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Sopeña, en el corazón del valle de Cabuérniga, es un pueblo que conserva con orgullo la esencia de la tradición montañesa. Su identidad se ha forjado a lo largo del tiempo en la estrecha relación entre sus habitantes y la naturaleza, en las labores cotidianas del campo y en una forma de vida comunitaria que marcaba el ritmo de la sociedad local.

Aunque muchos de esos valores han cambiado con el paso de los años, aún perviven en la memoria de sus gentes, en la arquitectura de sus casonas y en las costumbres transmitidas de generación en generación. Esta esencia fue magistralmente retratada por Manuel Llano, ilustre hijo del pueblo, quien en sus obras supo plasmar la vida y las tradiciones del valle más auténtico, evocando recuerdos ligados al trabajo, la infancia y el paisaje.

El patrimonio de Sopeña también se refleja en su entorno urbano, donde destacan numerosas casonas montañesas y blasones que recuerdan a antiguas familias como los Caviedes, los Mier, o los Bustamante, presentes en el lugar desde la Edad Media. Estas construcciones no solo muestran la evolución histórica del pueblo, sino que constituyen un valioso legado artístico y cultural.

El paisaje agrario del valle completa esta identidad. Sus prados, cercas y árboles, ajustándose a un paisaje que es una forma de convivir con el medio; y también algunas singularidades como su famoso Plátano de Sopeña (en el catálogo de Árboles Singulares de Cantabria) o como las antiguas moreras, evocando actividades tradicionales hoy desaparecidas, como la cría de gusanos de seda que se desarrolló en la zona en el siglo XIX. También quedan vestigios de los aprovechamientos de la energía del río para el funcionamiento de un molino de río y una serrería que vieron su final con una gran crecida del río en 1953.

Actualmente, además del turismo y la hostelería, la economía del valle de Cabuérniga sigue ligada a la ganadería (bovina, principalmente tudanca) y la agricultura de huerta, aprovechando las mieses y prados que rodean la zona. Complementariamente a esto, se suma una conocida fábrica de quesos artesanales, cuyos productos han ganado reconocimiento regional por su calidad y respeto por las técnicas tradicionales.

 

ITINERARIO

Iglesia Nuestra Señora del Carmen

La Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, situada en el Barrio de Corral Redondo, fue edificada en 1903 sobre un templo anterior que ya es citado por Madoz (1850), y cuya existencia queda confirmada por la presencia desde 1720 de la Cofradía del Carmen, lo que evidencia una larga tradición devocional en la zona.

El edificio presenta planta de cruz latina, con dos naves laterales con una curiosa orientación noreste/suroeste que tiene un pequeño pórtico a los pies. En este espacio se levanta una sencilla espadaña de dos troneras, rematada por un frontón partido. El pórtico, cerrado a media altura, protege la entrada y se cubre con un tejadillo sostenido por columnas de piedra con basa y capitel moldurados, aportando un aire sobrio y rural. En el exterior destacan los grandes ventanales en arco de medio punto, que iluminan el interior, mientras que en la cabecera los vanos se transforman en vidrieras con motivos religiosos.

En el interior, el templo se organiza mediante sencillas bóvedas de arista policromadas en todos los tramos, separadas por arcos perpiaños, y cuyos paramentos están decorados con motivos religiosos, especialmente en las capillas laterales y el coro. Uno de los elementos más valiosos son los retablos barrocos del siglo XVIII, aunque la imaginería actual es posterior a la Guerra Civil, tras la destrucción de las piezas originales. Destaca la imagen de la Virgen del Carmen en el retablo principal, de gran similitud con la obra primitiva del escultor Daniel Alegre, así como las tallas policromadas del retablo lateral derecho.

Bajo el coro se conserva el baptisterio, con una pila bautismal sostenida por una columna moldurada, probablemente procedente del templo original, lo que añade un valioso testimonio histórico al conjunto.

En el extremo oeste del parque junto a la iglesia puede verse un busto escultórico de Manuel Llano instalado allí celebrando el primer centenario de su nacimiento cumplido en 1998.

Casa de doña Lucía

Seguimos en el Barrio de Corral Redondo, junto a la Iglesia, esta casona repite las características típicas del siglo XVIII, aunque con añadidos posteriores. Destaca el piso bajo, de sillería, donde vemos dos arcos de medio punto dando paso al soportal, apoyándose en un pilar central sin decoración, con molduras a modo de capitel que se repiten en las impostas de las jambas. A cada lado de los arcos aparece una ventana cercada por una ligera moldura, y cerrada con forja ligeramente volada que sirve para dar luz a los cuartos laterales, conocidos como «estancia del peregrino». El soportal tiene la distribución clásica, con puertas adinteladas que dan paso a las diferentes dependencias de la casa.

La solana tiene cuatro tramos, y se accede a ella por medio de tres puertas y una ventana, situada a la izquierda, todas adinteladas con sillares de gran tamaño. La ventana se cierra con reja volada, más ornamentada que las del piso bajo. La talla de la solana es muy abundante: tanto en el apoyabrazos como en la parte baja de los balaustres podemos ver tres bandas con taqueado, sogueado y el motivo de huso y cuenta. Las zapatas del alero también son diferentes, ya que no presentan las habituales espirales laterales, y en el frente llevan sogueado vertical y denticulados.

En el piso alto hay otra solana, resultado de abrir un gran buhardillón en algún momento posterior. Esta solana es más pequeña, con solo dos tramos y una sencilla talla de huso y cuenta en el apoyabrazos.

Sabías que… En muchas casas antiguas situadas cerca de caminos históricos o rutas de paso existía la costumbre de dar alojamiento a viajeros pobres o peregrinos. Para ello se reservaba una habitación sencilla, el cuarto del peregrino, que se encontraba normalmente en la planta baja, separada del espacio familiar, para no mezclar al huésped con la vida privada de la casa y con acceso relativamente independiente desde el portal, corral o patio.

La Casuca

También en las inmediaciones de la Iglesia se levanta esta casa que presenta algunas de las características de las casonas montañesas, aunque presente también elementos novedosos. La fachada es de sillería, con una arcadura en el piso bajo dando paso al soportal. Son tres arcos de medio punto apoyados en pilares centrales que presentan una decoración geométrica que se repite en muchas casonas de la zona. Dos de ellos han sido parcialmente cegados para convertirse en ventana y puerta adintelada. A la derecha del soportal, se encuentra una ventana con molduras de orejones como los vanos del piso superior.

La solana tiene cuatro tramos, y se diferencia de las solanas cabuérnigas no sólo por su talla sino por sus elementos constructivos, que deben responder a una modificación hecha posteriormente. Además, no cuenta con los pies derechos que suelen sostener el alero y dividir la solana, sino que vemos unos tirantes combados de forja, que se apoyan en el muro de cierre del piso de la solana. En el tirante central aparece la fecha de 1853, que debe corresponder al de la reforma que modificó por completo el espacio de la solana.

 Casa de don Delfín

A la entrada del pueblo, por el Barrio de Corral Redondo, encontramos esta casa que responde a valores constructivos propios de la cultura de indianos o jándalos, habituales en la última parte del ochocientos y en las primeras décadas del siglo pasado. Esta casa perteneció al escritor Delfín Fernández, también nacido en Sopeña, y fue construida a principios del siglo XX. Se levanta en el mismo solar en que se encontraba una barriada de casas entre las que debía encontrarse la casa natal del escritor Manuel Llano. Ambos autores se conocían. Manuel frecuentaba la biblioteca que regentaba la hermana de Delfín, y posiblemente fue él quien le ayudó a introducirse en los círculos periodísticos en los que terminó publicando.

La fachada principal de la casa cuenta con una solana, y en su piso bajo se abren una puerta y dos ventanas formadas con un arco escarzano muy rebajado. La sillería forma una especie de orejones, y las ventanas se cierran con una reja volada como recuerdo de las casonas del siglo anterior. Una pequeña escalinata de piedra, de forma semicircular, conduce a la puerta principal. La solana está sostenida por unos tirantes de madera al muro y no presenta talla alguna. En este piso, los vanos llevan la misma distribución regular que en el piso bajo. En el muro izquierdo destaca la presencia de una gran galería acristalada, sostenida por pilares de madera, lo que facilita la existencia de un soportal al que se accede por tres peldaños de piedra.

Casona y casa llana

Sin salir aún del Barrio de Corral Redondo, junto a la Iglesia, encontramos un grupo de casas adosadas que ejemplifican la evolución de la casa montañesa desde la casa llana hasta la casa con solana y soportal.

A la derecha podemos ver una casa llana, de una sola altura, con el amplio soportal y la puerta de entrada formada por un arco de medio punto renacentista que sitúa su construcción en el siglo XVI. En su muro derecho, aparecen las típicas ménsulas de los muros cortavientos que suelen servir para enmarcar una solana, pero que, en este caso, dada la altura de la casa, pudo haber cobijado una pajareta, que era una solana de poca altura, cerrada mediante una celosía de madera que permitía un lugar donde almacenar y secar las cosechas, sustituyendo la función que desempeñaban los hórreos.

A la izquierda, se levanta una casa del siglo XVII o XVIII, ya con dos alturas y solana. Evolución clásica de la casa llana en su proyección de altura. La fachada es de piedra de sillería en las dos alturas, y en el piso bajo aparece otro arco de medio punto, de mayor luz que los arcos renacentistas, apoyado sobre cimacios moldurados. El arco daba paso al soportal, pero se ha cegado para abrir una puerta adintelada, seguramente en 1879, que es la fecha que aparece en el dintel. La solana cuenta con dos tramos, con talla de escasa relevancia, al igual que el resto del piso de la solana, en la que sólo destaca la cornisa moldurada que da paso al alero.

   Hilera en la calle del Carmen

En nuestro regreso hacia la zona central de la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen se sitúa esta hilera de viviendas que conforma la conocida calle del Carmen. El conjunto está formado por varias casas unidas por muros medianeros, de tipologías diversas, edificadas entre los siglos XVIII y XIX.

La casona más cercana a la plaza de la Iglesia, destaca por su notable desarrollo en longitud frente a la estrechez de su fachada. Construida en sillería, presenta un arco de medio punto apoyado en jambas molduradas que da acceso al soportal, donde se dispone un cuarto lateral a la izquierda, iluminado por una ventana con reja embutida. El piso superior, de gran altura, se remata con una cornisa moldurada característica. La carpintería, magníficamente conservada, muestra una rica decoración barroca con motivos de castañuelas, huso y cuenta. Sobresalen las cabezas de las ménsulas que sustentan la solana y el alero, decoradas con los llamados pitones cabuérnigos. También de estilo barroco es el muro izquierdo, el que da a la plaza, en el que se abren varias ventanas enmarcadas en sillería con elaboradas molduras en forma de cortinaje, cerradas con reja embutida en la parte inferior y volada en la superior.

Un poco más adelante se encuentra otra vivienda de interés, levantada conforme a los gustos del siglo XIX e influida por corrientes arquitectónicas externas. Esto se aprecia en su organización en tres alturas y en la transformación de la solana del primer piso en una galería acristalada, así como en el abundante uso de rejería en ventanas y en el cierre del portal.

La hilera finaliza con una destacada casona que, además, conserva el empedrado original de la calle. Su extensa fachada de sillería se organiza en dos sectores: a la izquierda, una puerta adintelada de dos hojas flanqueada por sendas ventanas con molduras rehundidas, correspondiente a la zona destinada al ganado; y a la derecha, el acceso principal a la vivienda, con dintel moldurado y acompañado de dos ventanas con reja volada rematada en cruz. De la antigua solana se conservan restos en las ménsulas talladas que sostienen el alero, así como en este último, que presenta tres filas de canecillos con motivos de taqueado y sogueado. La casa luce dos escudos: uno situado en el centro de la solana, probablemente añadido con posterioridad, y otro en su muro derecho, muy deteriorado, que podría corresponder a las armas del linaje Calderón.

 

Casona de Carraceo

Esta casona de finales del siglo XVII se encuentra dentro de una finca rodeada por un alto muro de piedra que impide su fácil observación. El acceso se realiza a través de una portalada adintelada, compuesta por dos puertas y coronada por una cruz y pináculos.

El elemento más destacado es su soportal, formado por tres arcos de medio punto y un cuarto lateral en cada extremo, lo que da una idea de la notable longitud de su fachada. Los arcos descansan sobre pilastras centrales, mientras que las jambas presentan impostas molduradas. En los cuerpos laterales se abren ventanas protegidas por rejas voladas y rematadas con una cruz.

La extensa solana, acorde con la extensión de la fachada, se divide en seis tramos. En el muro de cierre se disponen tres accesos centrales y una ventana en cada extremo, todas ellas con rejas de estilo similar a las de la planta baja. La decoración es sobria, tanto en la cantería como en la carpintería, apreciándose únicamente algunos restos de sogueado en el alero.

La casa fue restaurada en el XIX por una familia de jándalos, los Balbás Pomar, que adquirieron una gran fortuna relacionada con el negocio de bodegas de Jerez. La casa fue rehabilitada, conservando su valor arquitectónico, en 1994 y funciona actualmente como hotel.

 Hilera en el barrio Carraceo

Esta hilera de viviendas, ubicada en el barrio Carraceo, se dispone en alineación formando una calle que todavía conserva algunos tramos de su antiguo empedrado. En el conjunto se alternan viviendas con solana y otras de tipología más sencilla.

En el centro de la hilera sobresale una casa con solana antigua, cuya fachada, íntegramente construida en sillería, presenta amplios vanos adintelados protegidos por rejas embutidas. Salvo las cornisas molduradas que rematan los muros en ambas plantas, la ornamentación es muy sobria, rasgo que también se aprecia en la solana y en el alero, de gran desarrollo, donde predominan los motivos de taqueado y sogueado inverso.

La hilera concluye con otra casa singular, caracterizada por un balcón volado de madera que se prolonga por el hastial derecho, formando esquina. Este se cubre con un gran alero prácticamente liso, salvo por la habitual talla en espiral de las zapatas que sustentan las vigas. La planta baja, realizada en sillería, cuenta con ventanas protegidas por rejas voladas rematadas con una cruz.

Frente a esta casa se encuentra el referente actual del valle en cuanto a producción quesera. Su producción se basa en métodos artesanales y tradicionales que respetan los procesos naturales y los tiempos de maduración, utilizando leche del entorno, lo que da lugar a quesos con identidad propia, sabores auténticos y gran valor gastronómico.

Casa de los Cárabes

La Casa Cárabes se alza en una amplia finca cerrada por un alto muro de sillarejo y mampostería. Su portalada, sobria, presenta dintel con cruz y bolas herrerianas, y acceso mediante arco escarzano. Aunque responde al modelo de casona montañesa de los siglos XVII y XVIII, su elemento más singular es la torre medieval adosada, de planta cuadrada y cubierta a cuatro aguas, origen del conjunto.

Esta torre era, junto con las dos existentes en Terán, parte del sistema defensivo de época medieval, junto al antiguo camino que recorría todo el valle, y en un lugar estratégico desde el que controlaba el paso del río Saja. Conserva muros macizos de mampostería, esquinas de sillería y pequeños vanos, incluida una tronera. A su lado se fueron añadiendo cuerpos residenciales, como la casona con solana sobre dos arcos de medio punto.

La fachada principal combina sillería, arcos apoyados en pilar central y vanos de distintas épocas, mientras que la solana, dividida en cuatro tramos, destaca por su sobriedad decorativa. En la parte trasera, una ventana moldurada, posiblemente anterior a la casa, sugiere restos de edificaciones primitivas.

El nombre de la casa se remonta al siglo XIX, cuando se asentó en ella la familia Cárabes, originaria de Panes. Allí vivió el conocido abogado Habencio Cárabes (letrado de prestigio y rival político de Jose María de Cossío) o su hijo Tomás Cárabes, poeta, abogado y diplomático, quien evocó su aldea natal en versos llenos de nostalgia desde sus destinos en Cádiz y Manila.

» Alegre y sencillo hogar,
mansión donde resbalar
vi mi existencia algún día,
oye el humilde cantar
que mi corazón te envía.
Montañas, cuyas laderas
de las fuentes placenteras
besaron las ondas suaves;
árboles que en sus praderas
mostráis vuestros troncos graves;
Naturaleza esplendente
que en valle tiene flores,
notas, color, luz y ambiente,
en la montaña el torrente
y en la floresta rumores…. «

 

También se vincula la casa con los veranos de Manuel Llano por ser el domicilio de su madrina. Actualmente, la propiedad se encuentra en plena rehabilitación.

 El Palacio

La casa, de grandes dimensiones y conocida como “El Palacio”, se aparta claramente del modelo tradicional de los palacios montañeses. En realidad, responde más al tipo de vivienda burguesa o villa, propia de las nuevas clases acomodadas de finales del siglo XIX y comienzos del XX, inspirada en corrientes arquitectónicas foráneas, lo que se conoce como “casa de indianos”.

Se ubica en una amplia finca cerrada, rodeada de abundante vegetación donde destacan cipreses de Lawson, cedros y tejos. El acceso se realiza a través de varias portaladas, sobresaliendo una de ellas, procedente de un arco apuntado reutilizado de una antigua casa llana.

El edificio es exento, de planta cuadrada, con cubierta a cuatro aguas y tres alturas, a las que se suma un cuerpo central elevado a modo de linterna, también rematado a cuatro aguas. La composición de las fachadas es simétrica, con vanos amplios: puertas elevadas y ventanas con antepecho y balaustradas de hierro, salvo en el tercer piso, de menor altura.

Uno de los elementos más destacados son las dos grandes galerías acristaladas situadas en el primer piso. Una de ellas recorre toda la fachada principal y se apoya sobre pilares que conforman un soportal, al que se accede mediante una escalinata de piedra. Estas galerías conservan madera tallada con restos de policromía y una sencilla cenefa decorativa en su parte inferior. Asimismo, en los ángulos del piso superior se aprecian motivos geométricos policromados que enriquecen el conjunto.

Y en esta construcción también encontramos unos antiguos habitantes del mundo de las letras, en este caso la poetisa Carmen Stella Vallejo Álvarez, nacida en Buenos Aires, pero afincada en Sopeña a cuyo entorno le ha dedicado gran parte de su obra. Ha sido importante también en la revalorización de la figura de Manuel Llano.

  Casa blasonada en el barrio El Dureo

La casa blasonada del barrio El Dureo se sitúa al final de una hilera de viviendas campesinas y constituye un buen ejemplo de casona montañesa. Su rasgo más distintivo es el escudo ubicado en la solana, que podría corresponder a las armas de los Díez o de los Gutiérrez. Carece de timbre y presenta como único elemento decorativo dos figuras en la parte inferior que recuerdan a sirenas.

La planta baja está articulada mediante tres arcos de medio punto que recorren toda la fachada, sin cuartos laterales. Estos arcos fueron cegados con posterioridad para cerrar el soportal y ganar espacio interior, empleándose para ello una sillería bien trabajada. Los pilares que los sustentan muestran en su cara frontal relieves con motivos geométricos.

Por su parte, la solana ha sido objeto de reformas y ha perdido su decoración original, lo que limita la lectura completa de su aspecto primitivo.

Casa llana en La Junta

En el barrio de La Junta se localiza esta vivienda que, pese a haber sido reformada, conserva elementos interesantes. Se trata de una casa sin solana que presenta en la planta baja un arco de medio punto, característico de las construcciones de los siglos XVII y XVIII, que da acceso al soportal. Al fondo de este espacio se aprecia un segundo arco, de similares características constructivas, perteneciente a una edificación anterior. Este vestigio remite a una de las denominadas casas llanas renacentistas, cuya cronología se sitúa en el siglo XVI.

En la fachada han dejado fuera del encalado los sillares esquineros de la construcción original, porque el muro, en épocas más actuales, ha sufrido una pequeña ampliación para sostener una balconada lateral.

La Casona

Nos encontramos ante un excelente ejemplo de casona barroca, de planta amplia, prácticamente cuadrada, y exenta dentro de una gran finca cerrada por un muro de mampostería. La fachada, íntegramente construida en sillería, presenta en la planta baja dos arcos de medio punto ligeramente rebajados, flanqueados por un cuarto a cada lado. Estos arcos descansan sobre un pilar central cuyas cuatro caras están decoradas con florones inscritos en recuadros, motivo que se repite en las jambas interiores. El soportal, también de sillería, conserva la disposición tradicional, con varias puertas adinteladas que comunican con las distintas estancias.

La solana se organiza en cinco tramos, con dos puertas centrales y una ventana a cada lado. Cada tramo queda delimitado por pilastras rehundidas de inspiración renacentista, que culminan en una cornisa corrida, destinada a proteger las vigas del alero. Todos los vanos son adintelados y presentan una sencilla decoración de orejones. En su lado derecho aparece un escudo nobiliario de reciente factura.

En contraste con la riqueza ornamental de la piedra, la madera muestra una decoración más sobria, limitada al taqueado del apoyabrazos y a las castañuelas del alero. La calidad de la cantería se aprecia también en su muro izquierdo, donde dos molduras señalan el piso superior y destacan la cornisa superior y la zona de la estancia principal, ejecutada en sillería. En este frente se abren vanos resaltados, uno con molduras de orejones y florones, y otros con molduración retranqueada. De características similares es la ventana de su muro derecho, también con orejones, aunque con variaciones vegetales en las esquinas.

  Casa de Mier

La Casa de Mier, situada en el barrio de La Junta, es una destacada casona montañesa vinculada a un linaje de notable presencia en la zona desde época medieval. La familia Mier, originaria del valle asturiano de Peñamellera, fue uno de los linajes más poderosos e influyentes en el Valle de Cabuérniga a finales de la Edad Media. Su impacto fue tan significativo que la bibliografía histórica sobre la región en esa época a menudo se centra en su dominio y propiedades. Son muestra de ello los palacios que mantienen la referencia a los Mier en Carmona y Ruente.

El edificio actual, levantado hacia finales del siglo XVIII o comienzos del XIX, se dispone como una gran casa exenta dentro de una finca cerrada, a la que se accede mediante dos portaladas. Sobresale especialmente la de la fachada principal, una de las más singulares del municipio: se organiza en dos cuerpos, con un arco escarzano flanqueado por pilastras en la parte inferior, sobre las que se eleva un frontón curvilíneo rematado con cruz y bolas herrerianas. En su interior se abre una hornacina, hoy vacía, que según una inscripción albergó una imagen de Nuestra Señora del Brezo.

La casa presenta una planta casi cuadrada y cubierta a dos aguas, con la cumbrera ochavada. Está construida principalmente en mampostería encalada, reservando la sillería para elementos estructurales y decorativos. En la planta baja, la diferencia de tamaño entre los vanos refleja la separación entre las dependencias ganaderas, con amplias puertas, y la zona de vivienda. Las aperturas, de disposición regular, se enmarcan con sencillas molduras rehundidas.

La solana, de seis tramos, se corresponde con seis accesos adintelados y mantiene una composición sobria y simétrica. Sin embargo, algunos elementos tallados en madera, como los mensulones con cabezas -los llamados pitones cabuérnigos– y las zapatas, parecen proceder de una solana anterior, posiblemente perteneciente a una casona del siglo XVIII reformada posteriormente con criterios neoclásicos.

En el muro izquierdo se conservan otros vestigios de esa construcción primitiva, como un reloj de sol y una elegante ventana de sillería decorada con florones y cerrada por una reja volada de forja, similar a las que aparecen en otros puntos del edificio.

Antiguas escuelas

Las antiguas escuelas llevan décadas cerradas (aunque de uso ocasional para actividades) pero, además del valor identitario para la población, tienen una doble referencia importante en la historia de Sopeña. Por un lado, podemos ver en el muro que da a la plaza la placa a través de la que Gerardo Diego, poeta, amigo y admirador de Manuel Llano, apadrinó el nombramiento de esta plaza como Plaza de Manuel Llano en el año 1980.

Pero también hay que advertir que la calle que nos ha traído hasta aquí es conocida como calle de Santa Ana en honor de la antigua Ermita de Santa Ana existente en el lugar en que hoy se levanta la escuela. Por fuentes documentales se sabe de su existencia ya en 1770, por lo que debió ser levantada seguramente en el siglo XVII, o ya a principios del XVIII. Se conservan fotos de su antiguo aspecto, donde destacaba un gran arco en su fachada que permitía una ermita con función de asubiadero. El recuerdo de la ermita aún está presente no sólo en el nombre de la calle sino también en la pequeña hornacina adosada a la iglesia con la imagen de Santa Ana.

Casona de los Caviedes

Junto a la Iglesia, en el Barrio de Corral Redondo, se encuentra la llamada Casona de los Caviedes, típica casona barroca del siglo XVIII. En la fachada, de sillería en las dos alturas, una arcadura formada por tres arcos de medio punto, que se muestran cegados en la actualidad como resultado de la división de la casa en dos viviendas, daba paso al soportal. Los pilares que sirven de apoyo a los arcos presentan casetones rehundidos como única decoración.

Cuenta con dos cuartos laterales, a ambos extremos del soportal, que se iluminan con dos pequeñas ventanas cerradas con reja volada rematada por una cruz en el de la izquierda y con reja embutida el de la derecha. La solana, de gran desarrollo, como corresponde a la longitud de la fachada, cuenta con cinco tramos. A ella se accede por medio de tres puertas en el centro y una ventana en cada lado. Conserva la decoración original, que se limita al taqueado de la imposta superior e inferior de la balaustrada, así como a uno de los pisos del alero. En el centro de la solana se encuentra el escudo de los Caviedes, Enríquez y Terán.

El muro de la solana finaliza con una cornisa moldurada que se retranquea para cobijar las vigas del alero, al igual que ocurre en el piso bajo, donde una cornisa de igual desarrollo sirve para sostener las vigas del suelo de la solana, rasgo éste que aparece en muchas de las casonas de la zona.

En el frente del machón izquierdo aparece una especie de rosetón, orlado por una cadeneta de sogueado. Este detalle decorativo se repite en el muro lateral izquierdo, que mira hacia la iglesia, en este caso con motivos vegetales y una inscripción ilegible. En este muro, una imposta de sillería define la división entre las dos alturas de la casa, y una cornisa moldurada enmarca por la parte superior el espacio correspondiente a la habitación principal, también en sillería. En esta parte noble se abre una ventana con molduras de orejones y flores de lis en su interior, bajo la cual se lee la fecha de 1720. En el mismo muro otra ventana presenta una cruz de calvario en el dintel.

Junto a la Casona de los Caviedes podemos ver una antigua casa llana que ha sido reformada conserva el arco de medio punto de la antigua puerta de entrada.

Rutas de senderismo y BTT

Una buena opción, antes o después de contemplar el conjunto arquitectónico de Sopeña, es realizar una de las siguientes rutas de senderismo y/o BTT propuestas:

  • Ruta de las Mieses: ruta lineal de 3,8 km que discurre desde Sopeña a Renedo cruzando por las mieses de las poblaciones de Valle, Terán y Selores, donde se puede observar ganado pastando y los diferentes conjuntos arquitectónicos de los pueblos.
  • Camino Ribera del Río Saja: ruta circular de 3,66 km que transcurre paralela al río Saja y conecta los pueblos de Sopeña y Terán. En el recorrido se atraviesa un bosque de ribera, las mieses y se finaliza en el área recreativa denominada «Sajuca» (Terán).

Para ver todas las rutas y acceder a sus características consulta el Visor Cartográfico de la Mancomunidad.