco DE / TEZANOS AÑO DE 1767.
Además de su función práctica, los relojes de sol eran un símbolo de prestigio social. Su construcción requería conocimientos matemáticos y astronómicos, por lo que poseer uno demostraba cierto nivel económico y cultural. Por eso suelen aparecer integrados junto a otros elementos decorativos de prestigio como escudos heráldicos, portaladas monumentales o amplios balcones corridos.
Durante el siglo XIX, la expansión de los relojes mecánicos hizo que los relojes de sol perdieran parte de su utilidad práctica. Sin embargo, continuaron utilizándose como elementos ornamentales y como símbolo de tradición. El estudio de Gutierrez Llovio de 2019 recoge una veintena de relojes en este valle, destacando los 5 relojes de Bárcena Mayor, o los 7 distribuidos por los pueblos de Mazcuerras.
HITOS DE LA ARQUITECTURA CIVIL DE LA MANCOMUNIDAD
MAZCUERRAS
El municipio de Mazcuerras es claro ejemplo del desarrollo de una arquitectura rural culta y viva que se ha adaptado al entorno, al trazado de antiguos caminos y a las ideas de repobladores, caminantes e indianos. Ejemplos de bellas casonas, palacios y torres se pueden observar dispersas por los diferentes pueblos que conforman el municipio, atestiguando el poder y la grandeza de las familias que en el pasado habitaron estas tierras.
- Conjuntos de casas llanas del s. XVI en Cos y Herrera de Ibio.
- Casa pajareta y torres medievales en Cos.
- Casa-Torre de los Guerra del s. XVI en Ibio.
- Torre de Hoyos del s. XVI en Villanueva de la Peña.
- Casas de indianos y jándalos del s. XIX en Herrera de Ibio.
- Palacio de las Magnolias y Casa de Concha Espina, ambas del s. XIX en Mazcuerras.
- Palacio de los Gómez de la Torre del s. XVIII en Riaño de Ibio y Sierra de Ibio.
RUENTE
Ruente es la capital del municipio. Conocido por La Fuentona, una de sus imágenes más características es el puente medieval de nueve ojos que la cruza y que, en su día, facilitó el tránsito del Camino Real. Sus pueblos, Barcenillas, Lamiña, Ruente y Ucieda atesoran un importante patrimonio civil con numerosas casonas y palacios de estilo montañés, así como buenos ejemplos de arquitectura popular, como las casas llanas.
- Conjunto de Casonas con solana, soportal y arquerías del s. XVII y XVIII en Barcenillas.
- Casa Pinta en Lamiña del s. XVIII.
- Casona de Cosío y Terán del s. XVIII en Ruente.
- Palacio de Mier del s. XIX en Ruente, declarado B.I.C. en 1992.
- Palacio de Escagedo del s. XVII-XVII en Ucieda.
- Casa de la pintora María Blanchard del s. XVIII en Ucieda.
- Palacio de Quirós del s. XVII en Ucieda, que cuenta en su fachada con un bello escudo con las armas de Calderón.
CABUÉRNIGA
Carmona es uno de los pueblos más característicos, ya no solo del municipio de Cabuérniga, sino de todo el occidente de Cantabria. Sus viviendas nobles, casi siempre de época barroca, junto con su entorno reflejan con gran esplendor la majestuosidad de la Cantabria entre los siglos XVII-XVIII. Por todo Cabuérniga encontramos valiosos conjuntos de arquitectura popular de época barroca, interesantes casonas con escudos y solanas y torres de carácter defensivo.
- Conjunto de interés arquitectónico de Carmona y el Barrio de san Pedro.
- Conjunto de casonas de piedra, la de la Horna o la de Gómez y Terán en Renedo.
- Casa de Delfín Fernández del s. XX en Sopeña.
- Conjunto de casonas de piedra como la de los Caviedes, la de Mier, o la de los Cárabes en Sopeña.
- Antiguas escuelas del s. XIX y La Castañera de Terán.
- Casonas blasonadas con solana, soportal y arquerías como la del Ecomuseo y la de Rubín de Celis en Valle de Cabuérniga.
- Casa de Augusto González Linares del s. XIX en Valle de Cabuérniga.
LOS TOJOS
El municipio de Los Tojos constituye un auténtico museo sobre la evolución de la casa rural montañesa, con Bárcena Mayor, declarado Conjunto Histórico – Artístico desde 1979, como estandarte y referencia primera para el visitante.
- Conjunto de Interés Arquitectónico con hileras de casas de dos plantas con solana y cerramientos de madera en Bárcena Mayor.
- Hileras de casas montañesas en Saja, Correpoco, El Tojo y Colsa.
- Hilera de casas de dos plantas con solana y soportal en Los Tojos.






































