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El Tojo era un barrio de Correpoco a mediados del siglo XIX, antes de consolidarse administrativamente como núcleo diferenciado dentro del municipio de Los Tojos. El Diccionario de Pascual Madoz (1845-1850) define Los Tojos como cabeza del ayuntamiento, distribuyendose el núcleo en los barrios de Colsa, Saja y Los Tojos, más Fresneda (que actualmente pertenece al municipio de Cabuérniga). Los demás núcleos del ayuntamiento eran Bárcena Mayor y Correpoco con su barrio de El Tojo. Su crecimiento posterior y una nueva reordenación municipal hicieron que El Tojo acabara teniendo identidad propia como localidad.

Se asienta a media ladera en orientación solana sobre el valle medio del río Saja y la confluencia de este con el río Argoza. Al contrario que en el resto de núcleos del municipio de Los Tojos, el rasgo que caracteriza la organización del poblamiento es la dispersión, ubicándose su caserío a lo largo de una carretera de dos kilómetros. 

El tejido urbano, adaptado al terreno en pendiente, está compuesto por viviendas aisladas o adosadas entre sí mediante muros medianiles, formando hileras irregulares ajustadas a la topografía. La adaptación al relieve condiciona tanto la orientación que suele ser preferentemente sur-sureste, como la agrupación de las edificaciones. Junto a éstas se disponen las huertas destinadas al cultivo de hortalizas y, por último, los prados utilizados para el pastoreo del ganado.

Los valores de la arquitectura popular, con casas de dos plantas con solana, y la iglesia de San Justo y Pastor, del siglo XVI, son algunos de sus atractivos. Pero sin duda, destaca el mirador que forma el propio núcleo debido a la privilegiada atalaya sobre la que se asienta, permitiéndonos disfrutar desde cualquier punto de magníficas panorámicas sobre la emblemática Peña Colsa y sobre el tramo medio del valle del Saja.

 

ITINERARIO

Iglesia de San Justo y San Pastor

La iglesia de El Tojo se encuentra bajo la advocación de San Justo y San Pastor, y es una pequeña construcción del siglo XVI de planta rectangular, con una sola nave y un ábside de planta cuadrada y mayor altura. En el muro sur se adosa la sacristía, formando así un pequeño soportal bajo el que se cobija la puerta de acceso al interior del templo. Es de destacar la piedra fregadera que se aprecia en el exterior de la sacristía. A los pies de la nave se encuentra una sencilla espadaña de dos troneras, parcialmente destruida ya que carece de remate.

Construida en mampostería, se reserva la sillería para los esquinales y pequeños vanos de los muros laterales, así como la cornisa corrida que recorre la parte superior de los muros. La cubierta es a dos aguas en la nave y a cuatro aguas en el ábside.

La puerta de entrada es un arco de medio punto de grandes dovelas, en las que podemos apreciar claramente dos grabados: una cruz de calvario y otra cruz inscrita en un círculo.

En el interior destaca el arco triunfal de medio punto que da acceso al ábside, de las mismas características decorativas que presenta el de la iglesia de Saja. Así mismo, es curiosa la armadura de madera que cubre el ábside, parecido en su estructura al que podemos ver en la Iglesia de Correpoco, aunque es más sencilla en su estructura, careciendo de policromía.

El retablo de la cabecera está formado por los restos de dos retablos unidos, el uno puesto encima del otro, siendo el inferior -más sencillo- del siglo XVIII, y el superior del XVII, de estilo barroco. La pila bautismal, así como la benditera, destacan por su sencillez y tosquedad, acorde con el carácter sencillo y popular del templo.

  Peña Colsa

Desde este punto pueden apreciarse las vistas hacia el Monte Colsa, de gran valor natural, ya que su aislamiento y tranquilidad favorecen que numerosas especies animales lo utilicen como área de refugio y cría. Destaca Peña Colsa, con una altitud de 685 metros y un relieve escarpado, cuyas repisas son utilizadas por especies como el buitre leonado como posaderos y dormideros. Por ello, es frecuente observar a estas aves carroñeras sobrevolando la peña.

Continuando la ladera hacia el sur podemos observar La Ventanilla, El Cueto, Peña Urdial, el Alto del Gurugú, los Castros del Calero, y al fondo el Monte de la Canal del Infierno con el Cueto de los Culeros.

Cabe destacar que sobre el Monte Colsa se ubica un balcón natural, el Mirador de Peña Colsa (accesible desde Colsa), con una espectacular panorámica sobre el valle del Saja y, entre otros, del núcleo de El Tojo, apreciándose claramente la organización del caserío con una disposición dispersa a lo largo de la carretera.

Hilera de la Canal de Abajo

Conjunto de viviendas típica en zonas rurales que suelen partir de una primera casa o también llamada «casa matriz». A partir de ahí van construyendo casas adosadas que comparten uno de los muros llamado «muro medianil», lo cual supone un ahorro económico importante. En muchos casos, estas casas eran construidas por los hijos o parientes de los dueños de la primera casa, uniéndolas en este caso lazos familiares. Su orientación habitualmente es sur-sureste, hacia la zona más soleada y más protegida de los vientos fríos y húmedos del norte.

La primera casa de esta hilera en su parte inferior está cerrada con un muro de mampostería en el que se abren una puerta con jambas y dintel de madera, y un pequeño ventanuco recercado con sillares irregulares y reja embutida. El suelo de la solana se apoya sobre tres mensulones decorados en el centro con sogueado. El alero también se sostiene con unos mensulones iguales a los anteriores. Uno de los muros laterales es de mampostería en la parte baja y de sillería a partir de una ménsula en «S».

En la casa vecina, el soportal se cierra parcialmente con una pequeña estancia, en la que se abre una puerta enmarcada con piedras de sillería y una ventana con reja embutida que da a la calle. Al fondo se abren una puerta recercada en sillares y una ventana. La baranda de la solana está compuesta por dos tramos de balaustres torneados separados por pies derechos que sostienen zapatas decoradas y mensulones forrados que soportan el alero. El piso de la solana se asienta sobre tres mensulones, uno de ellos compartido con la edificación vecina, decorados con motivos geométricos en los bordes y con sogueado en el interior al modo de los llamados «pitones cabuérnigos».

Ambas viviendas se disponen conjuntamente protegidas de los vientos por los muros laterales, los cuales aparecen divididos en dos tramos separados por ménsulas en forma de “S” y decoradas con sogueado. A partir de la ménsula hacia arriba la piedra es de sillería.

Al final de la hilera se encuentra otra vivienda en la que se conserva el trabajo de la madera de la solana original. La baranda se compone de tres tramos de balaustres torneados separados por pies derechos que terminan en mensulones decorados en el lateral con un motivo ondulado y en el frente con un tallado al modo de los llamados «pitones cabuérnigos». Sobre los mensulones se sostiene el alero compuesto por dos hileras de canecillos. Destaca la decoración del apoyabrazos y de la imposta, ornamentados con una talla geométrica de eslabones entrelazados.

 Casa del Vao

Casa reformada pero con presencia de algunos elementos propios de la arquitectura montañesa. Destaca por la presencia original de un arco de medio punto con sillares, posteriormente cegado con una puerta principal. Esta práctica, común a muchas construcciones, se realiza por la necesidad de ganar espacio habitable en la vivienda, hecho posible por el cese de las actividades agroganaderas, que hace inútil ese espacio, o bien por el traslado de las mismas a otros edificios anexos.

En los soportales se realizaban las labores de desgrano de alubias, maíz… y los trabajos de madera conocidos en la zona como «la Garauja«. Muchos portales se usaban como talleres y allí se realizaban rastrillos, garios (para ventear la paja y el trigo), horcas, bieldos, cebillas…

Posiblemente la ventana contigua al arco correspondía a una dependencia lateral llamada la “estancia del peregrino”, a la que se accedía con entrada independiente desde el soportal. 

Sabías que… En muchas casas antiguas situadas cerca de caminos históricos o rutas de paso existía la costumbre de dar alojamiento a viajeros pobres o peregrinos. Para ello se reservaba una habitación sencilla, el cuarto del peregrino, que se encontraba normalmente en la planta baja, separada del espacio familiar, para no mezclar al huésped con la vida privada de la casa y con acceso relativamente independiente desde el portal, corral o patio.

En la primera planta se abre una amplia solana protegida por los muros cortavientos, los cuales aparecen divididos en dos tramos separados por ménsulas en forma de “S”. El tramo superior esta realizado en piedra de sillería. La baranda de la solana se compone de cuatro tramos de balaustres profusamente torneados. Destaca asimismo el trabajo de la madera tanto en el resto de la balconada como en la puerta principal, elementos todos ellos de factura reciente.

La vivienda presenta a ambos lados pequeñas huertas cerradas con muros de mampostería que delimitan el espacio.

 Mancomunidad Campoo Cabuérniga y La Transhumacia

A lo largo del recorrido podemos observar el terrazgo compuesto por huertas y prados utilizados para el pastoreo del ganado. El ganado siempre ha desempeñado un papel importante en la economía de nuestra región. El desplazamiento estacional en busca de mejores pastos, conocido como trashumancia o, en esta zona, como “la muda”, es una tradición practicada desde hace miles de años.

La zona donde se lleva el ganado de nuestro valle, es un territorio comunal con identidad propia de bosques y praderas, comprendido entre Campoo y el Valle de Cabuérniga. Se denomina Mancomunidad Campoo-Cabuérniga. Esta zona se rige por una ordenanza del año 1743 que regula, con una serie de calendarios, las fechas para subir el ganado a pastar, la distribución de los seles (prados donde duermen las vacas) y la tala de montes. Por ejemplo, a partir del 15 de junio suben a los puertos los ganados del valle del Saja.

Antiguamente vaqueros, sarrujanes y becerreros eran los encargados de cuidar el ganado hasta finales de septiembre u octubre. Para dar cobijo a éstos, cada pueblo tenía su cabaña que aún conservan. A finales de verano bajaban de los puertos, siendo un gran acontecimiento en el valle. Campanos y flores adornaban las vacas Tudancas haciendo un desfile o “una pasá”, costumbre que sigue viva.

Enlace:  Características y reglamento de la Mancomunidad Campoo-Cabuérniga (pdf)

Ruta de El Tojo al Cueto de la Frechilla

Una buena opción, antes o después de contemplar el conjunto arquitectónico de El Tojo, es realizar la ruta de El Tojo al Cueto de la Frechilla. El recorrido es lineal de 11 kilómetros (ida mas vuelta) con un desnivel de 130 metros. El itinerario parte del final del pueblo de El Tojo y continua por una pista a través de pastizales para el ganado e invernales. A partir del final de la pista continua campo a través a la cima del Cueto de la Frechilla. Desde ahí tenemos una panorámica del curso medio del Saja, y las brañas de Carraceo y Bucierca.