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Viaña se asienta en la ladera meridional del valle del río homónimo, en una cuenca cubierta por un extenso bosque de cajiga, rebollo y haya. Este bosque es la esencia del paisaje y condiciona tanto la historia como la economía de la aldea. El topónimo Viaña podría referir a la posible existencia de una calzada romana que habría unido el valle medio del Saja con el vecino Besaya, a través del pueblo de San Vicente de León.
La antigüedad del pueblo es en cualquier caso justificable por los rasgos de la arquitectura que, en el barrio de La Platería, sobrevivió al voraz incendio que asoló el núcleo en la nochevieja de 1876. Se caracteriza por el dominio de la madera, con casas de dos alturas, solanas poco elevadas, y un abrumador dominio de los caracteres de ruralidad, sin sillería, con escasa piedra, ni adornos o decoración alguna en la carpinteria. Destaca especialmente la proliferación de muros de cierre culminados o enteramente construidos en madera, recordando una vinculación con los hórreos asturianos que ya no se aprecia en ningún otro lugar de Cabuérniga.
Más allá de proporcionar materiales de construcción, el bosque fue la base de la economía local: de él salían carros y aperos de garauja (horcas, bieldos, rastrillos) que se intercambiaban en Campóo por trigo, lana o patatas. También aportaba pieles de marta para los peleteros castellanos y alimentos mediante la caza y la recolección, especialmente de manzanas -que llegaron a usarse como moneda de cambio- y, en menor medida, peras. Para hacerlo posible, durante décadas, los vecinos estaban obligados a plantar tres frutales al año.
ITINERARIO
Iglesia de San Andrés
La Iglesia de San Andrés, del siglo XVII, se sitúa en el centro del pueblo. Presenta planta cuadrada, con una sola nave y ábside también cuadrado. La nave se cubre con armazón de madera a dos aguas, mientras que la cabecera lo hace con bóveda de crucería, de arcos ligeramente apuntados y reforzada exteriormente por sólidos contrafuertes.
La puerta de ingreso se abre en un extremo del lado sur, bajo un soportal al que se accede por un tosco arco de medio punto, flanqueado por otros dos hoy cegados. La tradición señala que el arco abierto era utilizado por los vecinos de Viaña, mientras que los otros correspondían a los de Ruente y Cabuérniga. Sobre el soportal se alza una espadaña con dos troneras para campanas y una tercera superior más pequeña. Las inferiores presentan arcos de medio punto con guardapolvos de tradición románica, mientras que la superior, probablemente posterior, carece de él, lo que sugiere la integración de una estructura previa en otra más amplia.
La portada se enmarca en un arco de medio punto de grandes dovelas, de factura sencilla, similar al resto de los elementos. En el interior, se disponen una pequeña hornacina a la izquierda y, a la derecha, una capilla accesible por un arco tosco, posiblemente perteneciente a la fábrica primitiva. Un arco triunfal de medio punto apuntado separa la nave de la cabecera, cuyos pilares quedan en gran parte ocultos por las capillas laterales. La influencia gótica se aprecia también en los arcos apuntados de la bóveda del ábside.
El retablo original no se conserva, aunque sí varias tallas de madera policromada del siglo XVII: San Andrés, San José y la Virgen del Rosario en el altar mayor, y San Justo y San Pastor en la capilla derecha. Destacan además las imágenes de la Virgen María y San Juan conservadas en la sacristía, procedentes del humilladero junto al cementerio, probablemente más antiguas y hoy muy deterioradas, con la policromía casi perdida.
Hay que añadir a esto que el pórtico de la iglesia de Viaña sirvió durante muchos años como escuela. Fue fundada, como ocurrió en muchos otros pueblos del valle, por el indiano don Pedro García de Tagle, natural del lugar pero residente en Buenos Aires. Este benefactor local, en un documento otorgado en Valle el 16 de mayo de 1747, dio instrucciones a su hermano, don Melchor de Tagle, para fundar una escuela, pagar el salario del maestro y “dar papel y plumas anualmente a los niños», con un capital de 75.294 reales y 4 maravedíes, “fincados y empleados en escrituras censuales”, que producían “en cada año 1.985 reales y 26 maravedíes”.
En 1843 asistían a la escuela nueve niños y tres niñas, atendidos por el maestro don Benito de Tagle García, vecino del pueblo, quien contaba con “título, reglamento y plan”, y percibía el salario de 1.500 reales asignados por la fundación. Sin embargo, los escolares tenían que comprar por sí mismos el papel y las plumas. Por ello, ese mismo año el concejo, que tenía potestad para intervenir, solicitó al patrono que “emplease en libros, muestras y demás menaje preciso para la enseñanza las cantidades que debía destinar a aquellos defectos”.
Sabías que… … los «Concejos» eran entes administrativos que controlaban la vida económica, administrativa y social del mundo rural en el Antiguo Régimen, en donde participaban todos los vecinos para gestionar sus intereses comunes. Se reunían en Concejo Abierto, es decir, reuniendo a todos los habitantes de la localidad que tuvieran la condición de vecino; en este contexto, los solteros emancipados y las mujeres casadas o viudas carecían de este derecho, contando como almas, pero no como vecinos. Eran convocados por la autoridad de la comunidad (los regidores), normalmente a son de la campana y en el pórtico de la Iglesia.
La Boleruca El Campo
Junto a la Iglesia podemos encontrar el espacio de la antigua bolera. De pequeñas dimensiones y un contorno recientemente renovado. En su cabecera podemos encontrar el busto del que fue su fundador, Eustaquio Muela Puebla, maestro de la escuela, y que además de promotor de esta disciplina deportiva rural en el pueblo, fue el fundador de esta «Boleruca El Campo» a comienzos del siglo pasado.
Actualmente se encuentra en desuso, aunque hace unas décadas fue escenario de buenos torneos, algunos de ellos, valederos para el Campeonato de España de bolos cántabros.
Calle de la Platería
La calle de la Platería, un nombre de claras reminiscencias antiguas, se sitúa junto a la iglesia de San Andrés, en dirección al antiguo molino del pueblo. Constituye el mejor testimonio de la arquitectura popular más antigua del valle, equiparable a la de Bárcena Mayor.
Sus edificaciones, levantadas con tosca mampostería y cerramientos de tablazón de madera, reflejan el tipo de vivienda que caracterizaba a todo el caserío antes del incendio que lo destruyó en la nochevieja de 1876. Este modelo constructivo remite a las casas de protosolana o pajaretas, precedentes de las viviendas con solana que se generalizaron en la zona a partir del siglo XVII.
Asimismo, algunas de estas construcciones evocan la probable existencia de hórreos en Cabuérniga, posteriormente sustituidos por las solanas, como sugieren documentos históricos como las capitulaciones matrimoniales de Juan de Mier y María de Ochoa y Ceballos, de 1471, donde ya se mencionan los “orrios” en el valle.
Molino de Viaña
El molino se sitúa en la margen izquierda del río de Viaña, junto al camino que conduce a las praderas de Vocedrón, en un entorno destacado por su vegetación de ribera.
Aunque no se conservan el azud ni el canal que conducía el agua hasta los rodetes, se mantiene la morfología original del edificio que albergaba la sala de molienda. Es de planta rectangular, con dos alturas y cubierta a dos aguas.
Tampoco conserva la maquinaria, salvo uno de los rodetes, expuesto junto a la fachada principal, y algunas de las antiguas muelas, reutilizadas en la parte baja de las ventanas. El molino funcionaba con dos rodetes y se dedicaba exclusivamente a la molienda de maíz. El azud, según recuerdan los vecinos, aprovechaba un pequeño salto natural del río, donde se instaló una estructura de madera para ganar altura y derivar el agua.
De propiedad privada, era utilizado por todos los vecinos del pueblo a cambio de la maquila establecida, hasta que dejó de funcionar en la década de 1970.
Ruta de las Cascadas de Viaña
Una buena opción, antes o después de contemplar el conjunto arquitectónico de Viaña, es realizar la Ruta de las Cascadas de Viaña, que se inicia en el molino de Viaña con un cartel informativo y se encuentra balizada.
Se trata de una ruta lineal entre bosques de hayas y roble que discurre en paralelo al arroyo de Viaña y permite contemplar un conjunto de cascadas, destacando la cascada Pozo del Infierno (601m).

















