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Renedo de Cabuérniga se asienta en una zona llana y ligeramente deprimida del fondo del valle, junto al río Saja, sobre su llanura de inundación, rasgo que queda reflejado en un topónimo frecuente en el ámbito cantábrico.
Su emplazamiento histórico responde a un punto estratégico de paso: hasta aquí llegaba la vía medieval que, abandonando la ribera, se dirigía hacia Los Tojos a través de Llendemozó, así como la ruta utilizada por las diligencias que conectaban el valle con Cabezón de la Sal. Destaca la llegada del camino del alto Saja al fondo del valle a través del Puente de las Trechas, por donde, al parecer cruzó Carlos I el Saja en su camino hacia Castilla.
El pueblo no tiene una forma compacta, sino que se organiza en pequeños barrios dispersos entre prados, huertas y espacios abiertos. Esta forma de asentarse responde a la vida tradicional ganadera, en la que cada casa necesitaba su propio terreno. Su poblamiento se encuentra diseminado, con algunas hileras y agrupamientos aislados. El conjunto arquitectónico es rico y diverso, con casonas barrocas y neoclásicas, casas llanas y edificaciones con pajareta, además de elementos singulares como un molino rehabilitado junto al Puente de las Trechas.
Renedo fue declarado Bien de Interés Local, con la categoría de “conjunto histórico” (BOC, 26 de octubre de 2004), por su notable integración paisajística en el valle y la riqueza de sus arquitecturas. Si seguimos el rastro de sus tradiciones encontraremos la bolera, una de las más antiguas de Cantabria, reflejo del arraigo del juego de los bolos en la comarca y su relevancia.
ITINERARIO
Casa neoclásica
La casa neoclásica de Renedo se configura como un edificio de planta cuadrada, con tres alturas más buhardilla y cubierta a cuatro aguas, construido principalmente en mampostería, probablemente encalada en su origen. Los esquinales y los cercos de los vanos están realizados en sillería, lo que aporta solidez y definición al conjunto. La distribución de los huecos es regular, con grandes dimensiones y ausencia de ornamentación, característica habitual de la arquitectura neoclásica rural.
Destacan los balcones en voladizo sobre peanas de sillería moldurada, con balaustradas de forja, que se abren en tres de los muros a la altura del tercer piso, proporcionando un ritmo elegante a la fachada. La simplicidad decorativa se extiende también a la madera: aunque la casa no dispone de solana, cuenta con un amplio alero sin tallar que subraya su austeridad formal.
La fecha de construcción, 1829, grabada en el dintel de la puerta principal, sitúa la edificación dentro del período neoclásico, época en la que la nobleza y la burguesía rural cántabra buscaban reflejar prestigio y sobriedad en sus viviendas, combinando funcionalidad agrícola con presencia señorial. Este inmueble es un ejemplo destacado de cómo la arquitectura doméstica del valle de Cabuérniga adoptó los códigos estéticos neoclásicos sin perder sus rasgos rurales.
El Palacio
En el centro del pueblo, junto a la carretera, se alza la casona conocida localmente como “El Palacio”, un imponente edificio del siglo XVIII que, a pesar de su denominación popular, responde a las características de una vivienda señorial rural de gran tamaño. Actualmente está dividida en dos viviendas independientes, como evidencia el machón de sillería que separa el edificio en dos mitades, carente del mensulón típico de los cortavientos, al igual que ocurre en los muros laterales.
El gran porte de la casona se aprecia especialmente en el piso bajo, donde una arcadura formada por cuatro arcos de medio punto abre el soportal, flanqueado por un cuarto lateral en cada extremo, conocido como «estancia del peregrino«.
Sabías que… En muchas casas antiguas situadas cerca de caminos históricos o rutas de paso existía la costumbre de dar alojamiento a viajeros pobres o peregrinos. Para ello se reservaba una habitación sencilla, el cuarto del peregrino, que se encontraba normalmente en la planta baja, separada del espacio familiar, para no mezclar al huésped con la vida privada de la casa y con acceso relativamente independiente desde el portal, corral o patio.
Los pilares que sostienen los arcos están decorados en relieve, con un barrote vertical cruzado por otros horizontales en la cara frontal, y el mismo motivo con barrotes curvos en los laterales, un modelo que se repite en otras casonas de Renedo. Un pequeño arco de medio punto dividía el soportal, permitiendo el paso de un lado a otro: la derecha destinada a vivienda, la izquierda al ganado, accesible mediante una puerta adintelada de dos hojas para el tránsito de carros.
La mitad derecha, construida en sillería, indica la zona noble, posiblemente más antigua que la izquierda, como se aprecia en la parte trasera. La solana se extiende en seis tramos a lo largo de la fachada, conservando restos de talla en zapatas y mensulones, mientras que la mitad izquierda presenta vanos con sencillos dinteles de sillería y relieves de ondas en la imposta inferior de la balaustrada.
El edificio contaba con una amplia corralada frente a la casa, de la que aún se conserva parte del empedrado y restos del muro de cierre. También disponía de una portalada, desmontada y trasladada a Comillas. Esta casona constituye un ejemplo destacado de la arquitectura rural señorial de Renedo, combinando funcionalidad agrícola con presencia señorial y riqueza ornamental.
Casona montañesa
Se trata de una típica casona montañesa construida en el siglo XVIII, caracterizada por una fachada completamente resuelta en piedra de sillería y un soportal con dos arcos de medio punto, flanqueados en cada extremo por un cuarto lateral.
Los arcos descansan sobre una pilastra central decorada en relieve con motivos geométricos. El cuarto lateral izquierdo se ilumina mediante una ventana enmarcada con molduras de orejones poco salientes, cerrada con una reja volada rematada por una cruz flordelisada. En el lado derecho ya no se conserva la habitación lateral, aunque una pequeña ventana todavía ilumina el soportal, donde se aprecia el hueco del antiguo bocarón. El resto del soportal está construido en sillería, con pequeñas puertas adinteladas recorridas por molduras sencillas.
La solana se organiza en cuatro tramos, accesible mediante dos puertas y dos ventanas que repiten las molduras del piso bajo. Conserva la talla original, destacando la imposta inferior de la balaustrada, el apoyabrazos, los mensulones con sus habituales «pitones cabuérnigos» y las zapatas, decorados con cadeneta de sogueado y denticulados. En el muro lateral izquierdo se conservan los restos de un gran balcón en voladizo, protegido por un tejadillo de madera, que sigue el mismo esquema ornamental que la solana.
Casona de Horma
La Casona de Horma se encuentra enclavada en una amplia finca cerrada, a la que se accede a través de una imponente portalada con tres puertas y una campana fechada en 1710. El conjunto está compuesto en realidad por dos casonas del siglo XVIII, construidas de manera simultánea y unidas por el muro hastial, con características idénticas, lo que sugiere que fueron destinadas a dos miembros de una misma familia.
Las fachadas, de sillería, presentan en el piso bajo dos arcos de medio punto que daban acceso al soportal, comunicados entre sí por un arco adicional en el hastial. Los arcos descansan sobre pilares decorados con motivos vegetales y religiosos, variados de una casa a otra pero dentro de la misma temática, y cada casona cuenta con un cuarto lateral en el extremo libre.
Las solanas, de tres tramos, se abren mediante una puerta central moldurada flanqueada por ventanas protegidas con reja volada rematada en cruz. Los muros de las solanas culminan en una cornisa corrida de sillería moldurada, que se retranquea para alojar las vigas que sustentan un alero más desarrollado que el del piso bajo. La talla de cadeneta de sogueado predomina tanto en la balaustrada como en el alero y los mensulones.
Adosada a la casona se eleva una torre de planta cuadrada con tres alturas y cubierta a cuatro aguas, evocando las torres medievales tradicionales de la comarca. Además, el conjunto incluye una pequeña ermita trasladada desde Helguera de Reocín y reconstruida piedra a piedra, completando un complejo arquitectónico que combina funcionalidad, representatividad familiar y riqueza ornamental.
Lavadero
La fuente con lavadero de Renedo se encuentra en el barrio de la Iglesia. Fue construida por los propios vecinos a comienzos de la década de 1970. El conjunto está formado por una fuente y un lavadero. La fuente cuenta con una pila independiente, conectada con el pilón principal, ambos construidos en piedra y rematados en hormigón. Desde el pilón, el agua pasa al lavadero a través de un conducto central.
El lavadero tiene forma poligonal y está realizado en hormigón, con una superficie rugosa que facilitaba el lavado de la ropa. Consta de una sola poza y se encuentra protegido por una sencilla construcción con cubierta a dos aguas de teja árabe, apoyada sobre muros y vigas de madera.
Los lavaderos, además de su función práctica, fueron durante mucho tiempo lugares de encuentro y relación en la vida cotidiana del pueblo.
Casona de Gómez y Terán
La Casona de Gómez y Terán, representativa de la arquitectura montañesa del siglo XVIII, se sitúa al inicio de una hilera junto a la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Presenta una fachada de sillería con dos arcos de medio punto en el piso bajo que dan acceso al soportal, y una solana de tres tramos en la planta superior.
El pilar central que sustenta los arcos muestra una rica decoración en relieve. En la cara lateral aparece el motivo, frecuente en la zona, de un barrote vertical cruzado por semicírculos, en este caso enriquecido con flores de seis pétalos. En la cara frontal se dispone un programa más elaborado, con un florón en la parte inferior, una cruz en el centro y, en la zona superior, unas bandas que evocan las armas de la familia Terán.
A la izquierda se dispone un cuarto lateral, iluminado por una pequeña ventana con moldura sencilla y cerrada con reja volada rematada en cruz flordelisada. En el interior del soportal, varias puertas adinteladas dan acceso a las distintas dependencias de la vivienda.
La solana, de tres tramos, presenta dos ventanas y una puerta adinteladas, de traza sobria, con ligeras molduras rehundidas. Conserva restos de talla decorativa, entre los que destacan motivos de taqueado y cadeneta de sogueado, y el trabajo de tallado en el frente de las ménsulas al modo de los llamados «pitones cabuérnigos«.
En su muro oeste, exento, se sitúa un escudo nobiliario de gran tamaño con las armas de Gómez y Terán, junto a una ventana similar a las de la fachada principal. En este mismo lado se abre una portalada de incorporación reciente, formada por un arco de medio punto procedente de una antigua casa llana de época renacentista.
Finalmente, en el muro cortavientos derecho aparece un segundo escudo, más sencillo, con las armas de Terán, que se repite en la construcción adosada, originalmente vinculada a la casona.
Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción
La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción es uno de los templos más antiguos del valle de Cabuérniga y guarda siglos de historia entre sus muros. Aunque su aspecto actual se remonta principalmente al siglo XVII, todavía conserva huellas de una etapa anterior, probablemente del siglo XVI, lo que la convierte en un interesante ejemplo de cómo los edificios evolucionan con el tiempo. A simple vista, destaca una sólida estructura de tres naves. La central es más ancha, pero todas tienen la misma altura, lo que crea una sensación de equilibrio y amplitud en el interior. El ábside, de planta cuadrada, sigue esa misma armonía.
Merece la pena detenerse en la portada principal, situada a los pies del templo. Es de estilo barroco y está ricamente decorada: pueden descubrirse conchas, pequeñas cabezas de ángeles y motivos vegetales tallados en la piedra. Encima, un frontón abierto con un óculo y una cruz remata el conjunto, acompañado por escudos religiosos.
También en el exterior se alza la espadaña, donde se alojan las campanas, con sus formas sencillas y remates en bolas y pináculos, muy típicos de la tradición que Juan de Herrera, nacido a pocos kilómetros de aquí, impulsó en la arquitectura de la época. En uno de los lados se encuentra la casa rectoral, con un pequeño porche.
Al entrar, es fácil percibir que la iglesia se construyó en distintas etapas. La cabecera es la parte más antigua: el arco que la separa del resto del templo es ligeramente apuntado y se apoya en capiteles decorados con figuras sorprendentes, como cabezas humanas y animales. Son detalles que mezclan estilos y nos hablan de un momento de transición entre lo románico y lo gótico.
El techo también tiene su interés. Las bóvedas, con sus nervios entrecruzados, crean un juego de formas que cambia según la zona: más sencillo en las naves laterales y más elaborado en la central. Si levantas la vista en el ábside, verás una clave decorada con un escudo que aún conserva restos de color, testimonio de una época en la que todo estaba policromado.
Por último, el retablo mayor, del siglo XVIII, capta la atención por su originalidad. Las figuras se organizan de una manera poco habitual, en parejas superpuestas, y el conjunto se remata con dos grandes hojas de roble entrelazadas. En el centro, la imagen de la Virgen destaca por su delicadeza: aparece sobre una nube rodeada de ángeles y envuelta en un resplandor. Se cree que fue realizada por un discípulo de Salzillo y, según la tradición, fue un regalo de un importante personaje vinculado a la iglesia en el siglo XVIII.
Hilera con casa pajareta
Se trata de una casa pajareta del siglo XVI, resultado de la elevación de una casa llana preexistente, con soportal sostenido por pies derechos de madera y acceso principal mediante un arco de medio punto de tradición renacentista. El soportal, parcialmente cerrado por un cuerpo lateral en el lado derecho, presenta pequeñas puertas adinteladas en el piso bajo.
En la planta superior se desarrolla una solana de escasa altura que recorre tanto la fachada principal como el lateral, con grandes balaustres torneados y una sencilla talla de huso y cuenta. Esta primitiva solana debió de contar con acceso directo desde el soportal mediante una escalera, como sugiere la interrupción de la balaustrada antes de alcanzar el muro, posteriormente cegada. El cerramiento de la solana aparece encalado, conservando en su parte superior un remate de tablazón de madera.
Palacio de Rubín de Celis
En el barrio de la Iglesia, nos encontramos con uno de los conjuntos más interesantes de Renedo: el formado por el Palacio de Rubín de Celis y una serie de casonas adosadas que configuran una pequeña calle con mucho carácter.
El Palacio de Rubín de Celis destaca de inmediato por su tamaño y su aspecto. Es un edificio de planta rectangular, con tres alturas y tejado a dos aguas. A diferencia de las casonas habituales del valle, responde más al modelo de los palacios montañeses, como el de Mier, en Carmona, construido pocos años antes y con el que guarda muchas semejanzas, hasta su propia referencia ya que también es conocido como Palacio de Rubín de Celis.
Su fachada, completamente de sillería, resulta imponente. Una moldura horizontal bien marcada divide visualmente las tres plantas. En la parte baja, dos arcos de medio punto -uno de ellos hoy cegado- daban acceso al soportal, sostenido por un pilar cuadrado decorado con relieves: motivos florales en el frente y geométricos en el lateral. A la derecha se abre una pequeña ventana moldurada, protegida con una reja embutida.
En el segundo piso llaman la atención dos balcones en voladizo, apoyados sobre piezas de piedra moldurada y con barandillas de hierro forjado. Las puertas que dan acceso a estos balcones presentan una elegante moldura en forma de gola, la misma que aparece en otras ventanas de la fachada. Entre ambos balcones se sitúa un gran escudo heráldico, donde se combinan las armas de Rubín de Celis, Gómez, Cossío y Terán, identificadas mediante pequeñas inscripciones. Justo encima puede leerse la fecha de la obra: 1753. En la planta superior, destacan dos ventanas con barandillas de madera y otras dos con reja, siguiendo la estética del resto del edificio.
El alero sobresale notablemente, sostenido por vigas que quedan encajadas en un ligero retranqueo de la fachada, una solución típica de la arquitectura local. Sin embargo, contrasta su tamaño con la ausencia de decoración tallada.
En el lateral derecho, el único visible, existió un balcón volado de tres tramos, hoy desaparecido, del que aún quedan algunos restos decorativos. En este mismo lado, y también en la parte trasera, pueden verse las antiguas piedras fregaderas, utilizadas como desagüe.
Hilera junto al Palacio de Rubín de Celis
Junto al palacio se levanta otra casa con la que comparte muro. En su fachada se conserva un relieve decorativo con pináculos rematados en bolas y un florón enmarcado, junto a una inscripción que recuerda a su promotor: “ESTA OBRA HIZO FELIPE DE LA VEGA Y GUERRA AÑO DE 1716”.
Aunque su fachada también es de sillería, esta casa es más sencilla: no tiene soportal ni solana. En la planta baja se abren una puerta y dos ventanas adinteladas con reja embutida, y sobre una de ellas puede verse un reloj de sol. En el piso superior, un balcón en voladizo, similar a los del palacio, aunque con un aire más barroco, se acompaña de dos ventanas laterales. El alero, amplio, vuelve a carecer de decoración.
Un poco más adelante encontramos otra vivienda interesante, también con fachada de sillería. En este caso, un arco de medio punto da acceso al soportal, cuyo interior conserva el suelo de losas de piedra. Dentro se abren una puerta y una pequeña ventana con reja. En el lado izquierdo se aprecia un arco muy rebajado que fue posteriormente cegado al construirse el muro contiguo. La fachada se remata con una cornisa moldurada de piedra, en la que se integra un escudo con las armas, entre otras, de Castañeda. Junto a él aparece una inscripción de carácter religioso: “ALABADO SEA EL SACRAMENTO, I.H.S.”
Esa misma cornisa continúa en la casa siguiente, lo que indica que ambas tuvieron un origen común, probablemente familiar. En la planta superior destaca un balcón corrido de poca altura, sostenido por vigas de madera, decorado con un motivo ondulado y un tallado interesante en el frente de las ménsulas al modo de los llamados «pitones cabuérnigos«. En su parte central se ha incorporado un reloj de sol, posiblemente de fechas más recientes. En el muro de cierre de la solana aparece un pequeño escudo, de aspecto más antiguo, con las armas de Rubín de Celis.
En la pequeña plaza que termina la hilera podemos ver las señales claras de lo que debió ser una casa llana renacentista adaptada a nuevos usos. Destaca su arco de medio punto de grandes dovelas. Lo que debió ser el bocarón se ha transformado en ventana y complementado por otro vano con un pequeño balcón. La parte alta, la dedicada a guardar la hierba originariamente ahora es de habitación y eso ha supuesto una reforma más, y es recortar el habitual tejado para permitir luminosidad a los cuartos.
Casona de la Castañera
En el barrio de la Castañera se localiza esta casona barroca, actualmente dividida en dos viviendas independientes, circunstancia que ha alterado parcialmente su configuración original.
La construcción primitiva contaba con tres arcos de medio punto en el piso bajo, de los cuales el central se encuentra hoy cegado, aunque se conservan los pilares con decoración de relieves geométricos. La solana, originalmente de cuatro tramos, ha sido también transformada y ha perdido buena parte de su interés tras las reformas. En el muro hastial derecho se conserva la piedra fregadera de la antigua cocina, situada, como era habitual, en la planta superior.
Junto a la casona se levanta una robusta construcción de mampostería, de gran volumen y planta cuadrada, que evoca las torres medievales de la comarca. Adaptada al desnivel del terreno, presenta tres alturas en uno de sus lados y se refuerza con dos potentes contrafuertes. Apenas cuenta con vanos, limitados a la puerta de acceso y dos pequeñas aberturas. La entrada se resuelve mediante un arco de medio punto con grandes dovelas; en su clave destaca un mensulón decorado con cadenetas de sogueado y florones. Sobre él se conserva una inscripción que señala: “ESTA CASA SE HIZO A COSTA DE MANUEL VIAÑA”.
Casa de don Arsenio
En el barrio de La Castañera se encuentra esta casa con solana y soportal, de planta rectangular muy alargada. Su fachada presenta una distribución ordenada y equilibrada: una puerta central flanqueada por dos ventanas, tanto en la planta baja como en la superior. Todos los huecos están enmarcados por grandes sillares y resueltos con dinteles, lo que refuerza la sensación de solidez del conjunto.
El alero, muy volado, conserva restos de decoración tallada, con motivos de sogueado inverso. Además, al tratarse de un tejado a cuatro aguas, este alero protege también el lateral derecho de la casa, donde se desarrolla un gran balcón corrido de madera, parcialmente cerrado con una galería acristalada.
Se trata de una vivienda representativa de los modelos constructivos de finales del siglo XVIII, en la que se combinan funcionalidad y una cierta voluntad de mostrar estatus. Muy cerca de ella se conserva otra casa de características similares.
Hilera de La Castañera
Esta hilera del barrio de La Castañera está compuesta por dos casas llanas campesinas y una casona, formando una pequeña calle que conserva parte del empedrado.
Las casas llanas, a la izquierda, mantienen las pequeñas puertas adinteladas en el piso bajo, pero una de ellas se ha elevado al construir un gran buhardillón para aprovechar el espacio del desván
La casa situada al final de la hilera es una casona del siglo XVIII, con dos arcos en el soportal que han sido cegados para abrir huecos adintelados. La cara frontal del pilar que sustenta los arcos, la única visible, presenta una decoración geométrica habitual en este tipo de construcciones. La fachada es de mampostería, excepto los vanos, los esquinales y una cornisa corrida de sillería moldurada que remata el piso superior.
Antigua taberna de Bautista Herrero
Esta casa, situada al final de una pequeña hilera junto a la carretera, fue en su día la taberna de Bautista Herrero, como aún recuerda una inscripción en el muro lateral derecho. Su fachada, construida íntegramente en piedra de sillería, es uno de sus rasgos más destacados. El soportal, poco profundo, aparece hoy cerrado, con una puerta adintelada decorada con molduras y una ventana enmarcada con orejones y protegida por una reja embutida.
En la planta superior, la solana se organiza en dos tramos, aunque uno de ellos ha sido cerrado posteriormente, alterando en parte su aspecto original. Se accede a ella mediante una puerta y una ventana que repiten las molduras del piso inferior. La fachada se remata con una cornisa retranqueada, característica de la arquitectura local, que protege las vigas del alero. Aunque tanto la solana como el alero presentan cierto deterioro, todavía conservan restos de su decoración original, como motivos de castañuelas en el apoyabrazos y sogueado en el alero.
En el frente del machón izquierdo puede verse un sencillo reloj de sol con los números pintados. En el lateral derecho destaca un balcón en voladizo con barandilla de forja, reforzado por dos tirantes de hierro trabajado que lo sujetan al muro.
La Bolera
En el barrio de Sejos, junto a la carretera que atraviesa el valle de Cabuérniga, se encuentra la bolera de Renedo. Se trata de una instalación muy antigua, probablemente del siglo XIX, que, como es habitual en estos casos, se integra en el entorno mediante un murete de piedra, acompañado por varias cajigas que le aportan sombra y carácter.
Los bolos cántabros han tenido tradicionalmente una doble función: deportiva y social. No era solo un lugar para jugar, sino también un espacio de reunión, especialmente durante los meses de verano, donde los vecinos se encontraban tras la jornada de trabajo. Durante mucho tiempo fue, además, uno de los principales espacios de sociabilidad masculina del pueblo.
Presenta una característica poco común: la gran anchura del birle, que ronda los diez metros. Esto hace que los ángulos de juego sean mayores de lo habitual y aumenta considerablemente la dificultad.
Aunque hoy no se utiliza con regularidad, conserva todos los elementos propios del juego: la caja, el fleje y la placa de tiros, situada entre los doce y los dieciocho metros.
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Rutas de senderismo y BTT
Una buena opción, antes o después de contemplar el conjunto arquitectónico de Renedo, es realizar una de las siguientes rutas de senderismo y/o BTT propuestas:
- Ruta de las Mieses: ruta lineal de 3,8 km que discurre desde Sopeña a Renedo cruzando por las mieses de las poblaciones de Valle, Terán y Selores, donde se puede observar ganado pastando y los diferentes conjuntos arquitectónicos de los pueblos.
- Ruta del Callejón de los Lobos: ruta circular de 6,95 km que discurre por Terán, Renedo y el «chorco« (o trampa para la caza del lobo).
- Ruta del Monte Valfría: desde Renedo podemos realizar esta ruta lineal de senderismo, con una distancia de 5,10 km (ida) y duración de 1,5 horas que recorre bosques de hayas, cajigas y avellanos. Se puede volver por Fresneda.
Para ver todas las rutas y acceder a sus características consulta el Visor Cartográfico de la Mancomunidad.


































































