Manuel Llano
Manuel Llano Merino (1898–1938) fue un escritor cántabro esencial para la recuperación del folklore y la mitología de Cantabria. Nacido en Sopeña (Cabuérniga), el entorno rural de su infancia marcó profundamente su sensibilidad literaria, centrada en la tradición oral de pastores y campesinos.
A pesar de una vida marcada por la precariedad económica que le llevó a trabajar de pastor en su infancia y adolescencia y a tener que abandonar sus estudios, Llano logró destacar tras ganar el concurso del Ateneo de Santander en 1929 con su obra «Tablanca». Este éxito le permitió integrarse en los círculos intelectuales de figuras como José María de Cossío y José Hierro. Su estilo se caracteriza por una prosa lírica y melancólica que persigue encontrar el alma de la «tierruca» a través de sus mitos.
Entre sus obras fundamentales destacan «Las Anjanas», «Brañaflor», «Campesinos en la ciudad» y su novela póstuma «Dolor de tierra verde». Su labor recopilando leyendas sobre seres mitológicos ha sido vital para fijar la identidad cultural de la región. Falleció prematuramente en Santander a los 40 años, dejando un legado que sigue siendo referente indiscutible de la literatura montañesa.
Augusto González Linares
Augusto González de Linares (1845–1904) fue uno de los científicos y naturalistas más brillantes de la España del siglo XIX. Nacido en el pueblo de Valle de Cabuérniga, dedicó su vida al estudio de la geología, la zoología y, muy especialmente, a la oceanografía, siendo el fundador y primer director del Estación de Biología Marina de Santander en 1886.
Su vínculo con el Valle de Cabuérniga fue profundo y fundacional. En la localidad de Valle se conserva su casa natal, conocida como la Casona de Augusto González Linares, un edificio de planta cuadrada y tres alturas con aspecto de torreón. Este entorno rural no solo marcó sus primeros años, sino que fue el lugar donde se gestaron hitos culturales para Cantabria y para el país en general: se considera que en el verano de 1875, una reunión en su casona junto a figuras como Francisco Giner de los Ríos sentó las bases de la Institución Libre de Enseñanza.
Defensor del darwinismo y la renovación pedagógica, González de Linares es hoy recordado en su tierra natal, consolidando su legado como el «sabio de Cabuérniga» que conectó la montaña cántabra con la vanguardia científica europea.
Gervasio González Linares
Gervasio González de Linares fue un destacado veterinario y ensayista cántabro del siglo XIX, cuya figura ha quedado frecuentemente a la sombra de su hermano, el célebre Augusto González de Linares. Nacido en el corazón del Valle de Cabuérniga, Gervasio dedicó gran parte de su labor intelectual a la defensa y modernización del sector agroganadero en Cantabria.
Su principal contribución académica se centró en el estudio de los pastos y la ganadería montañesa, abogando por la mejora de los sistemas de explotación tradicionales y el aprovechamiento de los terrenos comunales. Fue un observador agudo de la realidad rural de su época, plasmando en sus escritos una visión técnica pero profundamente arraigada al territorio. Además, sus testimonios biográficos han sido fundamentales para reconstruir la infancia y los primeros años de formación de su hermano Augusto en la Casona de Valle.
Aunque con un perfil más discreto, Gervasio representó el ala pragmática del pensamiento ilustrado en el valle, aplicando los principios de la regeneración científica a la economía real de los pueblos cántabros. Su legado es hoy objeto de estudio por historiadores que buscan entender la evolución del mundo ganadero en el norte de España durante la transición a la modernidad.
María Blanchard
María Blanchard (1881–1932) fue la gran dama del cubismo y una de las figuras más singulares de la vanguardia europea. Nacida en Santander con una grave deformidad física, su vida estuvo marcada por la superación a través del arte, formándose en Madrid y consolidándose en el París de Juan Gris y Picasso.
Un capítulo fundamental de su biografía es su estrecha vinculación con Ucieda. En esta localidad, su familia poseía una casa de campo donde María pasaba largas temporadas de descanso y desconexión. La Casa de María Blanchard en Ucieda de Abajo no fue solo un refugio estival, sino un espacio de paz frente a la hostilidad que a veces sentía en la ciudad. El entorno rural de Ucieda influyó en su sensibilidad, ofreciéndole un respiro necesario para su frágil salud.
Tras una etapa de éxito en el cubismo sintético, su obra evolucionó hacia una figuración expresionista y mística, centrada en la vulnerabilidad humana. Pese a su reconocimiento internacional, murió en París sumida en una profunda espiritualidad y austeridad. Hoy, su legado se custodia en instituciones como el Museo Reina Sofía y el Museo Picasso Málaga, reivindicando su papel esencial en la historia del arte moderno.
Antonio Quirós
Antonio Quirós (Santander, 1912 – Londres, 1984) fue un destacado pintor cántabro vinculado a la segunda Escuela de Madrid. Sobrino de la célebre María Blanchard, su obra transitó desde un surrealismo temprano influenciado por Miró hasta un expresionismo figurativo muy personal, caracterizado por personajes articulados y un uso magistral del color.
Pasó largas temporadas en Ucieda, donde encontraba refugio creativo. Su maestría técnica abarcó también el grabado y el retrato, llegando a pintar a figuras como Juan Carlos I. Su legado artístico se conserva hoy en prestigiosas instituciones y colecciones privadas, consolidándolo como una de las voces más singulares de la pintura española del siglo XX.
Josefina Aldecoa
Josefina Aldecoa (1926–2011) fue una de las escritoras y pedagogas más influyentes de la España contemporánea. Nacida en León como Josefa Rodríguez Álvarez, adoptó el apellido de su marido, el escritor Ignacio Aldecoa, tras su prematura muerte. Su vida estuvo dedicada a la enseñanza, fundando en 1959 el Colegio Estilo en Madrid, inspirado en los principios de la Institución Libre de Enseñanza.
Su vínculo con Mazcuerras, en Cantabria, fue profundo y espiritual. En esta localidad, conocida como «tierra de escritoras», Josefina encontró su refugio definitivo en el Palacio de las Magnolias, una joya indiana del siglo XIX donde pasó largas temporadas y vivió sus últimos años. Mazcuerras no solo fue su lugar de retiro, sino un espacio de paz que compartía con la memoria de otras autoras como Concha Espina.
En su faceta literaria, alcanzó el éxito con la trilogía iniciada por «Historia de una maestra». Aldecoa falleció en su querida casa de Mazcuerras en marzo de 2011, dejando un legado que une la ética pedagógica con una narrativa de gran calado humano y compromiso social.
Regino Sainz de la Maza
Regino Sainz de la Maza (1896–1981) fue un guitarrista y compositor español, pieza clave en la elevación de la guitarra a instrumento de concierto y referente musical de la Generación del 27. Nacido en Burgos, su carrera alcanzó la gloria internacional el 9 de noviembre de 1940, cuando estrenó en Barcelona el Concierto de Aranjuez, obra de Joaquín Rodrigo escrita específicamente para él.
Su vinculación con Cantabria fue estrecha a través de su familia. Estuvo casado con Josefina de la Serna, hija de la célebre escritora Concha Espina. Esta unión lo llevó a frecuentar la Casa de Luzmela en Mazcuerras, el refugio literario de su suegra, integrándose en el rico ambiente cultural de la región junto a amigos como Gerardo Diego y Federico García Lorca.
Fue el primer guitarrista en ingresar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, hito que marcó la profesionalización definitiva del instrumento en las instituciones académicas. Falleció en Madrid, dejando una vasta producción de arreglos y obras originales que hoy son pilares del repertorio guitarrístico español.
Concha Espina
Concha Espina (1869–1955) fue una de las escritoras más prolíficas y nominadas al Premio Nobel de la literatura española. Aunque nacida en Santander, su alma literaria y vital estuvo ligada a Mazcuerras, pueblo que ella rebautizó universalmente como Luzmela en su célebre novela «La niña de Luzmela».
Su vinculación con Mazcuerras comenzó tras su regreso de América, estableciéndose en la casa familiar de su padre, hoy conocida como Palacio de las Magnolias. Este palacio indiano se convirtió en su refugio creativo y en el escenario donde se gestaron obras fundamentales de la narrativa montañesa. En 1948, el ayuntamiento de Mazcuerras cambió oficialmente el nombre del municipio por el de Luzmela en su honor, aunque más tarde recuperaría su nombre original, manteniendo hoy una denominación compartida.
En este rincón de Cantabria, Concha Espina no solo escribió, sino que ejerció de anfitriona para la intelectualidad de la época, incluyendo a su yerno, el guitarrista Regino Sainz de la Maza. Hoy, el municipio rinde homenaje a su legado con una ruta literaria y un busto frente a su antigua residencia, consolidando a Mazcuerras como el corazón geográfico de su universo literario de realismo lírico.
