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Villanueva de la Peña aparece ya mencionada en 1088 en la documentación de la Abadía de Santillana del Mar como Villanova, un topónimo que alude a su origen como asentamiento de nueva creación dentro del proceso de organización y repoblación del territorio medieval. Esta referencia documental evidencia la antigüedad del núcleo y su vinculación temprana con las estructuras eclesiásticas y administrativas que articulaban la comarca en la Edad Media.
Situada en un entorno natural privilegiado junto al río Saja, y muy próxima a otros núcleos históricos del valle, la localidad constituye un enclave donde confluyen historia, paisaje y tradición. Su emplazamiento, vinculado a antiguos caminos de comunicación y a un curso fluvial de gran importancia (con la ventaja de tener uno de los contados puentes que permiten su cruce), favoreció desde época temprana el tránsito de personas, mercancías y ganado, dejando una huella visible en su configuración urbana y arquitectónica.
Fue muy significativa su relación con el antiguo Camino Real que atravesaba el valle, una vía fundamental de comunicación histórica de los siglos XVII y XVIII que conectaba la meseta castellana con la costa de Cantabria, concretamente hacia Santander y Suances. Este trazado histórico discurre por el Valle del Saja, pasando por puntos estratégicos, como lo fue la Torre de Hoyos, que vigilaba ese antiguo camino medieval que tuvo cierta relevancia en el transporte de mercancías, fundamentalmente harinas. Esta condición de lugar de tránsito explica también la presencia de otras construcciones tradicionales, casonas y elementos ligados a la actividad ganadera y comercial que aún hoy forman parte de su identidad.
El caserío conserva de forma notable el carácter de los pueblos montañeses, con ejemplos de arquitectura tradicional, espacios abiertos ligados a la actividad agraria y elementos asociados a la acogida de caminantes, como los cuartos del peregrino. Entre sus hitos patrimoniales destacan la Torre de Hoyos, símbolo del pasado señorial, y la Ermita de la Virgen de la Peña, profundamente vinculada a la tradición devocional local.
ITINERARIO
Ermita de la Virgen de la Peña
La Ermita de la Virgen de la Peña se levanta frente al puente que atraviesa el río Saja, sobre una pequeña elevación rocosa que le confiere una posición destacada en el paisaje local. Sus orígenes se remontan al siglo XVII, y la documentación conservada en el Archivo Histórico Nacional recoge la existencia de una inscripción fechada en 1661 en la clave del edificio, lo que confirma su antigüedad. En sus primeros tiempos, la ermita contaba con tres retablos barrocos y fue objeto de importantes intervenciones en el siglo XVIII, entre las que destacan las obras de cantería realizadas en 1767.
El edificio presenta planta rectangular, con una sola nave dividida en tres tramos, correspondiendo el primero al presbiterio, y cuenta con un cuerpo adosado destinado a vivienda. La fachada principal se organiza en torno a una puerta con arco de medio punto rebajado, sobre la que se dispone un balcón volado que comunica con el coro y con la vivienda anexa. La cubierta se remata con una pequeña espadaña, elemento característico de las ermitas rurales cántabras.
En el interior se conservan bóvedas de combados decoradas con pinturas de carácter popular, así como un retablo del siglo XVIII. Como ocurrió en otras localidades cercanas, la proximidad entre la ermita y la iglesia parroquial generó frecuentes conflictos relacionados con el culto religioso. No obstante, la devoción a la Virgen de la Peña alcanzó un notable arraigo entre las familias destacadas del lugar, entre ellas Juan Antonio Vélez de Hoyos, propietario de la cercana Torre de Hoyos.
Sabías que… El origen del culto es de carácter legendario y se vincula con el encuentro de una imagen de madera por un pastor, lo que dio lugar a una intensa veneración en los pueblos del entorno, algunos de los cuales mantienen aún votos de peregrinación en fechas determinadas. La imagen original, una pequeña talla de rostro moreno, desapareció durante la Guerra Civil, periodo en el que también se perdieron los exvotos y retablos, y que supuso una disminución de la intensa devoción anterior. La imagen actual es moderna y se conserva en la iglesia parroquial de Villanueva.
Casa con solana
Junto a la carretera se sitúa esta vivienda de planta rectangular, compuesta por dos alturas y desván, cubierta con tejado a dos aguas. Su construcción se remonta a finales del siglo XVIII. Probablemente representa la evolución de la tradicional casa llana de una sola planta hacia el modelo de casa de dos pisos con solana y soportal, una transformación arquitectónica muy característica de esta zona.
En la planta baja destaca el profundo soportal, donde aún se conserva un pie derecho de madera que actúa como elemento sustentante, típico de las antiguas casas llanas. Este espacio queda flanqueado por dos dependencias laterales con esquinales de sillería y acceso diferenciado, a modo de las tradicionales «estancias del peregrino». Las puertas de acceso y los vanos que iluminan el interior son adintelados y presentan cercos de sillería.
Sabías que… En muchas casas antiguas situadas cerca de caminos históricos o rutas de paso existía la costumbre de dar alojamiento a viajeros pobres o peregrinos. Para ello se reservaba una habitación sencilla, el cuarto del peregrino, que se encontraba normalmente en la planta baja, separada del espacio familiar, para no mezclar al huésped con la vida privada de la casa y con acceso relativamente independiente desde el portal, corral o patio.
Sobre este nivel se sitúa una solana de madera dividida en tres tramos, carente de ornamentación, cuyo fondo aparece revocado. Los cortavientos están realizados en sillería, creando contraste con los muros laterales de mampostería, en los que se abren vanos adintelados sin una disposición completamente simétrica.
Conjunto de casas en hilera
La edificación de la derecha corresponde a una casa llana que mantiene su pie derecho de madera con zapata mensulada. En la fachada aparece una puerta adintelada con su bocarón superior. El volumen lateral puede ser testimonio de la existencia de un cuarto del peregrino.
La edificación central, aunque muestra ya una disposición reformada, muestra signos de edificaciones anteriores, como son sus cortavientos mensulados o la profundidad de su fachada.
En el extremo izquierdo aparece una casa con arco de finales del siglo XVIII con fachada inferior de sillería, destacando una puerta con arco de medio punto de grandes dovelas. El arco exterior del soportal es de dovelas más terciadas y mampostería en los muros. Tanto la viguería del tejado como la inferior de la solana, divididas en dos tramos, repiten la forma mensulada de los cortavientos en sus extremos.
Iglesia Parroquial San Juan Bautista
La Iglesia de San Juan Bautista se levanta en una plaza que actúa como núcleo del caserío y punto de referencia para la vida social y religiosa del pueblo. El templo se remonta al siglo XVII, momento en el que se construyó su ábside de planta cuadrada, uno de los elementos más antiguos y significativos del edificio. Este espacio se cubre interiormente con bóvedas de terceletes, apoyadas en gruesos contrafuertes exteriores que refuerzan la estructura. Los muros están realizados en mampostería, mientras que la cornisa presenta un característico perfil de gola, propio de la arquitectura religiosa de época moderna en Cantabria. La nave principal ha experimentado transformaciones a lo largo del tiempo y en la actualidad se cubre con una armadura de madera más actual.
Adosada al templo se alza la torre campanario, elemento destacado en el perfil arquitectónico del conjunto. Está rematada por un cuerpo de troneras organizado mediante pilastras de orden clásico y culmina en un tejadillo con forma de tímpano coronado por una cruz, acompañado en su parte posterior por pináculos laterales que refuerzan su carácter monumental.
Especial interés presenta la zona inferior de la torre, donde se localiza el acceso. Este espacio muestra una tipología que recuerda a la de las casas tradicionales de la arquitectura popular cántabra, lo que evidencia la estrecha relación entre arquitectura religiosa y formas constructivas locales. Aquí se encuentra el denominado cuarto del peregrino, una pequeña estancia con puerta de arco de medio punto y una ventana con arco ojival, ambos elementos realizados en sillería.
En el interior destaca un retablo de tradición barroca y una gran pila bautismal de piedra decorada con motivos vegetales. La iglesia conserva además la imagen moderna de la Virgen de la Peña, cuya talla original desapareció durante la Guerra Civil Española, manteniéndose así el vínculo histórico con la ermita.
Palacio de Bracho
Este edificio corresponde a una casona montañesa del siglo XVII que destaca claramente respecto al resto de las construcciones del pueblo, tanto por sus grandes dimensiones como por sus elementos arquitectónicos, entre los que sobresalen los arcos de sillería y su amplia solana. También resulta singular la amplitud de la parcela en la que se emplaza.
El acceso a la finca se realiza mediante una monumental portalada de piedra estructurada en dos cuerpos: en el inferior se abre un arco de medio punto con decoración moldurada, mientras que en el superior se dispone un frontón rematado con pináculos, bolas y una cruz. En su interior se conserva un arco apuntado de tradición gótica que evidencia la antigüedad del conjunto.
La vivienda presenta planta rectangular, dos alturas y buhardilla, con cubierta a cuatro aguas. Los muros son de mampostería, mientras que los elementos estructurales principales están realizados en sillería. En la planta baja destaca un soportal con arcos de medio punto, acompañado de dos dependencias laterales, los cuartos del peregrino.
En la primera planta sobresale una gran solana de madera decorada, situada entre muros cortavientos. El alero presenta una talla singular con motivos de castañuelas. La fachada muestra una disposición simétrica de vanos y se remata con una cornisa de sillería. La buhardilla se ilumina mediante un casetón con ventanas.
Casona de los Vélez y Hoyos
En el barrio del Gándaro, en dirección a Herrera de Ibio, se localizan estas dos casonas adosadas del siglo XVII, que forman parte de una hilera de viviendas que estuvieron dispuestas en torno a una corralada. Ambos edificios presentan planta cuadrada, dos alturas y cubierta a dos aguas. La mayor parte de su fábrica es de mampostería, conservando algunos elementos originales de sillería. El acceso al conjunto se realiza mediante una portalada adintelada, sobre la que se dispone un pequeño escudo con las armas de la familia Vélez.
La casa situada a la izquierda destaca por su mayor entidad. En la planta baja presenta dos amplios arcos de medio punto de sillería, apoyados sobre un sencillo pilar central y rematados por una imposta corrida. Este soportal da acceso al cuarto del peregrino, situado en el flanco izquierdo, iluminado por una ventana cuadrada con moldura plana. Resulta especialmente interesante el arco de medio punto cegado que aparece en el flanco derecho del soportal, que probablemente comunicaba en origen con la casa contigua. Sobre esta planta se desarrolla una solana de dos tramos apoyada sobre un cuerpo de ladrillo, enmarcada por el cortavientos derecho de sillería.
El edificio conserva además un escudo de armas timbrado con yelmo afrontado, sobre el que aparece un brazo que sostiene una espada, acompañado por dos figuras que tocan una cuerna. Entre los diferentes elementos heráldicos pueden leerse los apellidos “BÉLEZ” y “HOYOS”. Esta vivienda pudo pertenecer a Toribio Vélez y María de Hoyos, cuyos apellidos se unieron en su hijo Antonio Vélez de Hoyos, nacido en la localidad en 1674 y escribano de Su Majestad. Durante un tiempo, el conjunto perteneció también al Marquesado de Villatorre.
La casa situada a la derecha, aunque posiblemente contemporánea, presenta menor entidad. Se diferencia principalmente por su fábrica de mampostería salvo en los cercos de los vanos, la prolongación de la moldura del cortavientos y las dovelas del arco de medio punto de la planta baja, actualmente cerrado y sin soportal.
Casona con dos arcos
Se trata de una casona típica del siglo XVIII, caracterizada por una amplia solana y un soportal cerrado mediante dos arcos de medio punto. Se sitúa en el interior del núcleo y forma parte de una hilera de viviendas que, en origen, fueron casas llanas.
La fachada principal está realizada en sillería, mientras que los muros laterales son de mampostería. La vivienda se organiza en dos plantas y bajocubierta. En la planta baja destacan los dos arcos de medio punto, formados por dovelas de sillería, que dan acceso al soportal. En su interior se localiza el cuarto del peregrino, que sobresale ligeramente del plano de la fachada y se ilumina mediante una ventana con reja embutida. La amplia solana del primer piso presenta tres tramos de balaustres torneados, reduciéndose la decoración a elementos puntuales en la bajosolana y el alero.
Casa llana
En el otro extremo de la hilera anterior se localiza esta casa llana del siglo XVI. Aunque en la actualidad se encuentra encalada, conserva aún los rasgos característicos de este tipo de construcción tradicional. Uno de los elementos más destacados es el arco de medio punto que aparece parcialmente cortado por el muro derecho. A pesar de que la sillería ha sido en parte ocultada, todavía pueden apreciarse las grandes dovelas de piedra que lo conforman.
Desde el profundo soportal se abre, hacia el lateral derecho, el denominado cuarto del peregrino. Este espacio se ilumina mediante una ventana con reja embutida situada sobre una moldura de piedra, donde aún se conservan restos de sillería. En el muro contiguo se adosa un cuerpo que originalmente debió de destinarse a cuadra. Este espacio presenta una puerta adintelada con esquinales de sillería rebajada y muros de mampostería con planta semicircular, adaptándose a la esquina de la calle.
Casona con arco
En el interior del pueblo se sitúa esta casona con arco del siglo XVIII, de planta rectangular, dos alturas y cubierta a dos aguas. Forma parte de una hilera de casas, siendo esta la de mayor entidad dentro del conjunto.
En la planta baja se abre un arco de medio punto formado por dovelas de sillería que da acceso al soportal. En su interior, los paramentos están realizados en sillería. Desde este espacio se accede a la vivienda a través de otro arco de medio punto con grandes dovelas, cuya parte superior queda parcialmente interrumpida por la estructura de madera de la bajosolana.
El cortavientos y el muro medianero están construidos en sillería y sobresalen mediante una ménsula en forma de S. Estos elementos enmarcan la solana de la primera planta, que se divide en dos tramos. La decoración es muy sobria, limitándose a sencillos motivos en las zapatas que sostienen el alero. Los muros laterales presentan un carácter más modesto: uno de ellos se encuentra encalado y revocado, mientras que el otro, situado al final de la hilera, está construido en mampostería.
Torre de Hoyos
La Torre de Hoyos constituye uno de los ejemplos más destacados de la arquitectura señorial del valle del Saja, reflejo de la evolución de las antiguas torres defensivas hacia residencias nobiliarias. Su origen se remonta al siglo XVI, aunque fue transformada en vivienda durante el siglo XVII, adoptando el modelo de casa-torre propio de la nobleza rural cántabra. Su ubicación, junto al río y próxima al núcleo histórico, refuerza su valor dentro del paisaje cultural.
El edificio presenta planta rectangular y tres alturas, separadas por una imposta de sillería. La fachada principal, realizada en sillería, muestra una composición ordenada, mientras que los muros laterales son de mampostería. En la planta baja destaca una puerta con arco de medio punto, acompañada por vanos adintelados. Mientras que en el segundo nivel se dispone una puerta central con vanos laterales también adintelados, lo que sugiere la existencia de un antiguo balcón volado hoy desaparecido. En este nivel se conservan además dos escudos heráldicos de la familia Hoyos. El conjunto se remata con una cornisa decorada con bolas herrerianas.
El edificio estuvo vinculado al linaje de los Hoyos, destacando Francisco de Hoyos y su hijo Antonio de Hoyos. La torre fue declarada Bien de Interés Local en 2003, protección que incluye también su entorno inmediato.
Molino de Solide
Se tiene constancia documental de este molino desde el siglo XVII, permaneciendo en funcionamiento hasta los años 1974-1975. Se sitúa en la margen derecha del río Saja, dentro del canal que discurre desde la Venta de Santa Lucía, en Cos, y que finaliza en este punto. En el Catastro del Marqués de la Ensenada de 1753 aparece mencionado como molino de Solide. El edificio fue rehabilitado entre 1965 y 1966, y nuevamente restaurado en fechas recientes.
El molino consiste en una construcción de una sola planta con cubierta a dos aguas, orientada en dirección noroeste-sureste. Su entorno forma parte de un conjunto de edificaciones solariegas adaptadas como residencias de verano. A pesar de las reformas, el molino conserva gran parte de su carácter original, así como sus mecanismos y circuitos hidráulicos. El sistema resulta especialmente singular, ya que el agua llega canalizada desde Santa Lucía y cuenta con un aliviadero reforzado mediante tres contrafuertes de distintas dimensiones.
También pueden encontrarse otros elementos relacionados con la molienda: tres ruedas de molino y ocho piedras, de las cuales seis se encuentran en perfecto estado funcional. Existen además dos juegos completos de molienda, una cabria con torno de madera y otra más reciente con torno metálico.
Entre los habitantes vinculados a este inmueble destaca el poeta Gerardo Diego.
Lavadero
El antiguo lavadero público de la localidad constituye un buen ejemplo de las infraestructuras tradicionales vinculadas al uso del agua en el medio rural. Situado en una surgencia de agua del arroyo de la Fuente del Ojo, este tipo de construcciones se destinaba al lavado de ropa, desempeñando además una importante función social como lugar de encuentro vecinal.
De tipología sencilla, el conjunto se organiza en torno a lo que debió ser una pila de lavado, generalmente compartimentada, y contó originalmente con una cubierta ligera para proteger a las usuarias. Su uso se mantuvo hasta la generalización del agua corriente en las viviendas durante el siglo XX.
Hoy en día, el lavadero forma parte del patrimonio etnográfico local y, favoreciendo un espacio lleno de encanto, constituye un testimonio de las formas de vida tradicionales en el valle del Saja. Se ha convertido en un área de descanso y el estanque sirve también de refugio de aves de paso.
Ruta de Villanueva de la Peña a Cos
Una buena opción, antes o después de contemplar el conjunto arquitectónico de Villanueva de la Peña, es realizar una de las rutas más populares del valle: “Ruta de Villanueva de la Peña a Cos”.
Parte de la Ermita de de la Virgen de la Peña y discurre paralelo al río Saja, ruta llana para disfrutar con bicicleta o con niños. Permite observa las vacas en las mies y a veces los caballos de la yeguada militar de Ibio. Se pasa por el area recreativa de Mazcuerras (Parque El Bolque) y finaliza en el precioso pueblo de Cos.










































