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Riaño de Ibio, que toma su nombre del cercano Monte Ibio, se encuentra a una altitud aproximada de 104 metros sobre el nivel del mar. Según datos actuales de 2026, cuenta con una población de 160 habitantes. Junto con Ibio, Herrera de Ibio, y Sierra de Ibio, forman el histórico “Concejón de Ibio”, una entidad tradicional que agrupa a los pueblos de la zona norte del municipio.
Desde el punto de vista geográfico, el núcleo se emplaza en una zona de confluencia de varios arroyos, destacando su proximidad al arroyo Ceceja, afluente del río Saja. Esta circunstancia condiciona tanto su topografía como su configuración histórica del poblamiento.
El topónimo “Riaño” deriva del latín rivi angulu, cuyo significado es “ángulo” o “recodo del río”, en referencia directa a su localización en un meandro o inflexión del curso fluvial. La evolución documental del nombre está atestiguada en distintas fuentes históricas: aparece como Rianno en el año 1352 en el denominado Becerro de las Behetrías, y su existencia se remonta al menos al año 998, según consta en el Cartulario de la Abadía de Santillana.
En cuanto al patrimonio arquitectónico, destaca el Palacio de Gómez de la Torre, vinculado a la familia homónima y que constituye un ejemplo muy representativo de arquitectura civil señorial en el ámbito rural cántabro. También es de interés los ejemplos de pajareta, un recurso arquitectónico, a modo de pequeña balconada, que se comenzó a usar como espacio de almacenamiento -heno, maíz- y que con el tiempo dio lugar a soluciones más desarrolladas como la solana, un paso intermedio entre la casa llana y la casona montañesa, que muestra ese proceso de ampliación y adaptación de las viviendas tradicionales.
La localidad ha sido lugar de origen de diversas figuras relevantes, entre ellas el escultor Juan Gómez Ruiz (n. 1957) y el religioso Anselmo Gómez de la Torre y Sánchez Calderón, vinculado tanto al desarrollo patrimonial como a la proyección histórica del enclave.
ITINERARIO
Casa con Torre adosada
Se trata de un edificio estructurado en dos cuerpos a los que se accede a través de una portalada de sillería. El bloque derecho de la portada ofrece un reflejo de la típica casa montañesa seguramente de principios del siglo XIX; y el izquierdo, una torre adosada al cuerpo anterior.
La casa montañesa a pesar de haber sido modificada guarda las características propias de este tipo de construcción: planta rectangular, dos alturas más buhardilla, tejado a dos aguas y muros de mampostería a excepción de la sillería en los cercos de los vanos, esquinales y el cuerpo inferior de la fachada principal, uno de los elementos más genuinos. Sobre este se dispondría la solana, que ha sido transformada por un mirador de madera que delimitan los cortavientos y el alero superior.
La torre es un cuerpo de planta rectangular, a tres alturas y tejado a cuatro aguas cuyo paramento es de mampostería, dejando, como en el edificio contiguo, el uso de la sillería para los cercos de los vanos y los esquinales.
Casa Jovita
Casa con solana y sin soportal que se observa desde la carretera principal, con elementos propios de principio del siglo XIX. De planta rectangular, dos alturas y tejado a cuatro aguas, se encuentra adosada a otra vivienda de fecha similar, apreciándose en la estructura una ligera curva o canto redondeado en su muro derecho, debido seguramente a la pretensión de aprovechar la esquina de la calle.
El cuerpo inferior de la vivienda es de piedra de sillarejo y esquinales y cercos de puerta y ventanas en sillares de piedra al igual que la mayoría de casas tradicionales de la zona. La fachada de la planta superior aparece revocada, con sillares en los tres vanos dispuestos en simetría, y una sencilla solana que consta de tres tramos.
Palacio Gómez de La Torre
El Palacio de los Gómez de la Torre, situado en las inmediaciones del río Ceceja, constituye uno de los ejemplos más representativos de la arquitectura palaciega barroca montañesa. Su construcción se desarrolla entre finales del siglo XVII y comienzos del XVIII, promovida por don Anselmo Gómez de la Torre y Sánchez Calderón, obispo de Tuy y general de la Orden de San Benito, miembro destacado de un linaje con gran arraigo en la comarca.
El conjunto responde a una organización compleja y jerarquizada, integrada por el edificio principal, una capilla adosada sin vanos y una construcción anexa -probablemente destinada a guardeses- de la que actualmente solo se conservan los muros testeros.
Al recinto se accedía a través de una imponente portalada de sillería, hoy parcialmente erosionada, que constituye uno de los elementos más destacados del conjunto. Esta portalada presenta una rica decoración barroca. En el nivel inferior se abre un arco de medio punto rebajado, cuyas dovelas aparecen ornamentadas con motivos florales y enmarcadas por pilastras rehundidas y columnas estriadas. El entablamento desarrolla una profusa decoración vegetal, mientras que el cuerpo superior se remata con un frontón en cuyo centro se dispone un escudo nobiliario sostenido por leones.
Toda la finca del Palacio está rodeada por una alta cerca de piedra que presenta, por tramos, una especie de torrecillas o cubos circulares que además del sentido funcional de refuerzo estructural tiene un valor simbólico y de prestigio por imitar elementos defensivos al modo de una pequeña fortificación.
El palacio propiamente dicho presenta planta rectangular, dos alturas y cubierta a cuatro aguas, construido íntegramente en sillería. La fachada principal se caracteriza por su orden y simetría: en la planta baja se disponen tres arcos de medio punto apoyados sobre pilastras molduradas, que dan acceso a un amplio zaguán donde se sitúa la puerta principal adintelada. Sobre este nivel se desarrolla un balcón corrido, apoyado sobre una peana de piedra, que articula dos vanos rectangulares con orejeras. Entre ellos destaca un gran escudo de armas, de notable complejidad iconográfica, que reúne los emblemas del linaje Gómez de la Torre, sostenido por figuras fantásticas y elementos heráldicos de gran riqueza decorativa. En el interior del edificio se conserva otro escudo con las mismas armas.
Desde el punto de vista formal, el edificio responde a los principios de sobriedad, equilibrio y rigor geométrico característicos de las casonas palaciegas de la región, si bien presenta un mayor desarrollo volumétrico y una ornamentación más destacada en vanos y accesos que otros ejemplos cercanos.
El palacio constituye además la casa solariega del linaje Gómez de la Torre, cuya implantación en la zona se remonta a Sebastián Gómez de la Torre y María Gómez de la Guerra. A lo largo del siglo XVIII, la familia consolidó un notable poder económico en el valle de Cabezón, con extensas propiedades en localidades como Ibio, Casar, Mazcuerras, Carrejo, Ontoria y Cabezón de la Sal, llegando a controlar una parte significativa de las tierras cultivadas y del ganado de la comarca.
Casa llana reformada
En las inmediaciones del Palacio de los Gómez de la Torre encontramos una antigua casa llana reformada y ampliada en dos viviendas actualmente. La planta es rectangular y su tejado a dos aguas y sobre pie derecho con zapata es la señal más clara de que el volumen fue único en su origen. Es clara también la profundidad de su fachada, protegida por la proyección del alero, que tiene todos sus vanos enmarcados en sillar. Además del muro de separación entre las dos casas actuales y el volumen añadido en su extremo izquierdo, destaca el gran buhardillón que anuncia la existencia de esa segunda altura en la que termina evolucionando este tipo de vivienda.
Ermita de San Vítores
Capilla en el centro del pueblo de la que ya se tienen referencias medievales, aunque su aspecto actual es más propio del siglo XVIII.
A ella se accede a través de un cuerpo rejado sostenido por dos pilastras de sillería cuya basa y friso son corridos estando rematado en un tejado a tres aguas. En ella destacan elementos como la tronera de piedra rematada en cruz y los cuatro contrafuertes laterales de sillería. Se encuentra abierta al culto en la festividad de San Vitores, siendo su Iglesia Parroquial, la correspondiente al término de Ibio.
La fiesta de San Vítores se celebra el 26 de agosto. Es una celebración tradicional popular que incluye verbenas, romerías y actos religiosos en honor al mártir.
Casa llana con pajareta
En el Barrio del Jurín, se encuentra esta antigua casa llana del siglo XVI. A pesar de sus transformaciones contemporáneas, y de no estar clara la evolución del muro lateral derecho, muestra la típica evolución de casa llana de una planta a casa de dos plantas, manifestado esa transición con la pajareta que se observa actualmente, algo modificada, pero seguramente partiendo de la tipología antigua, utilizada para secar y almacenar productos de las cosechas.
La vivienda muestra las características típicas de una casa llana con pajareta: la altura mínima de la fachada, dando lugar a una puerta sobre la balaustrada hacia el pajar; dos alturas con escalera interior, en este caso descubierta que da acceso al cuarto alto; y un espacio abierto al portalón. Presenta una tipología intermedia entre la casa de planta baja y la casa de dos plantas con solana, mostrando una fachada que puede parecer reducida en tamaño para lo que supone la proyección de su volumen en el fondo. La fachada conserva elementos de sillería en esquinales y cercos de vanos y puertas, siendo el resto de sillarejo. La «estacia del peregrino» en el lateral izquierdo, muestra una puerta de entrada adintelada con los ángulos rebajados moldurados a modo de zapata.
La antigüedad del inmueble viene marcada por una ventana gótica con el arco ligeramente apuntado en la fachada posterior y encuadrada por sillares de piedra; dentro de la casa, en la planta inferior, se puede observar otra pequeña ventana ciega de reminiscencia románica encuadrada por sillería, así como un arco carpanel o rebajado de la misma sillería, que da acceso a la cocina.
Sabías que… En muchas casas antiguas situadas cerca de caminos históricos o rutas de paso existía la costumbre de dar alojamiento a viajeros pobres o peregrinos. Para ello se reservaba una habitación sencilla, el cuarto del peregrino, que se encontraba normalmente en la planta baja, separada del espacio familiar, para no mezclar al huésped con la vida privada de la casa y con acceso relativamente independiente desde el portal, corral o patio.
Casona Barroca
Se trata de una finca privada que solo puede observarse parcialmente. En el muro donde se sitúa la portalada adintelada sobresale un elemento singular: una inscripción ubicada en la ventana central de sillería, enmarcada sobre un ligero resalte del paramento a modo de cuadro, con la leyenda “AÑO 1635 AÑOS”, que da testimonio de la antigüedad del inmueble.
El edificio presenta planta rectangular, con dos alturas y un altillo, cubierto por un tejado a tres aguas. La fachada principal -no visible desde la vía pública- está ejecutada en sillería, mientras que los muros laterales son de sillarejo. Destaca en uno de estos laterales la continuidad de la sillería desde el cortaviento, que se prolonga hasta una ventana con repisa moldurada; igualmente resulta de interés la cornisa moldurada que remata este mismo lienzo.
La fachada principal cuenta con dos arcos de medio punto que conforman un amplio soportal, así como una solana de madera restaurada, organizada en tres tramos. Pese a la dificultad de su visionado por encontrarse la fachada en el espacio privado de los accesos a la finca, los incluimos por su interés patrimonial.
Casa llana en el barrio de La Fuente
Lo mismo nos ocurre con esta construcción, cuya fachada se encuentra en el interior de la finca. Dentro de un conjunto de viviendas dispuestas en hilera se localiza esta casa llana del siglo XVI, la única que ha llegado hasta nuestros días sin transformaciones tan profundas como el resto, que han sido notablemente reformadas.
Se trata de una edificación de una sola altura en su fachada principal cuyo soportal presenta al fondo un arco de medio punto, en cuyo interior se ha dispuesto una puerta adintelada que da acceso a la vivienda. Conserva asimismo elementos tradicionales, como el bocarón utilizado antiguamente para introducir la hierba en el pajar, y muestra una fábrica de sillería y sillarejo en sus muros.
Casa con solana
Vivienda con solana situada junto a la carretera principal, que presenta rasgos característicos de comienzos del siglo XIX. A pesar de haber sido objeto de diversas reformas, mantiene elementos originales, como las ventanas de sillería en el muro lateral, una de ellas con sobria moldura y umbral pétreo.
Los paramentos se encuentran encalados, quedando la sillería visible únicamente en las esquinas y en los marcos de los vanos. La portalada es adintelada, y en la parte inferior del muro lateral se aprecia fábrica de sillarejo.
Conserva una sencilla solana de madera, dispuesta en dos tramos y sin ornamentación, que presenta la particularidad de no prolongarse hasta el muro izquierdo, al quedar interrumpida en el espacio destinado a pajar. La vivienda está adosada a otra de características constructivas similares.





























