El Valle del Saja constituye uno de los espacios naturales más representativos y mejor conservados de Cantabria. El territorio comprendido entre el nacimiento del río Saja y su curso medio destaca por la gran riqueza de sus paisajes, formados por montañas, bosques atlánticos, praderas y cauces fluviales de gran valor ecológico.
Este entorno natural ha condicionado durante siglos la forma de vida de las poblaciones de la zona, estrechamente vinculadas al aprovechamiento tradicional de los recursos del medio. Tanto la caza como la pesca han formado parte de la cultura y la economía rural del valle.
La abundancia de fauna silvestre y la calidad de las aguas del río Saja han favorecido el desarrollo de una importante tradición pesquera y cinegética.
La pesca de la trucha común en los tramos altos del río y la caza de especies como el jabalí o el corzo han atraído durante generaciones tanto a habitantes locales como a visitantes procedentes de otros lugares.
Por otro lado, el ciervo o venado constituye una de las especies más emblemáticas de la Reserva del Saja. Habita principalmente en las zonas montañosas y boscosas de la comarca, donde encuentra refugio y alimento.
En la actualidad, estas actividades continúan teniendo una gran relevancia social, cultural y turística, aunque se desarrollan bajo una normativa orientada a garantizar la conservación del medio natural y la sostenibilidad de los ecosistemas. La protección del Parque Natural Saja-Besaya, de la Reserva Regional de Caza del Saja y la creciente conciencia ambiental han contribuido a promover prácticas más responsables y respetuosas con la naturaleza.
LA PESCA EN EL VALLE DEL SAJA
El río Saja es uno de los cursos fluviales más representativos de Cantabria. Nace en las montañas de la Sierra del Cordel y atraviesa algunos de los paisajes más característicos de la región, formando un entorno natural de gran valor ecológico y cultural. Desde sus primeros tramos en la cabecera hasta la zona de Santa Lucía, el río mantiene unas aguas frías, limpias y muy oxigenadas, ideales para el desarrollo de especies como la trucha común.
La pesca ha formado parte de la vida de los valles del Saja desde hace generaciones. Durante décadas, vecinos y pescadores han acudido a sus aguas atraídos por la calidad del río y por la abundancia de truchas salvajes. Aún hoy, el Saja continúa siendo un destino apreciado para la pesca deportiva, especialmente en sus tramos altos.
Las características del río varían a lo largo de su recorrido. En las zonas más altas predominan las corrientes rápidas, los fondos de piedra y los pozos profundos, lugares especialmente adecuados para la trucha común. Más abajo aparecen tramos con aguas algo más tranquilas y amplias, aunque siempre conservando el carácter montañoso y limpio del Saja.
Entre las zonas de pesca más conocidas destacan varios cotos tradicionales muy valorados por los pescadores cántabros. Uno de ellos es el coto de Cabuérniga, famoso por sus aguas rápidas y por la dificultad técnica que ofrece la pesca de sus truchas. También destaca el conocido Pozo del Amo o Pozu del Amu, un tramo muy frecuentado durante la primavera y el inicio del verano. En el entorno del río Argoza, afluente del Saja, se encuentran otros lugares emblemáticos como Correpoco y Bárcena Mayor. Correpoco es un tramo estrecho y muy natural, donde la pesca suele ser técnica debido a la claridad del agua y a la desconfianza de las truchas. Por otro lado, Bárcena Mayor es uno de los espacios más conocidos del Parque Natural Saja-Besaya y destaca tanto por su belleza paisajística como por la práctica de la captura y suelta.
La especie más representativa del tramo alto del Saja es la trucha común, un pez muy apreciado por los pescadores deportivos debido a su fuerza, su comportamiento salvaje y la dificultad que supone su captura. Estas truchas encuentran en el Saja un hábitat ideal gracias a la calidad del agua y a la abundancia de insectos acuáticos, aunque últimamente, en los tramos altos del Saja la abundancia es menor y la pesca es más técnica y menos predecible que en el pasado.
Las modalidades de pesca más habituales en esta zona son la pesca a mosca y la pesca con cucharilla. La pesca a mosca es especialmente popular porque permite una práctica más deportiva y respetuosa con el entorno. Además, en muchos tramos se fomenta la captura y suelta, una modalidad que busca conservar las poblaciones de peces y garantizar la sostenibilidad futura del río.
Para pescar en el Saja es obligatorio disponer de la licencia de pesca de Cantabria y, en el caso de los cotos, obtener también el permiso correspondiente. La normativa establece además periodos hábiles, cupos máximos y limitaciones sobre los cebos y los tipos de anzuelos permitidos. Estas normas tienen como objetivo proteger las poblaciones de peces y mantener el equilibrio natural del ecosistema fluvial.
La conservación del río es fundamental para asegurar el futuro de la pesca y del propio entorno natural. Por ello, cada vez se insiste más en la importancia de practicar una pesca responsable, evitando dejar residuos, respetando la vegetación de ribera y minimizando el impacto sobre la fauna y el cauce del río.
LA CAZA
Entre las actividades representativas de este entorno del Saja destaca la caza, una práctica que ha formado parte de la vida de los valles de Cabuérniga, Los Tojos y Campoo durante generaciones.
Gran parte del territorio comprendido entre el nacimiento del río Saja hasta Mazuerras se encuentra integrado en la Reserva Regional de Caza Saja, uno de los espacios cinegéticos más extensos e importantes del norte de España. Esta reserva, heredera de la antigua Reserva Nacional de Caza del Saja, fue creada con el objetivo de ordenar la actividad cinegética en un entorno de alto valor ecológico, garantizando al mismo tiempo la conservación de la fauna y el equilibrio de los ecosistemas. La Reserva del Saja abarca montes, valles y zonas de alta y media montaña, cuya gestión se realiza mediante planes técnicos, cupos y permisos específicos que regulan las capturas y aseguran la sostenibilidad de las poblaciones.
Entre las especies de caza mayor más importantes destaca el jabalí, muy abundante en todo el territorio y habitual en batidas organizadas durante la temporada hábil. También es muy representativo el corzo, cuya población ha aumentado en las últimas décadas y que habita principalmente zonas de bosque y matorral. El ciervo o venado es otra de las especies más emblemáticas de la reserva, especialmente protagonista durante la época de la berrea en otoño, cuando los machos emiten sus característicos bramidos en los valles y montes del Saja.
En cuanto a la caza menor, tradicionalmente han tenido importancia especies como la becada, el conejo o la liebre, aunque su presencia varía según las condiciones del hábitat y la evolución de las poblaciones. La becada, en particular, es muy apreciada por la dificultad que supone su caza en zonas boscosas y húmedas.
La actividad cinegética en el Saja está estrechamente ligada al paisaje y a la cultura rural de la comarca. En la actualidad, se desarrolla bajo una normativa estricta que regula licencias, periodos hábiles, cupos y zonas de protección. Esta regulación busca compatibilizar el aprovechamiento cinegético con la conservación del medio natural y la biodiversidad.
La Reserva del Saja también tiene un importante valor ambiental y turístico, ya que la presencia de grandes mamíferos como el ciervo o el corzo atrae a numerosos visitantes, especialmente durante la berrea, contribuyendo al turismo de naturaleza en la comarca.









