La emigración, como destino, se va configurando a lo largo de los siglos hasta convertirse en un objetivo obligado y familiar para el hombre de Cantabria que aspira a elevar su condición económica y social. Y no son solo marinos, hombres de armas o religiosos y letrados, sino también profesionales destacados quienes trabajan por todos los caminos de España y fuera de ella como canteros, arquitectos, campaneros o vidrieros.
Todos llevan como meta el retorno, pero van dejando por los caminos su arte y su genio. Algunos no han de volver e incluso pasan desapercibidos, siendo sus hijos quienes ponen de manifiesto esa contribución a la tierra que los vio partir. Valgan como ejemplo los nombres de Lope de Vega, Calderón de la Barca y Francisco de Quevedo, tres figuras cumbre de nuestra literatura, hijos de montañeses que marcharon a la corte en busca de mejores oportunidades.
Los Indianos
Indiano es el nombre con el que en Cantabria se designa a todo aquel que emigró al continente hispanoamericano, «a las Indias», aunque también, por extensión, se aplique a los emigrantes a Filipinas y a países de América del Norte. Se marchan en las condiciones que pueden para buscar en las nuevas tierras la prosperidad; lo que supone que algunos, carentes de medios, se marcharan enrolados en barcos para costearse el pasaje.
Los indianos que, con sacrificio y años de nostalgia, mejoran su posición económica, desean revertir parte de sus ganancias a su tierra. Sus principales objetivos se manifiestan en la religión (pósitos, seminarios, parroquias, conventos y capillas), en la promoción cultural de sus pueblos (escuelas), así como en la construcción de hospitales y obras públicas (puentes, caminos, fuentes…).
Pero también costearon con esa riqueza sus propias viviendas. Los ejemplos de casas indianas son escasos en el siglo XVI; se desarrollan en el siglo XVII y se extienden sobre todo a lo largo del siglo XVIII.
Los capitales empleados en la arquitectura indiana llegaron mayoritariamente de Nueva España y Perú. La influencia americana en la construcción de casas en el norte peninsular viene marcada por la introducción del maíz en el siglo XVII, lo que permitió el desarrollo de la vida en el campo, mientras que el comercio con América en el siglo XVIII impulsó el desarrollo urbano.
Indianos importantes de este periodo en el Valle del Saja.
- Alguno de los indianos de Mazcuerras, a base de esfuerzo, trabajo, relaciones y suerte, lograron reunir grandes patrimonios que sirvieron para engrandecer la propiedad familiar mediante la compra de tierras, la fundación de patronatos eclesiásticos, la creación de obras pías y la concesión de créditos hipotecarios a campesinos, lo que afianzaba el prestigio de las familias. Es el caso de Francisco Gómez de Ceballos, mercader y vecino de Quito, natural de Ibio y fallecido en Panamá, quien dejó fundada una capellanía y 2.500 «pesos de a nueve» reservados para préstamos.
- Cos vio nacer a personajes importantes en la región, como José Antonio de la Campa y Cos (1674), militar y empresario. Cuando era aún muy joven emigró a Nueva España, estableciéndose en el estado de Chihuahua, en la hacienda de El Parral. Hermano del conde de San Luis de Valparaíso, Juan de la Campa y Cos, llegó a ser general de milicias. Con sus hermanos Fernando y Joaquín Pedro se dedicó al negocio de la minería en Zacatecas, San Luis de Potosí y El Parral de Chihuahua.
- De la misma familia fue Fernando de la Campa y Cos (1676-1742), oriundo también de la villa. Emigró muy joven a la región de Zacatecas (México) y amasó una gran fortuna en la minería, la ganadería y la agricultura. Fundó las antiguas escuelas de Cos, situadas al otro lado del puente de Santa Lucía, como manifiestan los escudos en los hastiales laterales del edificio cercano a la ermita. En 1830 había en la escuela 70 niños de Cos, Santibáñez y Carrejo. Fue pionero en la fundación de escuelas, capellanías y en la asistencia social a los ancianos. Contribuyó también a la mejora y ampliación de la Casa de la Torre.
- Pablo Fernández Calderón emigró a México en el siglo XVIII y financió importantes obras arquitectónicas y religiosas en Carmona, como la ermita de Las Lindes y la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.
- Francisco Díaz de Cossío, que hizo fortuna a través del comercio con el virreinato de México, destacó por su legado en Carmona; allí levantó la casona junto a la iglesia, el Palacio Rubín de Celis y diversas mejoras en el barrio de San Pedro.
La pérdida del continente americano a principios del siglo XIX cambió el rumbo de la emigración española y cántabra, que se dirigió hacia las últimas posesiones en América —Cuba, Puerto Rico y Filipinas—, influyendo en las nuevas casas indianas construidas en la región, basadas en la simplicidad y la simetría.
Al igual que en la etapa anterior, muchos montañeses no regresaron con sus capitales, sino que se asentaron en Madrid, Barcelona, Sevilla o Cádiz. Fue en Cuba donde se generó la mayor parte de las fortunas que revertieron en la región durante el siglo XIX, haciendo posible la arquitectura indiana montañesa, en un tránsito del modernismo al regionalismo.
En el medio rural, la mayor parte de los edificios durante el siglo XIX estuvo en manos de los profesionales conocidos como “maestros de obras”; sin embargo, desde principios del siglo XX los arquitectos los desplazaron en la mayor parte de Cantabria, partiendo de una clientela indiana. Los inmuebles adoptaron el gusto de sus propietarios: viviendas con saneamiento y ventilación natural, grandes ventanales acristalados, miradores, balcones y terrazas, situadas junto a carreteras, con acceso desde cocheras, muros de piedra y verjas de hierro que delimitaban jardines con plantas exóticas.
Indianos importantes en el Valle del Saja entre finales del siglo XIX y principios del XX
- A mediados del siglo XIX, el indiano Manuel Caviedes, emigrado a Cuba, fundó en Herrera de Ibio el Hospital de la Caridad para pobres del concejo (1879), así como una escuela y la vivienda para el maestro, asegurando la alfabetización de futuras generaciones.
- Claudio Rivero de la Vega, que residió en Cuba donde amasó una fortuna, construyó a su regreso a Cos la «Quinta Rivero» a finales del siglo XIX, un chalet ecléctico que combina la arquitectura tradicional montañesa con influencias cosmopolitas. Su sobrina realizó donaciones para la construcción del cementerio de Cos.
- Domingo Díaz de Bustamante y Vélez emigró a Cuba. Natural de Herrera de Ibio, erigió las escuelas del pueblo, contribuyendo significativamente al desarrollo educativo local.
- Rufino y Manuel Sánchez González emigraron a Cuba y construyeron su casa en Herrera de Ibio (1888), destacando por su trabajo de cantería y el pórtico de orden toscano con pilastras.
- Pedro Fernández de la Campa emigró a América y construyó en Mazcuerras el Palacio de las Magnolias (1882), una obra ecléctica de finales del siglo XIX, con estructura de piedra y ladrillo, rodeada por un jardín botánico de gran valor. Debido a la cercanía con Comillas —donde veraneaba la familia real— y a su amistad con el marqués de Comillas, el palacio acogió a destacadas personalidades, entre ellas la reina Isabel II, el rey Alfonso XII y las infantas Eulalia y Paz. También promovió obras de caridad y la construcción de escuelas.
- Ángel Díaz Díaz, emigrado a México, contribuyó a la construcción de las escuelas de Herrera de Ibio (1926).
Los Jándalos
Se refiere a los cántabros que emigraron durante la segunda mitad del siglo XIX a Cádiz, Puerto de Santa María y Jerez de la Frontera, este término proviene de la forma cómo los montañeses llamaban a los andaluces con la pronunciación aspirada de «andaluz» intentando imitar la pronunciación por los gaditanos.
Ya existió un antecedente de cántabros que emigraron a Cádiz y Puerto de Santa María en fechas remotas; fue entre 1262 y 1264, cuando Alfonso VIII pobló aquellas tierras con 300 familias montañesas de nuestras villas costeras.
Y después, en el siglo XIX, muchos jóvenes montañeses emigraron a Andalucía en busca de fortuna, respondiendo a la demanda de mano de obra en esta zona de Cádiz. Estos jóvenes, que tenían entre 12 y 14 años, se le llamaban “Chicucos”, la mayoría llegaban con lo puesto y no sabían leer ni escribir. Entraban a trabajar como aprendices en la tienda de ultramarinos o bodega de un familiar con el que la familia habría llegado a un acuerdo y poco a poco iban subiendo de categoría: dependientes, encargados, capataces y a veces llegaban a convertirse dueños de los negocios. Se llegaron a formar “Gremios de Montañeses” dueños de bodegas, tabernas y tiendas de ultramarinos.
La huella de los Jándalos también se hizo ver, ya que solían volver a sus pueblos de origen con frecuencia y los dotaban con escuelas, establecimientos benéficos u obras públicas, que contribuían al desarrollo económico y a la mejora cultural y de servicios sociales de su comarca.
Tal vez su referencia más visible la hayan dejado en la arquitectura. El jándalo regresaba para jubilarse, comprando tierras y ganado, lo que mantenía la estructura social pero bajo un nuevo orden económico basado en el capital acumulado fuera. Al volver con ahorros y una mentalidad más abierta, los jándalos modificaron la vivienda tradicional para adaptarla a un estatus superior.
- De la cuadra al salón: Se refinaron los materiales. Aparecen las grandes solanas (balcones corridos de madera) orientadas al sol, tallas más elaboradas en las viguerías y el uso de la piedra de sillería con escudos heráldicos que reafirmaban su hidalguía.
- Influencia meridional: Aunque parezca contradictorio, trajeron consigo gustos del sur. No es raro encontrar en algunas construcciones detalles decorativos o distribuciones que rompen con la austeridad del norte, buscando una mayor luminosidad. Popularizaron el gusto por las flores y los espacios decorados (geranios, enredaderas).
- Pueblos de referencia: Localidades como Carmona (declarada Conjunto Histórico-Artístico), Terán o Valle son museos vivos de esta impronta. Carmona, en particular, es el epítome de la «arquitectura de prestigio» financiada por el éxito comercial en el sur.
Al igual que los indianos, financiaron obras públicas: escuelas, fuentes, lavaderos, templos como la Iglesia de Santa María (Bárcena Mayor). Jándalos ilustres:
- En Cos, Heras y Alvear.
- En Mazcuerras, González de Castañeda (Invirtieron en famosas fincas y jardines) y Gutiérrez de la Concha (fuertes vínculos comerciales).
- En Ruente, López de la Campa, García de Cossío.
- En Terán, Fernández de los Río y Los Mier y Terán
- En Los Tojos, Ruiz de la Riva (tenderos y dueños de almacenes) y González de los Ríos (comerciantes de ultramarinos)
- En Bárcena Mayor, Los Corces y los Ceballos (Almacenes montañeses), familia del Fuente, Ceferino Marina Infantes, Manuel González de Juan. La construcción y mantenimiento de la iglesia de Santa María.
Pero los jándalos no regresaban para construir palacios que rompieran la estética del pueblo, sino para rehabilitar la casa familiar lo que ha permitido que Bárcena Mayor haya podido mantener su fisonomía de piedra y madera que hoy lo hace uno de los pueblos más bonitos de España.














