El otoño es, sin duda, uno de los mejores momentos del año para disfrutar de la montaña. La naturaleza se viste con una paleta cromática completa, los bosques se iluminan con los tonos de la hoja, los amaneceres con viento sur destacan sobre el valle, los cursos fluviales se llenan de vida, y aparecen los frutos más vistosos de la época como las castañas, el espino o el acebo. Entre estos tesoros del otoño, uno de los más especiales es la berrea del ciervo, el ritual natural del celo de esta especie.

Durante septiembre y octubre, los ciervos machos emiten potentes berridos para atraer a las hembras y enfrentarse a otros machos, defendiendo su territorio y formando su harén. Este fenómeno solo ocurre una vez al año y constituye un espectáculo único de la fauna cantábrica.

La afluencia a los llamados “santuarios” de berrea ha crecido en los últimos años, y en ocasiones el monte se llena de curiosos y aficionados. Para garantizar una experiencia respetuosa con el medio y enriquecedora, se recomienda acceder con expertos o participar en las visitas guiadas organizadas por el Parque Natural Saja-Besaya a través de Naturea. Los guías aportan conocimiento del territorio y de la fauna, facilitan la localización de buenos puntos de observación y proporcionan prismáticos o telescopios para disfrutar de la actividad sin interferir en el comportamiento de los animales.

Las salidas se programan al amanecer o al atardecer, los momentos de mayor actividad de los ciervos. Es importante tener en cuenta que las visitas requieren paciencia y permanecer un tiempo prolongado en silencio, inmóvil, para no alterar el ritual de los animales. Además, las condiciones meteorológicas pueden dificultar la observación: la niebla es frecuente y los animales pueden moverse a otras áreas del monte. Incluso cuando solo se escuchan los berridos y no se logra ver a los ciervos, la experiencia del entorno y del paisaje sigue siendo placentera.

Participar en una visita guiada durante la berrea es, sin duda, la manera más responsable de acercarse a este fenómeno natural. Es una invitación a descubrir el otoño en su estado más puro, a disfrutar de la riqueza de los bosques y valles del Saja-Besaya y a vivir una experiencia única en uno de los espacios naturales mejor conservados de Cantabria.