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Correpoco, ubicado junto al río Argoza -afluente del Saja-, constituye la puerta de entrada a esta cabecera del valle. Esta condición de enclave de paso posee una larga tradición histórica, ya que el núcleo formó parte de los itinerarios utilizados por los viajeros que recorrían la denominada Ruta de los Foramontanos, a través del hoy abandonado núcleo de Llendemozó, en el vecino municipio de Cabuérniga. 

Este pueblo dio nombre al primer ayuntamiento constitucional del territorio, creado en 1822 bajo la denominación de Correpoco, que comprendía los núcleos de Viaña (hoy perteneciente al municipio de Cabuérniga), Correpoco, Los Tojos y Bárcena Mayor. En 1842 el municipio adoptó ya la denominación y delimitación actuales, manteniéndose Correpoco como capital municipal de Los Tojos. La casa consistorial se sitúa junto a la carretera de acceso a Bárcena Mayor y presta servicio a las localidades de Los Tojos, Colsa, El Tojo, Saja, Bárcena Mayor y al propio Correpoco.

Su emplazamiento, en una ladera situada en el tramo de transición entre el valle medio y el valle alto del río Saja, le permite disfrutar de excelentes panorámicas sobre la amplia llana de Cabuérniga y sobre la vertiente occidental del valle principal. El pueblo se asienta sobre una soleada ladera orientada al mediodía y se distribuye en tres pequeños barrios que conservan buenos ejemplos de arquitectura popular montañesa.

La arquitectura religiosa del lugar conserva elementos de notable interés artístico e histórico, con la iglesia de San Juan Bautista y en el humilladero situado junto al camino de Llendemozó, a la salida del pueblo. La iglesia, construida en el siglo XVI, es una de las más interesantes de la zona ya que cuenta con un original artesonado de madera que cubre el ábside, destacando también los cinco retablos de mediados del siglo XVIII -con imaginería de carácter popular- y una pila bautismal de tradición románica. Por su parte, el humilladero del siglo XVIII, contiene una curiosa piedra móvil que permitía recoger las limosnas que depositaban los caminantes. Es un humilladero con asubiadero conocido como “santuco de las ánimas”.

 

ITINERARIO
Casa con cerramientos de tablas

Casa en el barrio de Arriba en el que destaca el cerramiento de tablas como fondo de la solana, que remarca la antigüedad del edificio, elemento que también se observa en otras casas del barrio de Abajo. En la parte baja tiene el soportal, y en el fondo se abren las puertas de acceso a la vivienda y a la cuadra. En el frente hay un pie derecho en el que se apoya una viga de gran porte donde reposan tres mensulones que soportan el suelo de la solana. La solana, sin apenas decoración, luce una baranda con dos tramos de balaustres torneados y tres pies derechos, en los que se apoyan las zapatas y mensulones que soportan el alero, rematado en el frente con un tejaroz formado por dos hileras de canecillos.

A la izquierda de la vivienda se encuentran las antiguas escuelas del pueblo, que según recuerdan algunos vecinos llegaron a acoger a unos treinta alumnos. Los niños acudían calzados con albarcas y cada uno aportaba cuatro o cinco astillas de madera para mantener encendida la estufa durante los meses más fríos. Actualmente, este edificio se utiliza como centro social, aunque también ha llegado a acoger celebraciones religiosas debido al cierre de la iglesia parroquial, afectada por el movimiento de ladera sobre el que se asienta el núcleo de Correpoco.

A lo largo de la visita podremos observar grietas en numerosas edificaciones originadas por el proceso de movimiento de reptación de la ladera o desplazamiento lento de la ladera. Con el fin de mitigar los efectos del deslizamiento, se han construido diversas infraestructuras, como muros de contención y escolleras, tratando de estabilizar la ladera y de minimizar el deterioro de las viviendas. 

Casa de la fragua

Situada también en el barrio de Arriba se encuentra esta casa montañesa en la que destaca el trabajo de la madera de la solana. Aparece construida en mampostería, y en el soportal se abre una pequeña puerta con dintel de madera y una pequeña ventana con reja embutida y recercada con piedra de sillería. En el lado derecho se abre otra puerta y ventana mayores posiblemente de construcción más reciente, ya que se aprecia como se ha reformado el lado derecho también en la solana que aparece dividida y con el fondo revocado y encalado solo en ese tramo.

El suelo de la solana, esta soportado por cuatro mensulones que al frente se remata con una imposta bajo la que se coloca una hilera de canecillos. La imposta se encuentra divida en dos bandas talladas, la de arriba con una línea ondulada y la de abajo con motivo de huso y cuenta. 

La baranda está compuesta por tres tramos de balaustres torneados y cuatro pies derechos de sección cuadrada. El apoyabrazos está decorado con una linea ondulada ya casi inexistente. Sobre estos postes reposan las zapatas y mensulones tallados en el frente con sogueado o cordón de San Francisco y castañuelas, al modo de los llamados «pitones cabuérnigos».

El alero se encuentra formado por un entramado de viguetas, el cual se remata con un tejaroz formado por dos hileras de canecillos y dos tablas talladas con los mismos motivos que la imposta del suelo de la solana.

La edificación de enfrente era una antigua fragua donde se reparaban hachas, azuelas, ruedas de carro… y donde se herraban burros y caballos. Prestaba servicio a los habitantes de Correpoco y a los vecinos de los pueblos cercanos.

Lavadero y Crucero de la Fuente del Cristo

Junto al histórico camino que conecta el despoblado de Llendemozó con Correpoco se encuentran un tradicional lavadero y la Fuente del Cristo, denominada así por haber formado parte de un antiguo crucero. Este tipo de humilladero consistía en una cruz de piedra con la imagen de Cristo crucificado, situada sobre un pedestal decorado con representaciones de las ánimas del purgatorio.

La figura del Cristo, de proporciones toscas y rasgos sencillos, es característica de estas construcciones populares que, aunque evocan formas propias del arte románico y gótico, corresponden en realidad al siglo XVIII. De aquel crucero se conserva un fragmento de la cruz junto al lavadero, así como el nombre de la fuente a cuyo lado se alzaba: la Fuente del Cristo.

Por su parte, el lavadero está construido siguiendo la arquitectura tradicional montañesa. Levantado en piedra y cubierto por un tejado a dos aguas con estructura de madera, cuenta con una pila inclinada destinada al lavado de la ropa.

Los lavaderos fueron infraestructuras fundamentales en la vida cotidiana de las comunidades rurales antes de la llegada del abastecimiento doméstico de agua y de las lavadoras. Situados habitualmente junto a fuentes, manantiales o pequeños cursos de agua, permitían a las mujeres realizar las labores de lavado protegidas de las inclemencias meteorológicas. Además de su función práctica, desempeñaron un importante papel social al convertirse en espacios de encuentro y convivencia donde se compartían noticias, experiencias y tradiciones, contribuyendo al fortalecimiento de los vínculos vecinales.

Iglesia de San Juan Bautista

En el Barrio de Abajo se alza la iglesia de Correpoco, considerada por Pascual Madoz como “matriz de la de El Tojo”. A pesar de su delicado estado de conservación, este templo constituye uno de los ejemplos patrimoniales más interesantes de la comarca y, por su singularidad, de toda Cantabria.

Su sobria arquitectura exterior responde a una planta rectangular de una sola nave con ábside cuadrado de igual altura. Todavía pueden apreciarse los vestigios del antiguo soportal que, según la documentación del siglo XIX, llegó a albergar la escuela del pueblo. La espadaña reproduce el modelo tradicional de la zona: una estructura de doble tronera coronada por un frontón triangular y rematada por una cruz de piedra.

La puerta de ingreso al interior del templo la forma un arco de medio punto moldurado, cubierto por un pequeño guardapolvos. Las dovelas, de gran tamaño, están decoradas con tallas que semejan puntas de diamante y bolas, además de una cruz de Jerusalén grabada.

Pero el elemento más sorprendente de la iglesia se encuentra en su interior, con el singular artesonado de madera que, a modo de bóveda, cubre el ábside y contrasta con la sencilla armadura de madera a dos aguas de la nave. Mª Teresa Sánchez Trujillano en su artículo «La techumbre de Correpoco» destacó la singularidad de esta cubierta, que definió como una armadura de cuatro aguas formada por cuatro faldones que convergen en un vértice central. Sin embargo, su originalidad reside en la incorporación de elementos poco habituales, como el falso almizate octogonal que oculta el punto de unión de los faldones y que le confiere la apariencia de una compleja armadura de gran artesón.

Sánchez Trujillano señala además que el autor de esta obra debió conocer las grandes techumbres mudéjares castellanas y, aun sin dominar plenamente su técnica constructiva, supo reinterpretar aquellos modelos con los recursos disponibles en el ámbito rural. El resultado es una estructura excepcional que recrea la apariencia de un rico artesonado y que conserva en su centro una pieza colgante que probablemente sostenía la antigua lámpara del presbiterio.

La riqueza de esta techumbre se ve realzada por una espectacular decoración policromada en tonos azules, rojos, verdes y amarillos. Como señaló la propia Sánchez Trujillano, las pinturas imitan las vetas de mármoles y ágatas, mientras que la tablazón aparece decorada con motivos florales que remiten al lenguaje artístico de los retablos barrocos de los siglos XVII y XVIII -época de la techumbre de Correpoco-, constituyendo un magnífico ejemplo de arte popular.

El interior alberga además cinco retablos barrocos de mediados del siglo XVIII, que conservan tallas originales realizadas por maestros locales. A ellos se suman las antiguas pilas bautismales de tradición románica.

Casa con portalada

Sencilla construcción, cuya fachada principal se orienta al oeste, a la que se accede a través de una bonita portalada de piedra que ha perdido ya algunos de sus rasgos originales. Posee un arco de medio punto que lleva en la dovela central una ménsula con sogueado, motivo que se repite en la mayor parte de las portaladas de la zona. Está enmarcado con pilastras rehundidas y en lo alto contaba originalmente con un remate adintelado. Correspondía a una casa de cierta entidad, probablemente a la «Casa de los Tagle», llamada así porque contaba con un escudo de armas de dicho apellido.

Además de la portalada destacan las molduras de las ventanas que pertenecieron a una construcción anterior.

Casa con solana

Se trata de una casa montañesa que se asemeja a las casonas solariegas. En el soportal, de breve recorrido, se abren una puerta y una pequeña ventana con reja embutida, ambas recercadas con grandes sillares.

En la primera planta tres mensulones soportan el suelo de la solana, que al frente se remata con una viga tallada con motivo de castañuelas bajo la que se coloca una hilera de canecillos. La baranda está compuesta por dos tramos de balaustres torneados y tres pies derechos de sección cuadrada hasta la altura del apoyabrazos, que está tallado con dientes de sierra y castañuelas, y a partir de aquí de sección octogonal hasta el capitel. Sobre estos postes reposan las zapatas y mensulones que sujetan el alero, los cuales están profusamente tallados con espirales y una roseta cuatripétala inscrita en un cuadrado en los laterales y un cordón de sogueado y castañuelas en el frente, al modo de los llamados «pitones cabúernigos».

El alero, formado por un entramado de viguetas, se remata con un tejaroz formado por dos hileras de canecillos con dos bandas talladas, la superior dividida en dos; motivo de dientes de sierra y motivo de huso y cuenta, y la inferior con sogueado inverso.

El fondo aparece revocado y encalado y en él se abren una puerta y dos ventanas recercadas con grandes piedras de sillería. El muro lateral izquierdo, entero de sillería, sobresale a partir de ménsula en «S». El izquierdo solo cuenta con piedra de sillería de mitad para arriba. Ambos se rematan en lo alto con molduras.

Desde este punto se puede disfrutar de una magnífica panorámica de la vertiente norte de Peña Colsa, un escarpe que alcanza los 685 metros de altitud. Sus repisas sirven de posadero y dormidero a especies como el buitre leonado. También se aprecia parte del caserío de El Tojo, caracterizado por su distribución dispersa a lo largo de la carretera.

Casas en hilera

Las hileras constituyen una forma de construcción típica de las zonas rurales y suelen partir de una primera vivienda, también llamada “casa matriz”. A partir de ella se iban levantando casas adosadas que compartían uno de sus muros, conocido como “muro medianil”, lo que suponía un importante ahorro económico. En muchos casos, estas viviendas eran construidas por los hijos o familiares de los propietarios de la casa matriz, por lo que, además de la unión arquitectónica, existían también lazos familiares entre ellas. Su orientación habitualmente es sur-sureste, hacia la zona más soleada y más protegida de los vientos fríos y húmedos del norte.

La primera es una casa que presenta cerramientos de madera en la solana, elemento que acentúa su antigüedad. Parte de esta solana cuenta con un cerramiento lateral de tablas en el que se abre un pequeño vano. A estas estancias se accede desde el interior de la primera planta y, probablemente, surgieron como respuesta a la necesidad de ampliar el espacio habitable de la vivienda, que comenzó a adquirir mayor relevancia en detrimento de la función tradicional de la solana como secadero. Asimismo, el fondo de la solana también se encuentra cerrado mediante tablazón de madera.

Por su parte, la vivienda situada a la derecha destaca especialmente por la riqueza decorativa de las tallas de su solana. Sobresalen las zapatas y los mensulones, tallados en forma de volutas vegetales, que presentan espirales en los laterales y decoración de sogueado y castañuelas en el frente. En el suelo de la solana se ha tallado una banda con huso y cuenta doble, mientras que el apoyabrazos aparece decorado con un motivo de sogueado inverso y dientes de sierra. El alero, compuesto por un entramado de viguetas, se remata mediante un tejaroz formado por dos hileras de canecillos con dos bandas talladas, la superior con huso y cuenta, y la inferior con sogueado inverso.

Casa en esquina

Terminamos en el barrio de Abajo con esta edificación construida en mampostería y cubierta con tejado a dos aguas, caracterizada por una destacada volumetría y una disposición que resuelve de manera eficiente la adaptación al terreno en pendiente y a la trama viaria, dando lugar a una vivienda asimétrica, con mayor desarrollo en profundidad que en fachada.

En una pequeña ventana situada en el lateral izquierdo, enmarcada por sillares, destacan varios grabados de carácter religioso: una cruz griega inscrita en un círculo -caracterizada por sus cuatro brazos de igual longitud- y dos llaves cruzadas, identificadas tradicionalmente con las llaves de San Pedro. Estos símbolos, frecuentes en la arquitectura popular tradicional, constituyen una manifestación de la religiosidad de sus antiguos moradores y pudieron desempeñar asimismo una función protectora vinculada a las creencias cristianas. No obstante, tampoco puede descartarse que procedan de la reutilización de sillares pertenecientes a construcciones más antiguas.

Humilladero

Junto al antiguo camino que comunica Correpoco y Llendemozó se conserva un humilladero adscrito a la tipología de los denominados «santucos de las ánimas». La construcción, de reducidas dimensiones y planta rectangular, presenta una fachada realizada en sillería y una cubierta de piedra a dos aguas.

La fachada principal se organiza en torno a un vano adintelado de forma rectangular, delimitado por jambas pétreas y rematado por zapatas igualmente labradas en piedra. Sobre el dintel se dispone una cruz esculpida junto a la siguiente inscripción: «ESTE HUMILLADERO HIZO MARÍA ANTONIA DE MIER Y TERÁN ENRÍQUEZ VIUDA DE DON MANUEL DE TASILE. AÑO DE 1746».

El vano estuvo originalmente protegido por una reja de madera compuesta por balaustres de madera, desaparecida en la actualidad y sustituida por un cerramiento de forja.

La imaginería es igual que la del Santucu de Selores, fechado en 1786, de piedra policromada, típica de los santucos. La composición está presidida por la figura de Cristo crucificado sobre un pedestal, acompañado a ambos lados por las imágenes de San José sin cabeza y La Dolorosa. En el nivel inferior se representa a San Francisco ofreciendo su cordón a las ánimas del purgatorio. Entre todas las piezas destaca la labor de talla de la imagen de la Dolorosa.

Pese a las intervenciones de restauración efectuadas a lo largo del tiempo, se tiene constancia de que el interior estuvo completamente revestido y decorado con sencillas pinturas murales. Según describe María Teresa Sánchez Trujillano, los muros mostraban motivos vegetales y cruces delineados con escasa policromía, además de inscripciones pintadas en los pedestales de San José y de la Virgen, actualmente ilegibles debido a su deterioro, que probablemente contenían oraciones o textos devocionales relacionados con el ámbito funerario.

El santuco de Correpoco cuenta además con otra particularidad, ya que en la zapata derecha podemos ver un pequeño hueco que se comunica con otro en la parte interior de la construcción, donde se cierra con una piedra que ajusta perfectamente. Este era el sistema para recoger las limosnas.

Ruta de Correpoco a Llendemozó

Una buena opción, antes o después de contemplar el conjunto arquitectónico de Correpoco, es realizar una de las rutas más populares del valle: la Ruta de Correpoco a Llendemozó. Es una ruta de dificultad baja; lineal de 7,30 Km (ida más vuelta) y con un desnivel de 30 metros. Recorre parte del antiguo camino de Castilla (Ruta de los Foramontanos) desde Correpoco hasta el abandonado pueblo de Llendemozó. El camino nos conduce por el humilladero de Correpoco, atraviesa praderas, bosquetes, y nos permite una panorámica del valle del Saja. En Llendemozó encontraremos las ruinas de las casas y la ermita de San Antonio.