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El núcleo de población de Saja se ubica junto al río que le da nombre, ocupando una estrecha llanura en el fondo del valle. El río y el bosque son los auténticos baluartes de la cultura local, porque a ellos está indisociablemente vinculada la evolución secular del núcleo, dividido por aquél y envuelto en el aura de grandeza de éste.
Aunque es el núcleo de más reciente creación, y nace en principio como un barrio de Los Tojos, ostenta una larga tradición de oficios ligados al uso de la madera, que alcanzó cotas de primitiva industria en la antigua fábrica de albarcas y juguetes de madera, cuyo sistema hidráulico sirvió en los años de la posguerra para dotar de luz al pueblo. La artesanía siempre constituyó un recurso con el que complementar la actividad ganadera, fabricando carros, aperos y utensilios (lo que se conoce en la zona como «la Garauja«) que eran intercambiados en tierras castellanas por víveres, lana y trigo.
Su definitivo arraigo tiene mucho que ver, más tarde, con la apertura de la carretera de Palombera, que propició cierto trajín de mercaderías y viajeros y despertó el ánimo comercial del lugar. También la breve experiencia minera de explotación de plombagina, grafito en polvo, en la zona conocida como Mina Lápiz, que coincidió con la apertura de la carretera en los últimos años del siglo XIX, contribuyó a dinamizar la vida local de aquella época de progreso.
El caserío presenta una morfología polinuclear, articulándose dos barrios diferenciados; el barrio del Puente y el barrio del Pontón, situados a ambos lados del curso del río Saja. En el primero se encuentra la Casona de la Corralada, una de las pocas del municipio de Los Tojos, y en el segundo destaca la iglesia de Santa Águeda, datada en el siglo XVIII, así como la presencia de modestas hileras de viviendas campesinas, formadas a raíz de una «casa matriz familiar» a la que se adosan progresivamente nuevas construcciones a través del «muro medianil».
ITINERARIO
Casona de la Corralada
Es una de las pocas casonas que se localizan en el municipio de Los Tojos y la única del pueblo de Saja. Se encuentra construida en mampostería con excepción de los vanos, el arco y el frente de los muros laterales, que son de sillería como es habitual en este tipo de construcciones.
En la planta baja destacan el soportal, abierto por un arco de medio punto y una estancia a la que se accede desde el interior del mismo, el cuarto lateral o “cuarto del peregrino”, en el que se abre una pequeña ventana, enmarcada con grandes sillares y reja embutida.
La solana presenta una baranda separada en dos tramos de balaustres torneados y tres pies derechos, donde se apoyan las zapatas y mensulones que soportan el alero. El alero esta compuesto por dos hileras de canecillos y entre ellas una tabla decorada con sogueado inverso y un motivo de dientes de sierra, encontrandose también la misma talla en la imposta inferior de la balaustrada. El apoyabrazos aparece ornamentado con una talla geométrica de eslabones entrelazados. Tanto los mensulones que soportan el piso de la solana como los del alero cuentan con una talla de espirales en el lateral y en el frente con sogueado, al modo de los llamados «pitones cabuérnigos».
El fondo está revocado y encalado y en él se abren una puerta y dos ventanas enmarcadas con grandes sillares. Los muros medianeros sobresalen a partir de ménsulas en «S» para proteger la solana y se rematan en lo alto con una cornisa moldurada.
Sabías que… En muchas casas antiguas situadas cerca de caminos históricos o rutas de paso existía la costumbre de dar alojamiento a viajeros pobres o peregrinos. Para ello se reservaba una habitación sencilla, el cuarto del peregrino, que se encontraba normalmente en la planta baja, separada del espacio familiar, para no mezclar al huésped con la vida privada de la casa y con acceso relativamente independiente desde el portal, corral o patio.
Río Saja
En este punto podemos encontrar una zona de descanso frente al río Saja y disfrutar de las vistas desde el puente. El núcleo de Saja es el primer pueblo que atraviesa el rio y al cual le da su nombre. El topónimo ‘Saja’ proviene del hidrónimo latino Salia, cuyo origen se remonta a lenguas preindoeuropeas anteriores al celta y puede significar corriente de agua o agua salada.
El río Saja nace en los Puertos de Sejos, en la vertiente septentrional de la Sierra del Cordel, a una altitud cercana a los 1.700 metros. Desde allí inicia un recorrido de aproximadamente 70 kilómetros hasta desembocar en el mar Cantábrico, a la altura de Suances. Se forma gracias a la unión de las fuentes Corva y Diablo, situadas en las laderas del Cordel y la Horcada, por encima de los 1.850 metros sobre el nivel del mar.
En su tramo inicial, el río atraviesa un paisaje de alta montaña caracterizado por fuertes pendientes y un valle estrecho excavado en forma de «V». A su paso por los pastos de Sejos y la canal de Cureñas, el cauce discurre entre rocas calizas formando rápidos, cascadas y pequeñas pozas. En este recorrido recibe además las aportaciones de diferentes arroyos y barrancos, como la Canal del Infierno, la Costanilla, el Sel de San Martín o el río Cambilla, que desciende desde los puertos de Palombera.
A partir de la confluencia con el Cambilla, en el lugar conocido como la Mina Lápiz, el desnivel comienza a disminuir y el río avanza de manera más tranquila junto al núcleo de Saja. Desde allí continúa hacia Fresneda, zona en la que se inicia el curso medio con la incorporación de nuevos afluentes.
El paisaje vegetal también cambia notablemente a lo largo del recorrido. Mientras que en las cotas más elevadas la vegetación es escasa, conforme el valle se cierra aparecen bosques cada vez más densos. La vegetación típica de ribera queda rodeada por frondosos bosques caducifolios, con una presencia muy destacada de hayas, uno de los elementos más representativos de este entorno natural.
Iglesia de Santa Águeda
Iglesia datada en el siglo XVII que repite los caracteres estilísticos del resto de construcciones eclesiásticas del municipio, destacando por presentar una única nave de planta irregular, que se va estrechando a medida que nos acercamos a la cabecera, de planta cuadrada.
El soportal original, sostenido por pies derechos de madera, ha sido reformado con pilares de hormigón. Cuenta también, como es norma habitual es los templos del municipio, con una espadaña a los pies de la nave, con dos troneras y sin remate.
En el interior del templo, destaca el arco triunfal que da paso al ábside, que presenta una cornisa moldurada en el arranque del arco. Asimismo, la rosca (curva) del arco se encuentra igualmente moldurada, incorporando una moldura rehundida que aporta relieve y profundidad al conjunto. El interior también ha sufrido reformas, visibles claramente en el ábside, donde aún hoy pueden apreciarse los restos del arranque de las nervaduras de una bóveda de crucería. Por su parte, la nave ha perdido la cubierta original y ocupa el techo una armadura de madera.
La pila bautismal es de carácter tosco y sencillo, acorde con el resto de la construcción. Dentro de la sacristía se encuentran los restos de un sagrario perteneciente seguramente al retablo original, de madera policromada.
Hilera de casas en la calle de la Iglesia
En la calle de la Iglesia, en el barrio de El Pontón, núcleo original del pueblo, encontramos una hilera de casas deshabitadas. Las hileras constituyen una forma de construcción típica de las zonas rurales y suelen partir de una primera vivienda, también llamada “casa matriz”. A partir de ella se iban levantando casas adosadas que compartían uno de sus muros, conocido como “muro medianil”, lo que suponía un importante ahorro económico. En muchos casos, estas viviendas eran construidas por los hijos o familiares de los propietarios de la casa matriz, por lo que, además de la unión arquitectónica, existían también lazos familiares entre ellas. Su orientación hacia el sur y su disposición permiten apreciar claramente la adaptación de las construcciones al terreno, siguiendo la pendiente natural del mismo.
Al final de la hilera llaman la atención los símbolos religiosos tallados en lo que pudo ser el dintel de una ventana. Se trata de un cáliz en el centro, llaves de San Pedro a la izquierda, y una corona a la derecha, elementos que suelen aparecer en las casas rectorales.
A continuación de la hilera se encuentra una vivienda que conserva los rasgos y las proporciones originales. Cuenta en la planta inferior con soportal, en cuyo fondo se abren una pequeña ventana y la puerta de la cuadra. En el frente aparece una puerta que da acceso a la escalera de madera para comunicar con la primera planta «vividora». Se presenta cerrada con un tablamento lateral. Los cerramientos de madera remarcan la antigüedad del edificio. La baranda de la solana está compuesta por un tramo de balaustres torneados y dos pies derechos adosados a la pared. El fondo de la solana está revocado y encalado y en él se abren una puerta y dos ventanas con marcos de madera.
Lavadero
Los lavaderos formaron parte esencial de la vida rural tradicional y fueron durante muchos años espacios muy ligados a las tareas cotidianas de los pueblos. Habitualmente se construían junto a fuentes, manantiales o pequeños cursos de agua, aprovechando estos recursos naturales para lavar la ropa en una época en la que las viviendas aún no disponían de agua corriente ni de lavadoras.
Más allá de su utilidad doméstica, estos lugares tenían también un importante valor social. Las mujeres acudían regularmente al lavadero y, mientras realizaban su trabajo, compartían conversaciones, noticias y costumbres, convirtiendo estos espacios en auténticos puntos de encuentro vecinal.
Este lavadero, construido siguiendo la arquitectura tradicional montañesa, está realizado en piedra y conserva los elementos característicos de este tipo de construcciones: una fuente, una pila inclinada destinada al lavado de la ropa y un bebedero para el ganado.
Hilera de casas del barrio El Pontón
Conjunto de edificaciones dispuestas en hilera que mantienen una uniformidad tanto en su tipología como en su estructura, otorgando al conjunto una identidad propia. Su orientación hacia el sureste responde a la búsqueda de las zonas más soleadas y resguardadas de los vientos fríos y húmedos procedentes del norte. Además, las construcciones muestran una clara adaptación al relieve del terreno, asentándose de forma escalonada y siguiendo la pendiente natural del lugar, en perfecta integración con el entorno.
La hilera esta formada por pequeñas casas que en origen debieron responder al modelo de casa montañesa con soportal y solana. En la actualidad, la mayor parte de las solanas se han modificado, de manera que ya no se conservan ni la madera y ni las tallas originales. Asimismo, los soportales se han cerrado y se ha agregado este espacio, más la cuadra, a la vivienda, respondiendo a la necesidad de ganar superficie habitable y al cese de las actividades agroganaderas, o el traslado de las mismas a otros edificios.
En los soportales se realizaban las labores de desgrano de alubias, maíz… y los trabajos de madera conocidos en la zona como «la Garauja«. Muchos portales se usaban como talleres y allí se realizaban rastrillos, garios (para ventear la paja y el trigo), horcas, bieldos, cebillas…Al cerrarse estos espacios, los aperos de labranza pasan a guardarse en pequeñas construcciones, las socarrenas, como las que encontramos en el frente de las viviendas.
Sabías que… en Cantabria las “Socarreñas” o “Socarrenas” son los cobertizos situados al lado de las casas, en donde se guardan los aperos de labranza, el carro, la leña picada, etc.
Destaca sobre el dintel de una puerta una cruz en relieve y a su derecha una inscripción de cinco líneas con la fecha 1789.
Parque Natural Saja – Besaya
Nos encontramos en los límites del Parque Natural Saja-Besaya, que es el espacio protegido más extenso de Cantabria y uno de los mejores ejemplos de bosque atlántico de la cornisa cantábrica. Abarca más de 24.000 hectáreas de montañas, valles y frondosos hayedos y robledales atravesados por los ríos Saja y Besaya. Este entorno destaca por su gran biodiversidad y por albergar especies emblemáticas como el ciervo, el corzo, el jabalí y numerosas aves rapaces. Además de su riqueza natural, el parque conserva un importante patrimonio rural y ganadero ligado a los pueblos tradicionales de la zona.
El Parque Natural Saja-Besaya es un espacio perfecto para el senderismo, la observación de fauna y el contacto directo con la naturaleza. Desde el pueblo de Saja parten alguna de las rutas hacia espacios muy representativas: Ozcaba, Carraceo, Peña Colsa, La Frechilla…, ideales para descubrir paisajes de gran belleza y tranquilidad. Caminar por estos senderos permite adentrarse en bosques húmedos, cruzar arroyos y disfrutar de panorámicas de la montaña cántabra en un entorno prácticamente intacto. El cambio de estaciones transforma completamente el paisaje, especialmente en otoño, cuando los bosques adquieren tonos rojizos y dorados y puede escucharse la berrea de los ciervos.
En la carretera CA 280 que sube a Palombera y a Reinosa, a 2 km del pueblo de Saja, se encuentra el Centro de Interpretación del Parque Natural Saja-Besaya, situado a la entrada del puerto de Palombera junto al pueblo de Saja, es el lugar ideal para conocer la riqueza natural y cultural de este espacio protegido antes de comenzar cualquier ruta. Ubicado en un edificio tradicional de arquitectura montañesa construido en 1947, el centro ofrece exposiciones, paneles informativos y material audiovisual sobre la flora, la fauna y los paisajes del parque, así como sobre la forma de vida tradicional de los pueblos de la zona. Además, proporciona información sobre senderos y visitas guiadas, convirtiéndose en un excelente punto de partida para descubrir el corazón verde de Cantabria.
Rutas de senderismo y BTT
Una buena opción, antes o después de contemplar el conjunto arquitectónico de Saja, es realizar una de las siguientes rutas de senderismo y/o BTT propuestas:
- Ruta Saja – Colsa – Los Tojos: esta ruta ha unido tradicionalmente los pueblos de Saja y Colsa y es conocida con el nombre de Camino de La Varga. El itinerario forma parte de la segunda etapa del GR-71 “Sendero de la Reserva del Saja” que va desde Bárcena Mayor a Saja. Desde Saja podemos realizar el recorrido hacia Los Tojos (8,80 km ida y vuelta), es una ruta de dificultad media con un desnivel de 330 m. En la subida hacia Colsa encontraremos un humilladero y posteriormente el Mirador de Peña Colsa con una magnífica panorámica del valle del Saja.
- Ruta río Cambillas: ruta lineal de 7 km (ida más vuelta) en pleno Parque Natural Saja Besaya, entre un bello hayedo y junto al río Cambillas, afluente del río Saja. La ruta comienza a tres kilómetros del pueblo de Saja, una vez pasamos el Centro de Interpretación del Parque Natural y el puente de la Cueva del Poyo, se llega a la zona denominada Mina Lápiz. A 200 metros a la izquierda encontramos el inicio del camino que hemos de tomar, un cartel nos indica Saja-Cambilla-Ozcaba, ruta que pertenece a un itinerario diseñado para realizar en bicicleta que alarga la ruta hasta Ozcaba (26 km ida más vuelta).






































