
Las anjanas son las hadas benéficas más representativas de la mitología cántabra y una figura clave de su tradición popular. De origen pagano, estas criaturas mágicas están vinculadas a la protección de la naturaleza, especialmente de los bosques, los animales y las aguas. Viven cerca de ríos, fuentes y manantiales, en cuevas que adornan como auténticos palacios ocultos en la montaña.
Aunque, según las leyendas, las anjanas son pequeñas (medio metro), bellas (rubias de ojos verdes) y luminosas, con una voz dulce y un aroma inconfundible, Manuel Llano describe a las anjanas de Los Tojos como seres femeninos altos, delgados y hermosos, de ojos negros y vestidas de blanco.
Se aparecían a vaqueras y jóvenes tristes para consolarlas y enseñarles labores como coser e hilar. Poseían poderes mágicos que les permitían transformarse y volar, y protegían a la gente persiguiendo a las brujas. Se decía que eran doncellas santas recompensadas por Dios para ayudar a los pobres, dejando alimentos y monedas. Permanecían dos siglos en la tierra antes de volver al cielo.
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Relato completo de Manuel LLano
En los Tojos -nos contó Agustín Merino, de Renedo- había unas anjanas muy altas y muy delgás y muy guapas que tenían los ojos muy negros.
Solían aparecese a las vaqueras y a las mozas enamorás que estaban tristes porque los sus novios estaban en la guerra o eran serradores que hacían el inviernu tierra adentro.
Las anjanas las consolaban y las enseñaban a coser y a hilar con las ruecas.
Estaban vestías de blancu y gastaban una corona de espinas verdes con unos puntos que relumbraban como los gusanos de seda.
Tocando la corona con la vara verde que llevaban en la mano derecha se podían convertir en piedra, en árboles, en viejas o en jóvenes, rubias y morenas, como a ellas se las antojaba.
Tenían unas alas que las servían para volar detrás de las brujas cuando iban a Cernégula y cortarlas el caminu pa que golvieran a las sus cocinas y dejaran en paz al prójimu.
Las trenzas las tenían rubias, y no cambiaban nunca de vestiu, como hacía el hiju de Dios Nuestro Señor con la su túnica.
Diz también que las anjanas eran doncellas que se morían como si jueran santas, y el Señor las daba la gracia de golver al mundu, llenándolas de riquezas para hacer bien a los probes y a los necesitaos.
Estaban en la tierra dos siglos y al cabu de los dos siglos volaban al cielu pa no golver a bajar más.
Los pies los tenían descalzos y a veces sangraban porque hacían penitencia de andar por encima de los escajos.
Por la noche, cuando la gente estaba descansando, andaban por las callejas de los pueblos y algunas veces dejaban monedas y sacos de harina en los portales de los vecinos más necesitaos.
En Los Tojos había otra anjana que tañía una campanilla en los bosques montesinos para indicar a los pastores el lugar en el que estaba la oveja, la cabra o la oveja extraviada…
Las Anjanas. RABEL
