Si existe un símbolo que personifique la resistencia, la elegancia y la historia de Cantabria, ese es, sin duda, la vaca tudanca. No es simplemente una raza bovina, es un monumento vivo, una pieza clave del ecosistema y la expresión máxima de la identidad de «La Tierruca».

Visitar la Mancomunidad Reserva del Saja y no ver una tudanca es no haber visto la Cantabria real. Su silueta es inconfundible: de tamaño medio, ágil y con unos cuernos en forma de lira. Lo más fascinante es su pelaje; las hembras lucen un tono grisáceo que los ganaderos llaman «hosco», adornado con una veta negra que recorre su lomo, mimetizándose perfectamente con la roca caliza y la niebla de nuestras cumbres.

Históricamente, la tudanca fue el motor de la economía rural. Antes de que los tractores llegaran a las pendientes más pronunciadas, eran estas vacas las que tiraban de los carros y labraban la tierra. Su carácter noble pero indómito las hacía perfectas para el trabajo duro y para sobrevivir a los inviernos más crudos en régimen de extensivo y libertad.

Hay una cita ineludible: las ferias y «pasás». El descenso de las reses desde los puertos de montaña hacia los pueblos al llegar el otoño es un espectáculo sensorial.  Destacan en CarmonaLa Pasá«) el último sábado de septiembre y en Valle (“La Campaná“) el segundo domingo de octubre. Además, el último domingo de octubre en Ruente se realiza la Feria y Concurso Exposición Monográfico Regional de Ganado Vacuno de Raza Tudanca  (“La Nogalea”).

  •  Se oye el  eco de los campanos (grandes cencerros) que resuena en todo el valle.
  •  Los animales lucen sus mejores galas, con los campanos sujetos por collares de madera (cebillas) talladas artesanalmente.
  • Los ganaderos / pastores caminan orgullosos junto a ellas, manteniendo vivo un rito que se ha transmitido de generación en generación.

     

Ver a la vaca tudanca en su hábitat es comprender por qué el paisaje cántabro es como es. Gracias a su pastoreo, se mantienen limpios los montes y se preserva la biodiversidad. Además, para el viajero gourmet, la carne de tudanca (reconocida por su calidad y sabor intenso) representa el culmen de la gastronomía de proximidad y sostenible.