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Colsa es el pueblo más alto del municipio de Los Tojos con 730 metros de altura, así como uno de los más antiguos, el antiguo concejo de Coalda. Aparece formando parte del valle de Cabuérniga ya en el Pleito Viejo de los Valles contra la Casa de la Vega; así en las sucesivas demandas que determinarán la pertenencia de este territorio al Rey, se menciona el concejo de Los Tojos y Colsa en una de las reuniones de los concejos del valle, que tenían lugar en la iglesia de Santa Eulalia, en Terán, a principios del siglo XVI. 

El antiguo camino de Saja, conocido como Camino de La Varga, es un camino empredrado medieval que tradicionalmente unía los pueblos de Saja y Colsa atravesando un hayedo. Desde Colsa se enlazaba con la ruta de salida hacia Castilla; el itinerario conducía a Ozcaba atravesando el cordal de Tambuey, y pasando por los parajes de Venta Vieja y Venta Mostajo, antiguos puntos de paso y descanso en las comunicaciones tradicionales. Estos caminos estaban relacionados con el tránsito ganadero pero también comercial, debido al amplio desarrollo de la artesanía de la madera conocida como «la Garauja«, mediante la que los carros y aperos eran intercambiados por trigo y cebada castellanos.

Por su posición, Colsa constituye una óptima atalaya para disfrutar de las vistas panorámicas sobre el valle del Saja. El mejor punto de observación es un balcón natural que se dispone a escasos metros del núcleo, la Peña Colsa, un escarpe vertical formado en las capas de arenisca cretácica que quedan colgadas sobre el valle, donde es común ver el vuelo majestuoso de los buitres leonados.

Deshabitada durante un largo tiempo, esta aldea está viendo en los últimos años como parte de las edificaciones se han restaurado para ser utilizadas como viviendas secundarias o alojamientos rurales. El caserío, como ocurre en el núcleo de Los Tojos, se dispone de forma lineal, a la vera del antiguo camino de Saja y conserva algunos tipos constructivos propios de la arquitectura campesina, como dos hileras de casas montañesas o los restos de la iglesia de la Virgen de las Nieves. 

 

ITINERARIO

  Fuente del Dujo

Poco antes de llegar a Colsa, en el centro de una finca privada de la mies, se ve un pequeño recinto cerrado con una verja y árboles; se trata de la Fuente del Dujo, una construcción a la que se le atribuye origen visigótico

Desde aqui podemos aprovechar para disfrutar de las vistas que nos ofrece el camino mirando hacia Los Tojos, la silueta en forma de “serpiente” del núcleo, esa hilera de casas entorno al camino, con el monte Correpoco y el Serradores al fondo.

Casa de la hilera de la Portilla

Situada al principio de una hilera de casas destaca esta vivienda como buen ejemplo de la típica casa montañesa, ya que conserva los elementos y proporciones originales.

En el soportal, de escasa profundidad, se abren una ventana con reja embutida y una puerta, ambas con marcos de madera. En la primera planta, los muros medianeros sobresalen para cobijar la solana, cuya baranda, de dos tramos, tiene los balaustres ligeramente torneados. 

En el fondo de la solana se abren una puerta y dos ventanas -con rejería embutida-, enmarcadas con piedra de sillería. El techo lo forma un entramado de viguetas y se remata en el frente con un tejaroz formado por dos hileras de canecillos

La hilera presenta una orientación sureste, y el muro posterior marca el límite nítido entre la mies y el interior del pueblo.

El resto de edificios que sigue a la casa fueron cuadras y pajares donde se guardaba la hierba seca para alimentar el ganado en invierno. El pajar en este caso tiene una gran ventana llamada “bocarón” por donde se mete la hierba directamente del carro, o también en “coloños” (haz de hierba que se llevaba a las espaldas y que iba atada o bien con cuerdas o bien con belortos, finas ramas de avellano muy flexible). Estaban en muchos casos encima de la cuadra, así se podía tirar con menor esfuerzo la hierba desde el primer piso a las pesebreras.

Iglesia de Nuestra Señora de Las Nieves

Aquí encontramos los restos de uno de los edificios religiosos más antiguos del municipio de Los Tojos, y casi de todo el valle de Cabuérniga, lo que refleja la importancia que tuvo el lugar. La iglesia cuenta con una sola nave de planta rectangular, rematada por un ábside cuadrado a cuyos lados se adosan una capilla -de igual anchura pero menor tamaño- y una sacristía. El saliente de la sacristía forma el soportal, cerrado en su otro extremo por una pequeña habitación, que a mediados del siglo XIX acogía la escuela a la que asistían trece alumnos, gracias a la fundación hecha en 1710 con capitales indianos por la familia de Los Ríos.

A los pies de la nave se encuentra el campanario, al que se accedía por una escalera exterior. También cuenta el templo con un reloj de sol.

La puerta de acceso esta formada por un arco de medio punto de grandes dovelas y rosca rehundida con una cruz labrada en la clave, rasgos estilísticos propios de los siglos XV-XVI. La capilla adosada fue una construcción posterior, del año 1702, como recordaba una inscripción existente en un escudo -hoy desaparecido- que había en su interior: «ESTA CAPILLA HICIERON LOS CAPITANES DON MIGUEL Y DON MANUEL DE LOS RIOS PARA EL Y SU HIJO BERNARDO RIOS A HONRA Y GLORIA DE DIOS Y DE SU MADRE Y LAS BENDITAS ANIMAS DE LA ORDEN DE SAN FRANCISCO. AÑO DE 1702». Las armas de la familia de Los Ríos figuraban en otro escudo timbrado por yelmo y que presentaba una cruz de Calatrava y el campo cuartelado.

En el mismo año en que finaliza la construcción de la capilla se hizo el remate del retablo, del que se conservan varias tallas en el Museo Diocesano de Santillana del Mar, entre las que destaca una imagen de la Virgen con el niño, de características góticas, datada a mediados del siglo XVI. Asimismo, se preservan en el museo, un Cristo tallado -de rasgos estilísticos góticos-, y un sagrario de estilo barroco del templo original. Del interior de la iglesia también se rescató una pila bautismal que se conserva en la Catedral de Santander.

Lavadero

Los lavaderos eran espacios comunes de la cultura rural y la de la vida cotidiana de antaño donde se reunían las mujeres a lavar la ropa protegidas de la lluvia. Situados generalmente junto a fuentes, manantiales o pequeños arroyos, aprovechaban sus aguas para lavar la ropa antes de la llegada del agua corriente a las viviendas y de las lavadoras.

Además de su función práctica, los lavaderos tenían una gran importancia social. Eran lugares de encuentro para las mujeres, que acudían regularmente a lavar la ropa. Allí se compartían noticias, se fortalecían relaciones vecinales y se mantenían vivas tradiciones y costumbres locales. Por eso, los lavaderos no solo cumplían una función higiénica, sino también social y cultural.

Siguiendo la arquitectura tradicional montañesa, está construido en piedra y cubierto por un tejado a dos aguas con estructura de madera, y cuenta con una pila inclinada para lavar la ropa.

Hilera de la calle La Palma

Hilera de casas en las que se puede apreciar la adaptación de las mismas al terreno siguiendo la pendiente natural. En ella vemos una serie de casas sencillas en las que destacamos la talla en madera de las balconadas y aleros. 

En la casa del extremo derecho ha desaparecido el soportal -cerrado con un muro de mampostería- donde se realizaban las labores de desgrano de alubias, maíz… y los trabajos de madera conocidos en la zona como «la Garauja«. Muchos portales se usaban como talleres y allí se realizaban rastrillos, garios (para ventear la paja y el trigo), horcas, bieldos, cebillas…El soportal se cerró con un muro de mampostería en el que se abren una puerta y una ventana.

En la primera planta presenta una amplia solana protegida por los muros laterales que sobresalen ligeramente en este piso. Los balaustres fueron toscamente torneados, y contrastan con los pies derechos, que aparecen tallados hasta la altura del apoyabrazos y se rematan en lo alto con un capitel, las zapatas y los mensulones profusamente ornamentados, decoradas en el lateral con un motivo ondulado y en el frente con un tallado al modo de los llamados «pitones cabuérnigos».

El techo se remata en el frente con un tejaroz formado por dos hileras de canecillos y entre ellas una tabla decorada con sogueado inverso y un motivo de huso y cuenta.

Mirador de Peña Colsa

A pocos metros de la plazoleta, encontramos dos caminos: uno que sigue el antiguo camino de Venta Vieja hacia Castilla por el cordal de Tambuey, y otro que nos lleva hacia el pueblo de Saja, conocido con el nombre de Camino de La Varga.

Nosotros nos desviamos ligeramente a la derecha por este segundo camino. Llegaremos en poco más de cinco minutos a un balcón natural con una espectacular panorámica: el Mirador de Peña Colsa. 

Un cartel, junto al monolito, nos identifica los puntos importantes en el paisaje: el pueblo de El Tojo, Peña Sagra, la Braña de la Frechilla, el Pico Fonfría y la propia Peña Colsa (685 metros). El monte que queda a nuestros pies es el Monte Colsa, de gran valor ya que su aislamiento y tranquilidad hace que numerosas especies animales lo utilicen como cuartel de cría o refugio. Destacar también Peña Colsa, escarpada, donde especies como el buitre leonado, utilizan sus repisas como posaderos y dormideros. Así que no es extraño ver a estos carroñeros sobrevolar la Peña. 

  Humilladero 

Si aún quedan fuerzas, un poco más abajo, en el viejo camino que comunica Colsa y Saja encontraremos un pequeño santuco o  humilladero, conocido como el Santucu. Es de planta rectangular y tejado a dos aguas, construido a base de mampostería que ha sido revocada y encalada. Presenta un pequeño soportal que hace las funciones de asubiadero (asubiar=guarecerse de la lluvia), y así protegía cuerpo y alma. En su interior se aloja un pequeño retablo de madera.

Rutas de senderismo

Una buena opción, antes o después de contemplar el conjunto arquitectónico de Colsa, es realizar una de las siguientes rutas de senderismo propuestas:

  • Ruta de Colsa a Ozcaba: continuando por la pista tras atravesar el paso canadiense a la izquierda podemos realizar la Ruta de Colsa a Ozcaba. Es una ruta de 22 km (ida y vuelta) que atraviesa el cordal que separa los valles del Río Queriendo y el Arroyo Cambilla ofreciendo espectaculares panorámicas. El itinerario sigue el antiguo camino de Castilla atravesando Tambuey y pasando por Venta Vieja y Venta Mostajo, para finalizar en Ozcaba.
  • Ruta Saja – Colsa – Los Tojos: esta ruta ha unido tradicionalmente los pueblos de Saja y Colsa y es conocida con el nombre de Camino de La Varga. El itinerario forma parte de la segunda etapa del GR-71 “Sendero de la Reserva del Saja” que va desde Bárcena Mayor a Saja. Desde Colsa podemos realizar el recorrido hacia Saja (5,6 km ida y vuelta y un desnivel de 466 m) o dar un paseo hacia el núcleo de Los Tojos. 

Para ver todas las rutas y acceder a sus características consulta el Visor Cartográfico de la Mancomunidad.