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Herrera de Ibio está situado en el interior del municipio de Mazcuerras, ubicado junto al río Ceceja -afluente del río Saja– y al pie del Monte Ibio. Su nombre aparece ya documentado en el libro el Becerro de las Behetrías como Ferrera en 1352. Del latín ferraruis-a-um “hierro, relativo al hierro”, debido a que en el lugar hubo minas de este metal. También se ha interpretado como “lugar de pasto, de forraje, de matorral para rozo” por su intrínseca relación con los montes circundantes como Mozagro, Mozagruco, Coo, y Los Vados.
Su evolución, ligada a la red viaria histórica del Camino Real, nos deja evidencias patrimoniales como santucos o ermitas; la ruta unía Mazcuerras con Herrera a través del despoblado de Barcenillas y la Colladía para seguir hasta Ibio, San Cipriano y Yermo hacia Riocorvo. El otro camino de salida al valle del Besaya se realizaba a través del Caserío de La Hérmida hacia Coo.
Herrera es uno de los pueblos que conforman el «Concejón de Ibio», pero distinto a los demás y a muchos otros de la montaña en su estructura urbana. Su morfología es nuclear, con barrios agrupados que constituyen un solo núcleo de asentamiento, y su estructura alveolar; compuesta por un entramado irregular de huertas con edificios aislados o agrupados en hileras y pequeños espacios públicos como plazuelas, boleras o el lavadero, y configurada por paredes y muros de piedra que van formando callejas lo que resulta en una fisonomía un tanto laberíntica.
El núcleo cuenta con varios ejemplos de casas que reflejan la evolución de las antiguas casas llanas de una planta (s. XVI) hacia casas montañesas de dos alturas con solana (elemento clave para secar el forraje). Pero sin duda, su desarollo esta ligado a indianos y jándalos oriundos del pueblo que hicieron fortuna en América o Andalucía respectivamente, y contribuyeron a través de obras como el “Hospital”, las escuelas o la iglesia, así como construyeron imponentes casas en amplios jardines con vegetación exótica, como palmeras, para recordar las tierras que les habían acogido.
ITINERARIO
Capilla Asilo-Hospital
En el barrio la Razuela, se encuentra este edificio mencionado como hospital ya en 1753. Posteriormente, en 1799 se fundó una capellanía a favor del antiguo hospital por Manuel de Caviedes y María Díaz del Riguero, sobre ciertos bienes ganados en Cádiz.
Presenta muros de mampostería, planta rectangular, dos alturas, y tejado a dos aguas. La fachada principal cuenta con un zaguán al que se accede a través de un arco de medio punto dejando ver las puertas de entrada de tipo adintelado, y en la parte superior se encontraba un balcón volado. En el interior de la capilla dedicada a Nuestra Señora del Rosario se encuentra un retablo fechado en 1854. Sobre el cuerpo destinado a la capilla destaca una espadaña de sillería de una sola tronera. Apoyado en lo alto se encuentra un reloj de sol en el que se observa inscrita la fecha de 1879.
Este asilo-hospital fue uno de los diez hospitales que existían en la provincia durante el siglo XIX. La estancia en el mismo costaba entre siete y ocho reales, acogiéndose una media de tres enfermos, además de la función de asilo. Ya en el siglo XX, a través de testimonios, se sabe que en dicho asilo-hospital se expedían certificados de pobreza para poder ir a la botica a comprar las medicinas necesarias.
Antiguas Escuelas
Situadas también en el barrio la Razuela se encuentran las antiguas escuelas del pueblo. Fueron construidas en 1926 por suscripción encabezada por el Marqués de Valdecilla, siendo los principales donantes Ángel Díaz y Díaz -indiano que vivió en Méjico- y un grupo denominado como “colonia mexicana”.

Se trata de una acción habitual en la zona: una obra benéfica que realiza un indiano, jándalo o familiar del pueblo en beneficio de la comunidad, con la idea de proveer de asistencia social por medio de instalaciones o equipamientos.
El edificio fue construido siguiendo los rasgos típicos de la arquitectura popular montañesa, realizado en mampostería, de planta rectangular y tejado a dos aguas, cuenta con un amplio soportal con tres puertas rematadas en sillería. Por la del extremo derecho entraban los niños y por la contraria las niñas. La solana dividida en dos con cuatro pies derechos que soportan directamente la viga del alero. El fondo de la solana está compuesto por un entramado de ladrillo y madera propios de las construcciones tradicionales.
Palacio de los Pérez-Xesa
Palacio de mediados del siglo XVIII insertado en un amplio jardín cerrado con un gran muro de mampostería. La portalada, de sillería, cuenta con un arco de medio punto con clave moldurada, enmarcado por pilastras rehundidas y estriadas.
Presenta una planta cuadrada, dos alturas, y tejado a cuatro aguas. La fachada principal está realizada en sillería delimitada por la línea de la imposta que separa las dos alturas. En la planta inferior destacan los dos arcos de medio punto que dan paso a un amplio zaguán con una puerta adintelada. En el muro derecho se sitúa la llamada “estancia del peregrino” iluminada con un pequeño vano.
Sabías que… En muchas casas antiguas situadas cerca de caminos históricos o rutas de paso existía la costumbre de dar alojamiento a viajeros pobres o peregrinos. Para ello se reservaba una habitación sencilla, el cuarto del peregrino, que se encontraba normalmente en la planta baja, separada del espacio familiar, para no mezclar al huésped con la vida privada de la casa y con acceso relativamente independiente desde el portal, corral o patio.
En el primer piso se encuadra un balcón voladizo sustentado por una profusa peana de piedra y rematado por un tejado volado. Sobre éste, se disponen dos puertas adinteladas que muestran una moldura quebrada en los ángulos, mostrando a ambos lados una puerta con antepecho y dos pequeñas ventanas.
En la fachada principal se puede observar un escudo timbrado por yelmo, con dos alfanjes cruzados y debajo dos medios círculos enfrentados con tres rosetas intermedias. Presenta doble orla sogueada y la inscripción “ARMAS DE LOS PÉREZ XESA” (Xesa o Jisa es un topónimo de Herrera).
Casa de los Sánchez González
Se trata de una casa de indiano de 1888 que destaca por sus proporciones y su excelente trabajo de cantería. Se encuentra inserta en un pequeño jardín con muro de mampostería y enverjado con pilares de cerramiento, presenta dos plantas y cubierta a dos aguas.
La fachada principal consta de un pórtico de orden toscano formado por pilastras de sillería sobre el que descansa un balcón volado, protegido por un tejadillo de malletas de madera. En los laterales del mismo se encuentran otros dos balcones. En el muro, al Este, se puede observar el típico mirador, que soporta una balconada de hierro forjado en la buhardilla.
Los hermanos Rufino y Manuel Sánchez González habitaron esta casa, indianos oriundos de Herrera de Ibio, que tuvieron en Cuba una tienda de abarrotes. Ambos fueron retratados al óleo por los pintores de Torrelavega “González y González” en 1905.
Casa de Jándalos
Casa de jándalo con las características propias de la arquitectura ecléctica, se sitúa encuadrada en un gran jardín rodeado por un muro y en la entrada una verja con pilares de cerramiento terminados en pináculos. En la verja se observa la antigüedad del inmueble en la siguiente inscripción: “F C 1879 R P”. Éstas iniciales hacen referencia a Francisca (Vélez), Clemente, Ricardo y Primitivo (Fernández Vélez) madre e hijos habitadores de la casa.
Fue una familia poseedora de bodegas de vino en Andalucía, cambiando posteriormente la casa por la de “arriba” (Luz Vélez), pasando de este modo la casa a manos de la familia Pérez; Luis Pérez García y Matilde Sánchez (sobrina de los Sánchez González).
Se trata de una construcción en la que diferencian dos cuerpos cuyo paramento es sencillo, estando la sillería presente solo en los cercos de los vanos, esquinales, y la imposta que divide las dos alturas. El cuerpo central es de planta cuadrada a dos alturas y cubierta a cuatro aguas, perfectamente simétrico en la apertura de vanos. Sobresalen dos miradores centrales y un balcón balaustrado cubierto por un pequeño alero sustentado por dos columnas de piedra.
La torre, fue una construcción posterior al querer ampliar la vivienda para la numerosa familia Pérez de nueve hermanos. Cuenta con un atrio de entrada con arco en la parte inferior y balconada de tres lados protegida por alero en la segunda planta. Presenta cuatro alturas, es de planta cuadrada y tejado a cuatro aguas, destacando en el último piso un gran ventanal en los cuatros lados.
Casa llana de Bustamante
Típica casa llana del siglo XVI de una sola altura, planta rectangular y cubierta a dos aguas. La fachada es de sillarejo y se encuentra enmarcada por cortavientos rematados por molduras de besantes que soportan el alero. En la dependencia lateral se encuentra el “cuarto del peregrino” iluminado por una ventana enmarcada en dos molduras que se repiten en otra ventana del muro lateral.
En el soportal destaca un arco de medio punto de grandes dovelas de sillar que ha sido reformado para realizar una puerta adintelada, y a la derecha del mismo aparece una pequeña ventana gótica con arco conopial.
Sobre el arco de medio punto se observan dos escudos de factura sencilla y línea gótica, bajo una cornisa renacentista. Representan las armas de Bustamante (trece roeles) y las de los Sánchez (águila explayada). Quizás estos dos escudos presenten las primitivas armas de Sánchez de Bustamante. Dentro de la estancia destaca una ventana geminada que sobresale al muro lateral.
En el corral se observa una portalada adintelada propia del siglo XVII, de piedra con corte clásico, formando parte del muro que divide la casa con el terreno contiguo.
Casa de Domingo Díaz de Bustamante y Vélez
Al otro lado de la calle se encuentra una casa reformada que fue propiedad de Domingo Díaz de Bustamante y Vélez, natural de Herrera de Ibio. Fue un indiano acaudalado afincado en Cuba, en donde adquirió diversas propiedades, significándose al dar carta de libertad a los esclavos de las haciendas que iba adquiriendo. Fue propietario del Palacio de los Guerra en Ibio, quedando con este inmueble al vender las propiedades de Ibio. Estuvo casado con Felisa Campuzano Rodríguez de la Guerra, emparentada con los condes de Mansilla.
Después de regresar de Cuba en 1857, fue uno de los accionistas fundadores del Banco Santander y miembro de su primer Consejo de Administración, formando parte también de la sociedad Mercantil “Manuel Fernández Gutiérrez y Cía” creada en 1858. Como político formó parte de la Unión Liberal y fue diputado provincial por Torrelavega entre 1861 y 1863, muriendo en Madrid en 1869. Su hijo fue Felipe Díaz de Bustamante Campuzano, el cual estuvo casado con María Quijano de la Colina, hija de Jose María Quijano, fundador de la importante Forjas de Buelna y los Altos Hornos de Nueva Montaña.
Iglesia de Santo Domingo
Antes de llegar a la iglesia, a mano izquierda, se encuentra un lavadero rehabilitado, un antiguo espacio de sociabilidad campesina, especialmente femenina, que refleja un modo de vida marcado por los usos comunales.
La iglesia es una construcción del siglo XIX de planta de cruz latina, ábside cuadrado, crucero con capillas laterales y una torre a los pies. Está realizada en piedra de mampostería con sillares en los esquinales y en los cercos de los vanos. En su interior aparece una bóveda de nervios en el ábside y en el crucero, mientras que en la nave lo hace con cielo raso. Toda su imaginería interior fue destruida durante la Guerra Civil, por lo que la existente es de época contemporánea, y un retablo de madera de inspiración gótica.
Cabe destacar una pila bautismal románica de piedra con decoración acanalada proveniente de la antigua iglesia parroquial de San Felices y San Pedro de Ibio (de la que hoy queda el campanario situado junto a la Yeguada Militar de Ibio) restaurada varias veces debido a su antigüedad y a los desperfectos sufridos a causa del río Ceceja. En el año 1851, la iglesia amenazaba ruina, y mientras se reparaba, los vecinos de Herrera consiguieron del Obispo de Santander convertir en parroquial la ermita de Santo Domingo. Esto causó un conflicto con los demás barrios del concejo que preferían la ermita de Santa Cecilia en Ibio, logrando finalmente que también se realizaran los oficios en esta última.
La ermita de Santo Domingo, de origen medieval, fue reedificada ya como iglesia en 1853, siendo cura párroco Celestino Vélez de Caviedes. En 1893 se construyó la torre a expensas de Manuel Sánchez González, y en 1903 la iglesia fue restaurada a expensas de Rufino Sánchez González.
Casa de Luz Vélez
En el barrio de Santo Domingo encontramos esta casa del siglo XIX, de planta rectangular, dos alturas más buhardilla y tejado a dos aguas. Esta vivienda destaca por la desnudez con la que se emplean los volúmenes -muy claros- del cuerpo de habitaciones con miradores, pero sin más añadidos decorativos. Esta concisión queda remarcada por el color blanco del encalado, sólo roto por la sillería de esquinales y cercos de algunos vanos.
Este edificio es el fiel reflejo de la relación de los vecinos del pueblo con América, habiendo pertenecido a Luz Vélez casada con Ángel Díaz Munío y Díaz (indiano en Méjico), y actualmente a la rama de la familia Díaz Munío Vélez.
Dos camberas
Conocido como «dos camberas» llegamos a este cruce donde termina el pueblo y se juntan las dos calles principales y parelales que lo articulan de Norte a Sur. En este área, junto al río Ceceja, se ha instalado la obra «El Abrazo de la Anjana» de Jordi NN que formó parte de la exposición Aselart 2023, y que ya ha encontrado un espacio permanente. Según lo presentó su autor “la obra se fusiona armoniosamente con su entorno natural, invitando a los visitantes a adentrarse respetuosamente en la maravillosa vegetación de la naturaleza cántabra. Vale la pena mencionar que la Anjana, un ser justo y sabio, ha desempeñado tradicionalmente un papel fundamental como guía y protectora de aquellos que se extravían en los bosques de Cantabria”.
Cabe mencionar que se pueden encontrar otras propuestas artísticas en cualquier esquina o rincón del recorrido. Son obra de ASELART, una iniciativa de arte en el medio rural que, desde 2015, impulsa intervenciones artísticas en los pueblos del municipio de Mazcuerras. Durante el verano y a lo largo del año, el valle se convierte en un escenario cultural donde muchas obras permanecen de forma permanente. El proyecto nació de un grupo de vecinos que buscaban unir arte y pueblo, poniendo en valor lo rural y sus rincones. La comunidad participa cediendo huertas, patios y muros para “aselar” las obras, con el apoyo del Ayuntamiento y las instituciones culturales del Gobierno de Cantabria.
Rutas de senderismo
Una buena opción, antes o después de contemplar el conjunto arquitectónico de Herrera de Ibio, es realizar alguna de las rutas de senderismo que parten desde este punto:
- Ruta Braña de Silla-Oso: Ruta circular de 8,30 Km con un desnivel 262 m. Se inicia cerca del refugio Silla Oso y atraviesa robledales, turberas, tojos y brezos y en el último tramo un hayedo con cascada. Hay varias brañas de uso ganadero.
- Ruta del Alto del Toral: Ruta circular de 17 Km con un desnivel de 727 m. Se atraviesan bosquetes de acebos, avellanos, hayas y robles. Se puede subir hasta alguna de las cumbres como el Toral (897 m) o Mozagro (871 m) para disfrutar de una buena panorámica.
- Ruta de Mazcuerras a Herrera de Ibio: Ruta circular de 14,5 km, con un desnivel de 351 m. La ruta se puede realizar partiendo de Herrera hacia el Caserío de La Hérmida, a continuación subir por la zona de Las Gandarillas hacia el Caserío de las Gandarías y de ahí seguir el arroyo Pulero hacia Mazcuerras.
El Molino
Antes de llegar al molino encontramos una de las dos boleras del pueblo, esta es conocida como “Bolera de Arriba” o “El Molino” y la otra, a la entrada del núcleo, como “Bolera de Abajo”. Históricamente, las boleras no solo funcionan como espacios deportivos sino como lugar de reunión y convivencia vecinal.
Al otro lado del río Ceceja se encuentran los restos de uno de los antiguos molinos harineros que existían en el concejo de Ibio. Ya el diccionario Madoz remitía la existencia de seis molinos harineros en 1845-50, en estado de decadencia. El acceso se realiza a través de un pequeño puente que atraviesa el río, pero no se puede visitar ya que actualmente es una vivienda de propiedad privada. La presa muestra un trazado recto con roca y hormigón por la que remontan los peces. En la captura, el agua pasa por debajo del muro de cierre de la finca a través de un arco de sillería de medio punto. En el muro, sobre este arco, se conserva una pieza tallada a modo de saetera rústica.
Uno de los principales propietarios de los molinos de Ibio fue Ignacio Guerra de la Vega, caballero de Calatrava, nacido en Santander en 1708, casado con Ángela Ana de Peredo Barreda. En su testamento queda de manifiesto la deuda que contrajo al querer repararlos. Más adelante, su hija Margarita hereda el mayorazgo, cuando el molino denominado “el Prado” fue destruido por las riadas del río Ceceja, encargándole su reconstrucción en 1750, al maestro de carpintería José de la Vega, vecino de Periedo.
Hilera de casas montañesas
En el barrio del Hoyo se encuentra este conjunto de casas montañesas, todas ellas de planta rectangular, dos alturas, y tejado a dos aguas del siglo XIX. La construcción de casas adosadas es uno de los rasgos más característicos de la arquitectura de la zona, en este caso forman un pequeño barrio, típico de la morfología rural. El muro medianil de la casa es aprovechado, reduciéndose la superficie de la fachada exterior, acentuando la forma de mucho fondo y poco frente. En este caso, el desnivel del terreno hace que el conjunto muestre una visión a modo de “escalera” a través de la calle.
Destacan las dos casas del final de la hilera, la última con una antigua solana de madera a dos tramos de manera irregular, ornamentada en sogueado y mostrando canecillos en el alero, siendo singular el paramento de este piso, en el que se observan vigas de madera verticales entre la puerta central y ventanas laterales. La parte inferior, muestra un soportal cerrado por piedra de mampostería en forma arcaica, sobre la que se vislumbra un proto-arco de medio punto.
Casa-Tienda de Vicente
Casa con solana y sin soportal, típica de la arquitectura montañesa. Presenta planta rectangular, dos alturas, y tejado a dos aguas. La disposición de ventanas y puertas de madera es regular, siendo el elemento más significativo el trabajo en sillería de los vanos del muro contiguo a la fachada, así como el de los cortavientos que sustentan el alero.
Cabe destacar la peculiaridad de poseer solamente una puerta en la fachada principal, siendo el acceso por el muro lateral que linda con la carretera. Esta era la entrada a la antigua tienda-bar y, en la actualidad, ha sido reformada para uso como restaurante por la familia Blanco Garrido, indianos procedentes de Buenos Aires.
Paralela a ésta se encuentra otra casa con solana y sin soportal de similares disposiciones que también ha sido reformada. Aquí os dejamos fotografías de antes de la reforma de ambas.
Casa de Indianos
Casa de indiano del siglo XX, de planta cuadrada, dos alturas más ático, y tejado a dos aguas. Sus muros son blanqueados, lo que le otorga un carácter muy tradicional, con puertas y ventanas de sillería encalada. La casa se encuentra inserta en un jardín, con una notable verja, en la que pueden leerse las iniciales del propietario junto con la fecha de 1930.
La disposición regular y simétrica de ventanas y puertas, queda rota por la presencia de un arco de medio punto de acceso, la buhardilla balconada, y el pronunciado mirador en la fachada principal, algo muy común en las casas de indiano de los años ochenta del siglo XIX. La fachada posterior muestra la misma disposición, con un mirador y buhardilla balconada, aunque de menor tamaño.

















































