El Camino Real que atravesaba los actuales municipios del Valle de Cabuérniga y Mazcuerras formaba parte de la red viaria histórica que articuló las comunicaciones interiores de Cantabria entre tiempos del medievo y el siglo XIX. Más que una carretera en el sentido contemporáneo, se trataría de un itinerario sobre caminos tradicionales preexistentes, como la llamada Ruta de los Foramontanos, progresivamente mejorados para garantizar la transitabilidad de personas, caballerías y transporte de mercancías.

El trazado seguía el corredor natural del valle del Saja, aprovechando la topografía longitudinal y evitando, en la medida de lo posible, pendientes excesivas. En Cabuérniga, discurría por el fondo del valle enlazando núcleos como Renedo, Selores, Terán y Valle, con un firme variable -tramos terrizos, sectores empedrados en zonas de mayor tránsito y pasos reforzados en puntos húmedos o de cruce de arroyos-. Su función principal era canalizar la producción forestal, ganadera y agropecuaria hacia los centros de intercambio.

Desde el punto de vista patrimonial, aunque no se conserva como infraestructura homogénea (salvo restos fragmentarios), subsisten alineaciones, muros laterales, puentes menores y trazas reconocibles en la red actual de caminos rurales. El estudio de cartografía histórica y documentación municipal permite reconstruir su recorrido aproximado, evidenciando su importancia como infraestructura estratégica previa al desarrollo de la red de carreteras contemporánea.

Tras su salida del valle, ya en el territorio de Mazcuerras, el Camino Real respondía a un eje distinto, de dirección este-oeste, que enlazaba el valle del Saja con el del Besaya. Su existencia está documentada entre la Hoz de Santa Lucía y el Concejón de Ibio, constituyendo una vía de conexión estratégica entre ambos corredores fluviales.

Parece probable que en esta zona hubo de existir un paso de río antiguo -que comunicaba Cos con Santibánez- por ser un punto estrecho del cauce, como lo atestiguan las dos ventas situadas a los lados de las ruinas del puente de piedra mandado construir por los Reyes Católicos en 1495 para mejorar las condiciones del camino hacia la meseta castellana. 

De la Venta de Santa Lucía de Cos, ya hay constancia de su utilización durante la emigración del valle hacia Castilla o Andalucía en los siglos XVII-XVIII. Fue parada de postas, donde pernoctaban y descansaban los caballeros y los carruajes como punto obligado de descanso antes de reemprender el viaje. En Santa Lucía se paraba a beber agua en la fuente de San Antón, agua que mana de una concha vegetal en lo alto de la Cueva de Cos.

Desde la Hoz de Santa Lucía, el trazado discurría por el piedemonte del margen derecho del Saja a través de Cos, la ermita de Cintul y Mazcuerras, alcanzando el antiguo monasterio de San Martín (actual iglesia parroquial). Desde allí se bifurcaba: un ramal se dirigía hacia Villanueva de la Peña (por el barrio de Cohiño) hacia las rutas costeras; el otro avanzaba hacia Herrera de Ibio (por el despoblado de Barcenillas y la Colladía) e Ibio, continuando hacia la zona de San Cipriano y Yermo, donde enlazaba con la vía histórica entre Riocorvo y Mercadal.

El entorno conserva abundantes evidencias patrimoniales que justifican su relevancia. En la zona de Santa Lucía encontramos los restos del puente bajomedieval, la presa, los canales de molinos históricos en el margen derecho del Saja y la Venta, prosiguiendo el camino; la fuente de La Teja y las ruinas del monasterio de San Andrés. Ya en Cos, atestiguan los numerosos ejemplos de casas llanas, la advocación a Santiago en la Iglesia parroquial (como punto de peregrinación según algunos autores), la torre gótica que refuerza la importancia del camino y su protección. Como punto de descanso, el horno de Corcohos, donde posiblemente hubo una venta, el humilladero del Ángel en Sorriba (hoy desaparecido), la ermita de Cintul, y el barrio de Sobarriba en Mazcuerras que respeta el trazado tradicional de la ruta.

En Mazcuerras la ruta de bifurca en dos. Un tramo hacia Villanueva de la Peña, comenzando por la propia iglesia de San Martín de Mazcuerras y su primitivo monasterio altomedieval y apoyado en su recorrido por los testimonios de algunos humilladeros y capillas como la de Santa Gadea y el Ángel, el barrio de Cohiño, y los lugares de La Lera y La Illa, y como punto de defensa, la Torre de Hoyos ya en Villanueva.

El otro tramo, menos conservado, es el que enlaza Mazcuerras desde la Catañera, a través del humilladero de San Pedro en Rucabado, en dirección al despoblado de Barcenillas o El Barcenal para llegar a Herrera de Ibio a través de la Colladía. A continuación se dirigía a Ibio a través del humilladero entre ambos pueblos, la casa-torre de los Guerra y la torre de la antigua Iglesia de San Pedro y San Felices de Ibio. 

Finalmente, de la zona de Ibio y Sierra de Ibio el recorrido continuaba hacia la ermita de San Cipriano, con testimonios documentales del siglo X, hasta San Miguel de Cohicillos, ya en el Besaya. Allí se encuentra una cruz con inscripción de un caminero de Udías de finales del siglo XVIII, y la existencia de un tramo enlosado muy bien conservado en la ladera derecha de la actual carretera por donde se accedía al pueblo, ratificando su enlace por el Corral y en el entorno del monasterio de Yermo a la ruta de orígen romano entre Riocorvo y Mercadal.