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Ruente, en pleno corazón del valle del Saja, es uno de esos pueblos que conservan intacta la esencia rural de los valles de Cantabria. A la orilla del Saja, rodeado de montañas verdes, bosques frondosos y prados abiertos, es un pueblo que invita a disfrutar de la calma y la naturaleza.

El origen etimológico de Ruente está ligado al agua, con las referencias de «fuente». Y no es extraño que el gran símbolo de Ruente sea La Fuentona, un espectacular manantial de origen kárstico del que nace el río Ruente, y cuyas intermitencias han supuesto la conservación de antiguas leyendas protagonizadas por anjanas y seres mágicos que forman parte del imaginario popular local.

Pasear por las calles de sus tres barrios, Gismana, Monasterio y Ruente, permite descubrir la esencia fundamental de arquitectura tradicional montañesa, con sus casas robustas de piedra, los balcones de madera, las portadas con arcos de medio punto y algunas fachadas de sus Casonas y Palacios luciendo sus escudos heráldicos. Pero de nuevo son el agua y la sencillez los que terminan aportando la imagen más representativa de Ruente con su puente medieval de nueve arcos que ya formó parte del  itinerario del antiguo Camino de Castilla.

Ruente es también un punto de partida ideal para explorar el Parque Natural Saja-Besaya, con numerosas rutas de senderismo y espacios perfectos para el contacto directo con la naturaleza. Atravesado de Norte a Sur por la mítica Ruta de los Foramontanos, es también la puerta al encuentro del robledal de Monte Aa, en la Sierra del Escudo, que guarda alguno del Árboles Singulares más interesantes del valle.

La gastronomía local completa la experiencia, con platos tradicionales como el cocido montañés y productos de la tierra que conservan sabores auténticos.

  La Fuentona

Su nombre lleva un poco a engaño pues no es una fuente,  sino el nacimiento de un río que nace al pie de una pared de roca caliza. Un lugar de misterio natural y mítico que impacta a todos aquellos que pasean por sus alrededores y ven manar el agua desde las entrañas de las rocas.

La Fuentona es bien conocida por la rareza de su cavidad y por el fenómeno de las intermitencias. El manantial repentinamente deja de manar por un tiempo que oscila entre algunos minutos y varias horas, y al cabo vuelven a surgir sus aguas con el mismo caudal anterior.

Fruto del extraño comportamiento del caudal han surgido infinidad de historias y leyendas; así, cuenta la leyenda que en el interior de la gruta vive una anjana, un hada buena de la mitología cántabra, la cual sería la causante de que las aguas dejen de manar en la Fuentona.

En el entorno del nacimiento podemos disfrutar de una zona de parque-merendero de gran belleza y tranquilidad. Sin duda se trata de uno de los lugares más hermosos de Ruente.

El camino ahora nos le va a marcar el río. Iremos de su mano por un sendero empedrado entre sauces y alisos hasta el puente que cruza “La Fuentona».

  Palacio de Mier

El Palacio de Mier es un complejo palaciego de finales del siglo XIX que responde a las corrientes arquitectónicas historicistas, conjugando las formas neoclásicas con el arte de tradición popular. En su origen estuvo formado por una casa solariega, capilla y una serie de construcciones dedicadas a las labores del campo.

En Ruente es conocido como “El Asilo” ya que hasta el año 1931 funcionó como asilo y colegio atendido por religiosas franciscanas. En años posteriores fue la casa del médico, y en la actualidad, la capilla es utilizada como consultorio médico y la casa-palacio alberga la biblioteca municipal, la sede de la ADL de la Mancomunidad “Reserva del Saja” y la Asociación Equina Hispano-Bretona “Manadas”.

Del Palacio propiamente dicho destaca la portalada principal de piedra de sillería que se corresponde con el modelo habitual de las casas tipo villa. No tiene solana, sino que en su lugar aparecen tres balcones con barandilla de hierro. Sobre el central se localiza el escudo nobiliario con las armas de los “Mier”, “Terán” y “González de Linares”.

El conjunto, declarado Bien de Interés Cultural, se ubica en una amplia finca con jardín, donde podemos ver la pila bautismal de la capilla reutilizada como jardinera. En uno de los muros se conserva un reloj de sol.

  Casona de Cossío y Terán

En el Barrio de Gismana se levanta esta construcción que responde a los cánones propios de casona montañesa. La fachada principal es de piedra de sillería, con un arco de medio punto en la planta baja que da paso al soportal. A este soportal también se accede por la socarreña anexa a través de otro arco de medio punto.

Las “Socarreñas” o “Socarrenas” son los cobertizos situados al lado de las casas, en donde se guardan los aperos de labranza, el carro, la leña picada, etc.

En la solana destaca la decoración con el ajedrezado y el típico sogueado tallado en la madera. A ambos lados de la puerta de acceso se sitúan los escudos de armas de “Terán” y “Cos”.

  Ermita de San Roque

Situamos el origen de esta pequeña construcción religiosa en el siglo XVII, ya que en esa fecha está datada la figura de San Roque que se venera.

La ermita es de una sola nave a la que se accede por una puerta formada por un arco de medio punto que aunque ha sido reformado, conserva su morfología primitiva. En el exterior lo más llamativo es la cornisa moldurada que remata todos los muros de la nave.

Para los que quieran alargar el recorrido proponemos como alternativa acceder al pueblo de Ucieda por el “Camino de Pinillas”, uno de los tramos más bellos del antiguo camino que articulaba las comunicaciones del valle y que aparece aquí secundado por una singular avellaneda en forma de bóveda natural sobre la calzada. 

Fuente del Tojo

En la misma campa, junto a la ermita de San Roque, se encuentra la fuente del Tojo, acompañada de su histórico lavadero, cuya inscripción indica que fue construido en 1924.

Ubicado en el margen de la Ruta de los Foramontanos, este lavadero tradicional representa un testimonio vivo de la vida diaria de generaciones anteriores y de la relevancia de los espacios comunitarios en la cultura rural. Levantado en piedra y con un tejado a dos aguas sostenido por vigas de madera, el lavadero ofrecía a las vecinas del pueblo un lugar protegido de la lluvia y el frío para lavar la ropa.

  Iglesia de la Magdalena

Enclavada en el Barrio de Monasterio,  se encuentra la iglesia de la Magdalena, que se levantó en el siglo XVIII sobre el solar que debió ocupar un antiguo monasterio medieval.

De planta rectangular y dos naves paralelas, el elemento más destacable es la espadaña barroca situada a los pies a la que se accede mediante una escalera de piedra. La puerta de acceso se encuentra en el muro lateral orientado al Sur. El soportal está cerrado a media altura con muro de mampostería y sostenido por dos pies derechos de madera y por tirantes que van al muro de la nave. En su interior alberga un retablo de finales del siglo XVIII. 

Casas neoclásicas del Barrio Monasterio

En el Barrio Monasterio, reminiscencia de la consolidación del núcleo que surge al cobijo del monasterio de Santa María en época medieval, se encuentra esta casa neoclásica o casa-villa.

Se trata de un edificio de planta cuadrada, tejado a cuatro aguas, y dos alturas, más el aprovechamiento del desván mediante un gran buhardillón que se ha abierto en la parte trasera de la casa. La fachada principal, al Sur, da a un jardín cerrado con verja de hierro. Carece de solana, y en su lugar se presentan tres balcones en voladizo sobre suelo de madera. En la parte trasera presenta otra fachada, en la que destaca la galería acristalada. La puerta de entrada está enmarcada en un arco escarzano formado por una hilera de ladrillos.

Enfrente de esta casa existe otra que responde a este mismo modelo, también aquí la clásica solana ha dado paso a un balcón volado.

Puente medieval

Una de las imágenes más características de Ruente es este estrecho puente medieval de nueve ojos que cruza las aguas de «La Fuentona», y que en su día facilitó el tránsito del Camino Real que atravesaba el Valle de Cabuérniga hasta Bárcena Mayor.

Está formado por nueve arcos de medio punto rebajados construidos en mampostería y comunica dos de los barrios del pueblo, Ruente y Monasterio.

De las aguas de La Fuentona se sirvieron viejos batanes y molinos harineros, piscifactorías de trucha y aguas abajo de este arroyo en mitad de la mies, aún en funcionamiento, existe una minicentral eléctrica conocida como «La Deseada» que aprovecha el cauce de La Fuentona para la producción de electricidad y surtiendo de agua potable a varias poblaciones del valle del Saja. Según documentación de la Confederación Hidrográfica del Norte, la concesión del caudal para poner en marcha la actividad fue en 1919, aunque el edificio data al menos del siglo XIX.

Humilladero

Cruzando el puente, a escasos metros de la salida, encontramos uno de los pocos humilladeros del valle. Se trata de una pequeña construcción inserta en un muro de mampostería, cuya misión era indicar el rumbo y acoger las oraciones de los caminantes.

En su interior alberga una cruz de madera policromada con escenas de la Pasión de Cristo y figuras humanas como la Virgen Dolorosa. El conjunto culmina con un símbolo característico en este tipo de tallas, la calavera sobre dos tibias cruzadas.

Sabias que…

Los humilladeros, también conocidos como «Santucos», eran pequeños edificios que se situaban a las entradas o salidas de los pueblos indicando el camino. Actualmente tienen un sentido religioso, aunque sus orígenes habría que buscarlos en la época clásica, en Grecia donde se usaban piedras marcajes en el camino que se denominaban herma, en honor al dios Hermes, deidad de las fronteras.

Es así como esa antigua tradición, la de ir dejando una piedra en el camino (que actualmente se hace en senderismo con las “apachetas”), una vez concluido el recorrido se va extendiendo por todo el dominio del Imperio Romano, llegando hasta la parte más occidental, que formaban lo que hoy conocemos como España y Portugal, sitios en los que, mezclados con tradiciones Celtas, en la parte norte de la península, van formando una serie de ideas en torno a la necesidad de buscar una protección divina al ir recorriendo los caminos. Vendrá luego la difusión del catolicismo y con ello todos los ritos paganos serán transformados en el culto a la cruz.

 

  Casona de La Nogalera

Junto a “La Nogalera” de Ruente encontramos un buen ejemplo de casona barroca montañesa datada en 1786. La vivienda recoge los elementos típicos este tipo de construcciones: planta rectangular, dos alturas, fachada de piedra de sillería con dos arcos de medio punto en la planta baja, soportal o zaguán y una amplia balconada o solana en el piso superior.

Un elemento de gran valor artístico de la casa es la portalada de acceso a la finca de sillería, con una gran puerta rematada con una cruz decorada con una serpiente enroscada y pináculos. Encima del arco se sitúa una especie de escudo coronado por un relieve con un águila, con elementos religiosos como un cáliz y la hostia, junto a varias cabezas humanas y motivos vegetales.

Destacan también una piedra fregadera situada junto a la ventana de la cocina en el muro lateral derecho, y un balcón de púlpito con balaustrada de forja en el muro lateral izquierdo.

Parque de «La Nogalera»

Terminamos la visita en otro de los lugares emblemáticos de Ruente. También conocida como “Sajuca”, la campa de la Nogalera es un amplio espacio verde salpicado de nogales. Un lugar de ocio y esparcimiento utilizado desde antaño como zona de reunión del ganado, y que hoy en día sigue siendo lugar de celebración de eventos ligados a la actividad ganadera.

Aquí se celebran dos conocidas ferias ganado de vacuno y caballar de la región: La Feria de San José, el 19 de Marzo, y el Concurso Exposición de Ganado Tudanco, el último domingo de octubre. Junto a la feria se organiza un tradicional mercadillo de productos de alimentación y de artesanía al que acuden numerosos visitantes de toda la región.

Río Saja y robledal de Monte Aá

A escasos metros desde donde nos encontramos, podemos realizar diferentes rutas de senderismo y también realizar un paseo a orillas del río Saja que discurre en paralelo a la carretera. Saja proviene del término latino Salia y significa corriente de agua, aunque también puede interpretarse como agua salada. El río Saja nace en los puertos de Sejos a 1.700 metros de altitud. Su curso alto y medio es un Espacio Natural Protegido incluido en Red Natura 2000 como Lugar de Importancia Comunitaria (LIC Río Saja). La zona donde nos encontramos es el tramo medio del río, una amplia vega fluvial que comunica con el vecino valle de Cabezón por el desfiladero de la Hoz de Santa Lucía.

Si cruzamos el puente sobre el río Saja, podemos realizar la ruta robledal de Monte Aá. El arroyo de Monte Aá, también incluido en el LIC, es uno de sus principales afluentes. Nace en cotas altas de la Sierra del Escudo de Cabuérniga y discurre por Monte Aá, un extenso bosque de más de 400 has que alberga uno de los robledales de cajiga (Quercus robur) mejor conservados del Norte de España. Además Monte Aá acoge a diversos árboles monumentales entre ellos, cabe destacar El Belén y El Mellizo.